Ese malestar indescriptible que te acompaña desde hace casi 2 años se llama languidecer: 4 psicólogos explican cómo identificarlo y sobreponerse a la sensación de haber perdido la ilusión por todo

Ilustración de una mujer triste delante del ordenador.

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  • Un sentimiento de apatía, desazón y vacío se ha propagado sigilosamente de la mano de la pandemia de coronavirus en estos casi 2 años.
  • Ese estado emocional tiene nombre: languidecer, del término en inglés languishing.
  • Business Insider España ha hablado con 4 psicólogos sobre qué es y cómo sobreponerse a la sensación de vacío y de haber perdido la ilusión por todo.
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En el último año, en más de una ocasión, habrás intentando buscarle una explicación a la falta recurrente de concentración, a la sensación de apatía y desgana por lo que haces cada día o de sentirte estancado.

Es justo lo que tienes que hacer, señala en una conversación con Business Insider España Ana Sánchez-Anegón, terapeuta y coach, CEO de El Animal Emocional

"No te preocupes, pero ocúpate. Estás en un momento de transición —con cierto dolor emocional y con esa sensación de vacío— en el que tienes que preguntarte qué es lo que te motiva para afrontar cada día", dice.

Esa sintomatología describe un estado mental del que posiblemente nunca hayas escuchado hablar: la languidez o la sensación de languidecer —del término en inglés languishing—.

Se caracteriza por la sensación de vacío, de no tener rumbo, de estar estancado o en un proceso de duelo. Y suele ir acompañada de una falta de concentración y de una apatía generalizada

"Este tipo de defecto da la sensación de no vivir la vida con ilusión, sino con una mayor apatía, anhedonia y desmotivación", explica Mercedes Bermejo, miembro de la junta de gobierno del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid y fundadora y directora de Psicólogos Pozuelo.

"Es como ir conduciendo tu propio coche y, de repente, verte en el asiento trasero sin saber dónde vas, qué habrá en aquel lugar y con la duda de si tendrás las herramientas adecuadas para gestionar lo que va a ocurrir", añade Beatriz Escartín, psicóloga en TherapyChat.

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El término languidecer (languishing) fue acuñado por el psicólogo y sociólogo Corey Keyes en 2002 como el sentido opuesto a florecer (flourishing). De esta forma, Keyes describía la presencia y la ausencia del bienestar mental.

Pero aún no se ha reconocido como un trastorno mental, a pesar de tener ya asociada una sintomatología, aclara Bermejo.

"La languidez no está reconocida en la clasificación internacional de trastornos mentales ni por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) ni por la Asociación Europea. Aunque desde hace muchos años hay diferentes artículos académicos que avalan este fenómeno", señala la experta.

"Está asociado a un sentimiento de vacío. La persona no sufre una enfermedad mental, pero existe una ausencia de bienestar", explica Escartín. 

Sin embargo, a raíz de las secuelas que la pandemia ha dejado en la salud mental, la sensación de languidecer o marchitarse ha cobrado cada vez más protagonismo

"De repente, ves la vida a través de unas gafas muy pequeñas y empañadas donde los días pasan sin ninguna relevancia. La desmotivación, el aburrimiento, la sensación de estancamiento vital y el agotamiento se vuelven compañeros inseparables", describe la psicóloga de TherapyChat.

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"Todas las restricciones que hemos ido viviendo, añadidas al miedo al contagio, la pérdida de seres queridos y toda la situación socioeconómica, han llevado a un estado emocional de mayor desazón, cansancio e incluso aislamiento social", describe Bermejo. 

Rafel San Román, psicólogo de la plataforma de bienestar emocional ifeel, explica que es normal que todas estas situaciones afloren tras los diferentes ritmos a los que nos ha obligado la pandemia. 

"Esta desmotivación es fruto de varios factores. Por ejemplo, de comprobar que las soluciones para la pandemia han ido apareciendo más lentamente de lo deseado o que no acabamos de volver a una vida completamente normal", describe. 

La languidez se encuentra en el punto medio entre la ausencia y la presencia del bienestar emocional: así puedes identificarla y sobreponerte a la sensación de haber perdido la ilusión por todo

Ilustración de una mujer pensando.

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A pesar de compartir cierta sintomatología con problemas de la salud mental como la depresión, la languidez no te impide sobrellevar tus tareas diarias ni te aleja de tu entorno social. 

"Cuando se habla de un trastorno del estado de ánimo por depresión, tiene que cubrir ciertos criterios diagnósticos: que el estado emocional dure más de 6 meses, se dejen de realizar actividades, disminuyan las relaciones sociales y, sobre todo, que la vida se vea paralizada por esa sensación", aclara Bermejo. 

Además, añade San Román, también hay que tener en cuenta que esta sensación no afecta a todos por igual y puede ir y venir. 

"No siempre nos instalamos ahí indefinidamente", aclara. 

"Pero, cuando una persona tiene facilidad para languidecer, desinflarse, desmotivarse o tener poca energía, es que tiene un carácter más melancólico y tiene más probabilidades de tener síntomas depresivos".

En esta misma línea, Escartín reconoce que podría condicionar la vida de la persona que lo sufre.

