2021, el año que diremos adiós a las ventanas audiovisuales

Escuadrón Suicida

Warner Bros.

  • Si el 2020 fue el año de la disrupción, 2021 está llamado a convertirse en un período bisagra hacia una reconfiguración radical del sector.
  • El tiempo y, sobre todo, los resultados, permitirán calibrar cómo se produce el reajuste económico entre la ventana de theatrical y la digital, dado que el nuevo modelo agotará antes la vida comercial de los productos y reducirá sus márgenes.
  • Todo el romanticismo que ha rodeado el hábito de asistir al cine está a punto de quedar sometido a una dura prueba.
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La de Disney era la última pieza que quedaba para completar la fotografía de lo que será el futuro inmediato del cine. Si el 2020 fue el año de la disrupción, 2021 está llamado a convertirse en un período bisagra hacia una reconfiguración radical del sector, con varias prácticas (y no la práctica única, que hasta hace bien poco regía la industria) marcando la hoja de ruta. El audiovisual se prepara para una nueva normalidad en la que la heterogeneidad en la disciplina de estreno será la norma y la gran pantalla no formará siempre parte de la ecuación. La acogida de estas nuevas fórmulas y, sobre todo, el retorno económico de las mismas acabará bendiciendo (o condenando) ese nuevo escenario en el que el modelo de ventanas de exclusividad parece pasar a mejor vida. 

La trascendencia de este cambio es incontestable, ya que el modelo anterior ha regido las dinámicas de la industria durante décadas. El ciclo escalonado de las ventanas, basado en períodos exclusivos de explotación durante un tiempo determinado dentro de territorios específicos es lo que ha permitido estirar al máximo la recaudación en taquilla. El modelo permitía una explotación comercial constante de los distintos derechos de propiedad intelectual, limitando la competencia en cada ventana y conduciendo el consumo de manera pautada (es decir, cada ventana operaba sola ya que no ofrecían distintas posibilidades de acceso simultáneamente). 

En el pasado ha habido varios intentos de flexibilizar el sistema de ventanas de explotación. Los nuevos hábitos de consumo digital parecían reclamar un acortamiento de los plazos y, por extensión, una ampliación en las posibilidades de acceso. Estas iniciativas, no obstante, siempre se habían encontrado con la firme oposición de los exhibidores. Conscientes de que la suya era la ventana que encendía la chispa de los beneficios, especialmente en el caso de los blockbusters, reducir plazos o permitir la coexistencia con otro tipo de explotaciones se veía como una amenaza directa a sus ingresos.

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Lo que ha ocurrido es que, en el escenario actual, los cines han perdido la ventaja que les ofrecía gestionar la ventana más rentable. Ante las restricciones en los espacios compartidos y las escasas garantías de que los estrenos lleguen a los umbrales de antaño, la voz cantante ha pasado a manos de las majors. Y a estas la necesidad y los intereses propios (todas acaban de estrenar plataformas de suscripción) las ha animado a experimentar. De momento estos movimientos quedan circunscritos al mercado estadounidense. En territorios internacionales la disciplina de ventanas no se verá tan afectada, aunque es de esperar que la tendencia acabe por contagiarse al resto de territorios (una vez la implantación de plataformas sea generalizada y el mercado digital esté más maduro). Una importante cuota de los estrenos cinematográficos de 2021 en EEUU quedará adscrita a uno de estos tres modelos, que incluyen la exhibición en la ecuación pero con cambios importantes con respecto a la disciplina pre-COVID. 

  • El modelo Universal, basado en el acortamiento de la ventana de los cines a un mínimo de 17 días, plazo a partir del cual la película saltará la siguiente ventana (el Premium VOD). La compañía, no obstante, se reserva el derecho a alargar el plazo si considera que el recorrido en salas está siendo especialmente rentable. De momento dos cadenas de exhibición han aceptado el acuerdo (AMC y Cinemark) y no se descarta que lo hagan más en un futuro. 
  • El modelo Warner, basado en la eliminación de la ventana de exclusividad de theatrical para todos sus estrenos de 2021, que se podrán ver el mismo día en cines y en su plataforma de suscripción, HBOMax. La compañía asegura que se trata de una decisión provisional, fruto de las circunstancias excepcionales, pero resulta difícil creer que la reversión al modelo anterior se pueda producir de manera automática después de un año. 
  • El modelo Disney, el más diverso de todos, con tres líneas de actuación posibles, que se decidirán caso por caso. En primer lugar, el estreno directo en Disney+ sin pasar por cines y sin sobreprecio, como ya han hecho con estrenos como Artemis Fowl o Soul. En segundo lugar, el Premiere Access (modelo Mulán), que comporta un estreno con sobreprecio en exclusiva para clientes de la plataforma Disney+. Por último, el estreno en theatrical, que según Bob Chapek quedará circunscrito a aquellos títulos con garantías de ser un ‘revientataquillas’. No termina de quedar claro si, en este último caso y terminado el período de exclusividad, los títulos quedarán circunscritos a Disney+, renunciando así a la explotación en otras ventanas como el alquiler digital o las ventas a televisiones (cosa que parece bastante improbable). 

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La ventana digital no terminaba de encontrar su sitio. Ahora le han hecho un palco casi a medida, a costa de robarle espacio a los cines, que no han tenido más remedio que aceptar algo clave para su supervivencia. El tiempo y, sobre todo, los resultados, permitirán varias cosas. De un lado, calibrar cómo se produce el reajuste económico entre la ventana de theatrical y la digital, dado que el nuevo modelo agotará antes la vida comercial de los productos y reducirá sus márgenes. También permitirá constatar si se acabará notando en las cifras de inversión de las producciones cinematográficas, en caso de que tengan que ajustar a la baja sus números para encajar en esta nueva economía.

Y, sobre todo, sabremos si se generan beneficios reales derivados de las plataformas de suscripción, una vez los esfuerzos de marketing se centren en impulsar la captación de clientes a través de estos grandes estrenos y en conseguir que estén abonados anualmente a la plataforma. Siempre teniendo en mente que, desde que se desató la streaming wars, los beneficios empresariales ya no son siempre públicos ni se cuentan solo en dólares. También en clientes, datos y en engagement.

Todo el romanticismo que ha rodeado el hábito de asistir al cine está a punto de quedar sometido a una dura prueba. La batalla entre la magia de la experiencia y la comodidad del sofá promete ser muy dura

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