3 razones por las que probablemente no necesites una cuarta dosis de la vacuna contra el COVID-19 a corto plazo, según los expertos

Vacunación de una mujer joven contra el COVID-19.

Francine Orr / Los Angeles Times vía Getty Images

Tanto Pfizer como Moderna han pedido al gobierno estadounidense que dé el visto bueno a la cuarta dosis de sus vacunas desarrolladas contra el COVID-19, la enfermedad que provoca el nuevo coronavirus

El martes pasado, Pfizer anunció que había presentado una solicitud a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) del país "para la autorización de uso de emergencia (EUA) de una dosis adicional de refuerzo para adultos de 65 años o más".

La solicitud se realizó justo después de que el CEO de Pfizer, Albert Bourla, dijera a CBS durante el fin de semana que los estadounidenses deberían prepararse para recibir refuerzos anuales contra el COVID-19, como sucede con la gripe cada otoño

"En este momento, la protección que estamos obteniendo de una tercera dosis es lo suficientemente buena —en realidad bastante buena— contra las hospitalizaciones y las muertes", explicitaba Bourla, haciendo especial hincapié también en su preocupación por la limitada "duración de la protección".

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El jueves por la tarde, Moderna también anunció que había presentado una EUA a la FDA para la cuarta dosis de su candidata. Aunque su solicitud es aún más amplia que la de Pfizer. 

Según la biotecnológica, la EUA permitiría administrar la cuarta dosis a todos los adultos, dejando que los profesionales sanitarios "determinen el uso apropiado" de las inyecciones de refuerzo entre sus pacientes, sopesando factores como la edad y las comorbilidades.

Sin embargo, expertos independientes en enfermedades infecciosas, entre ellos algunos de los que asesoran a la FDA en materia de vacunas, han reconocido a Business Insider que la medida de administrar a la población general una cuarta dosis podría no ser la mejor estrategia

Estas son las 3 principales razones que han defendido los expertos relacionados con el proceso:

1. El virus ha cambiado, las vacunas no

Las vacunas que ofrecen ahora tanto Moderna como Pfizer siguen siendo las formulaciones originales, lo que significa que no están adaptadas a las variantes del coronavirus que están circulando, como ómicron y la subvariante de ómicron de rápida propagación, BA.2

Todas las vacunas que tenemos actualmente se desarrollaron a partir de un virus que se secuenció en Wuhan —donde se identificó al coronavirus por primera vez— en enero de 2020. En los más de 2 años transcurridos desde entonces, el virus ha avanzado, pero las vacunas no

"Personalmente, no creo que las compañías farmacéuticas deban hablar de refuerzos con las mismas vacunas que tenemos", señala a Business Insider el doctor James Hildreth, un destacado experto en enfermedades infecciosas que asesora a la FDA en materia de vacunas. 

"Preferiría que nos centráramos en examinar las secuencias que han surgido de las variantes con las que nos hemos enfrentado, e intentar hacer una vacuna que ofrezca protección contra ellas, en lugar de limitarse a dar a la gente una cuarta inyección". 

A Hildreth le preocupa que al seguir utilizando vacunas adaptadas a un virus de hace 2 años, puedan surgir nuevos problemas. 

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El refuerzo con una vacuna anticuada podría producir anticuerpos que tuvieran poco valor contra las cepas virales en circulación. O, a medida que el virus evoluciona, también existe la posibilidad de que aprenda a desarrollar una mayor resistencia a las vacunas. Unas inyecciones más frecuentes adaptadas a una versión más antigua del virus podrían acelerar ese proceso. 

"Odio tener que sacar esto a colación, pero hay pruebas de estudios en ratones de que las inmunizaciones repetidas, con intervalos demasiado cortos, pueden empezar a inducir tolerancia", advierte Hildreth. "Y eso es lo último que se quiere".

Sin embargo, un gran problema de la modificación de las vacunas existentes es que aún no está claro qué tipo de revisión se necesita para una vacuna de ARNm adaptada a una variante antes de que pueda administrarse. 

Además de los refuerzos específicos para variantes, varios grupos de investigación independientes y empresas farmacéuticas están trabajando en vacunas pancoronavirales que se dirigirían a diferentes cepas de coronavirus a la vez, con la esperanza de lograr una amplia protección inmunitaria contra futuros coronavirus que aún no están en circulación, además de los que ya se están propagando. 

Para esas vacunas contra los coronavirus aún faltan, en el mejor de los casos, algunos años. 

España, por ejemplo, estudia una vacuna esterilizante. Esta candidata evitaría que te contagiases con el virus y ayudaría a responder de una forma más eficaz al patógeno, porque contiene muchas más pistas sobre cómo es el coronavirus que las de ARNm de Moderna y Pfizer, según Isabel Sola, científica y codirectora del laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC).

2. No hay evidencias que demuestren que los refuerzos de la cuarta dosis son necesarios o muy útiles para la población general

Los datos que tenemos sobre los refuerzos hasta ahora sólo sugieren que las personas mayores y las que tienen enfermedades subyacentes, obtendrán buenos beneficios de las cuartas dosis. 

No hay grandes datos que demuestren que las vacunas de refuerzo adicionales beneficien a los sistemas inmunitarios más jóvenes sanos, cuando se trata de prevenir enfermedades graves. 

Un estudio reciente de los CDC sugirió que la eficacia de la vacuna contra los casos graves, incluyendo la ventilación mecánica y la muerte, durante el pico de la ola ómicron a principios de enero, fue del 88% con 2 vacunas y del 94% con 3, lo que sugiere que una dosis de refuerzo proporciona sólo una mejora marginal en la eficacia de la vacuna para la mayoría de las personas. 

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Otro estudio de los CDC demostró que más del 96% de las personas totalmente vacunadas que fueron hospitalizadas con COVID durante la ola de ómicron tenían afecciones previas, y lo mismo ocurrió en 9 de cada 10 de los adultos reforzados hospitalizados con ómicron. 

De facto, hasta los altos ejecutivos de Moderna están de acuerdo en que los programas de refuerzo adicionales, en este momento, deben centrarse en gran medida en los pacientes más vulnerables. 

El presidente de Moderna, Stephen Hoge, dijo a Business Insider la semana pasada que "para los enfermos de cáncer, el COVID puede ser realmente una enfermedad mortal, incluso después de la vacunación". Pero también dijo que los refuerzos adicionales no son estrictamente necesarios para la población general menor de 65 años, sin condiciones previas.

3. Las cuartas dosis sólo aportan beneficios marginales hasta ahora

Israel ya ha probado las cuartas dosis de las vacunas de Pfizer y Moderna en poblaciones jóvenes y sanas, y sólo ha obtenido resultados mediocres. 

Un estudio de más de 1.000 trabajadores sanitarios israelíes a los que se les administró la cuarta dosis 4 meses después de su refuerzo inicial, evidenció que no hay un impulso adicional del sistema inmunitario con una cuarta dosis, más allá de la protección lograda con 3 inyecciones

Aunque la cuarta dosis aumentó temporalmente los niveles de anticuerpos hasta donde estaban después de la tercera, sólo hubo un beneficio temporal "marginal" al dar otro pinchazo a poblaciones jóvenes y sanas.

"En este momento tenemos vacunas que sí protegen de la enfermedad grave", ha declarado a Business Insider el Dr. Barney Graham, uno de los coinventores de la vacuna del COVID-19 de Moderna en los Institutos Nacionales de Salud. 

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Además, insiste, las vacunas "funcionan más bien como esperábamos" en este momento y las infecciones leves por COVID-19 en personas jóvenes y sanas que han sido vacunadas no son necesariamente motivo de gran preocupación en el futuro.

"En realidad, esto forma parte de cómo funcionan las vacunas: protegen las vías respiratorias inferiores y las exposiciones a las vías respiratorias superiores que pueden llevar a una enfermedad muy leve (o no), refuerzan las respuestas y te mantienen inmune", explica.

Un estudio reciente con más de 422.000 residentes de Estados Unidos, que recibieron la tan denostada vacuna de una sola dosis de Johnson y Johnson, también ha sugerido que funciona bastante bien en la prevención de hospitalizaciones y muertes. Aunque el hallazgo fue ligeramente menos cierto entre los pacientes más vulnerables, y en los adultos mayores.

"Identifiquemos a los más vulnerables y susceptibles de padecer enfermedades graves, hospitalizaciones y posibles muertes, y asegurémonos de hacer todo lo posible para protegerlos", dice Hildreth. 

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Al experto le preocupa que el COVID-19 pueda extenderse rápidamente allí, al bajar las temperaturas, y que eso pueda dar lugar a una nueva variante preocupante que podría "escapar más completamente a todas las vacunas y los anticuerpos monoclonales actuales".

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"¿Podemos, por favor, vacunar al hemisferio sur antes de junio?", insiste. 

"Tenemos cosas que sí funcionan, al menos para proteger contra la enfermedad grave, y la pregunta es: ¿vamos a desplegarlas en el lugar donde más podría ayudar?".

"En general, la razón por la que hemos tenido que hacer frente a las variantes es porque no hemos inmunizado al mundo con la suficiente rapidez", concluye Graham. 

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