"Es normal bajo este estado emocional empezar a dejar de hacer cosas que antes eran una fuente de bienestar y motivación. Al alejarse de ellas, las gafas cada vez pueden ser más pequeñas, lo que dificulta poder ver dónde está la solución". 

En 2021, ha aumentado la sensación de no vivir la vida con la motivación de otros ciclos vitales: la incertidumbre está siendo el sentimiento predominante

La pandemia ha traído consigo muchos problemas para la salud mental, sobre todo para aquellas personas que se han visto directamente afectadas por el COVID-19. 

Ni siquiera con un alto porcentaje de vacunación (más del 87% de la población diana) y una incidencia por debajo del riesgo mínimo de propagación, la gente tiene esperanzas de que esto acabe pronto. La comunidad científica tampoco. 

El coronavirus se convertirá en uno más de los que provocan el resfriado común y acabaremos conviviendo con él —actualizando las medidas necesarias para ello, como se hace cada año con las vacunas de la gripe—.

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"La salud mental ha sido la gran olvidada de esta pandemia. Sobre todo porque no se han tomado medidas para la salud mental de la población, empezando por los niños que no han podido salir, seguido por los adolescentes y por los adultos que no han podido socializar o que han visto todo cambiado de la noche a la mañana", ejemplifica Sánchez-Anegón.

Escartín destaca que, aunque ya nadie duda de la importancia de la salud mental, nos seguimos dando cuenta tarde de que algo no va bien. 

"Es el motor de nuestro coche. Muchas veces, hasta que este motor no se rompe, no nos damos cuenta de que su cuidado tiene que ser diario", advierte.

"Antes de la pandemia, todos teníamos planes a corto, medio o a largo plazo: un concierto, unas vacaciones, la compra de un piso, la posibilidad de cambiar de trabajo... De repente, todo se detuvo y todas esas pequeñas "certezas" desaparecieron. Así que, posiblemente, la incertidumbre está siendo uno de los sentimientos predominantes en la pandemia, junto al miedo, la angustia o la tristeza".

Mujer sin energía sentada en una silla.

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"Este 2021 sí que he notado un incremento de este tipo de síntomas como consecuencia de las situaciones estresantes que hemos estado viviendo y por la desmotivación. Crece cada vez más la sensación de no vivir con la motivación que se ha podido tener en otros momentos del ciclo vital de una persona", cuenta Bermejo.

Además, añade, se empieza a ver aún más con los efectos pospandemia

"Tenemos un cansancio constante como consecuencia del momento actual que vivimos, de la pospandemia y de toda la época de estrés e incertidumbre que hemos estado sufriendo como sociedad", advierte. 

"Es totalmente normal que en estas circunstancias, donde aún convivimos con la pandemia, una vez superado el miedo inicial que nos mantenía en alerta para protegernos del peligro que suponía, suframos un fuerte desgaste que puede ocasionar diferentes dificultades", coincide Escartín.

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Para contrarrestar esta percepción de lo que hemos vivido, señala la experta, como sociedad deberíamos esperanzarnos con los buenos datos que vamos alcanzando: la eficacia de las vacunas, la relajación de las restricciones y lo que parece cierta normalidad. 

"Sí, es un momento de cambio, pero es un momento de celebración de alguna manera. Hay que buscar las estrategias, los recursos personales, incluso a través de la red de apoyo social, para recuperar ese optimismo y alejarnos de la sensación de languidecer. No es un trastorno mental pero, si perdura en el tiempo, podría derivar en un problema", advierte.

Todos los expertos en salud mental coinciden en la solución: es una oportunidad para descubrir qué quieres y darle sentido a las cosas que haces cada día

"La incertidumbre sostenida en el tiempo puede producir un fuerte desgaste a nivel emocional con consecuencias en nuestra capacidad de concentrarnos, de tomar decisiones, de gestionar situaciones de estrés... Pero, por otro lado, también nos permite descubrirnos y, desde ese lugar, construir una forma más sana de relacionarnos con nosotros mismos y con el mundo", destaca Escartín.

Bermejo recomienda buscar aquellas cosas que nos motiven y que nos ilusione en todo aquello que no hemos podido hacer durante la pandemia. 

"Que se empiecen a vivir las cosas como una oportunidad, como un cambio", insiste.

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En ello coincide la CEO de El Animal Emocional, explicando que muchos de estos síntomas de malestar emocional e incluso físico —como la fatiga, por ejemplo— son avisos para que cambies.

"Tu cuerpo es muy sabio y se apoya también en las emociones para decirte que algo va mal. Para estos procesos de languidecer o de travesía por el desierto, lo importante es darnos cuenta de que tenemos que identificar qué es y trabajar en ello, en uno mismo", conseja la terapeuta. 

Entre las cosas que podrías hacer para sobreponerte al sentimiento de vacío existencial están:

  1. Ser consciente todos los días de cómo te sientes, para lo que podrías emplear un diario emocional.
  2. Conectar tus decisiones y acciones con tus valores e intereses.
  3. Validar tus sentimientos y normalizar las emociones que sientes en tiempos de incertidumbre.
  4. Retomar actividades que antes generaban bienestar.
  5. Fortalecer y crear nuevos vínculos con otras personas.

"Tener una rutina de cuidado emocional nos permite estar conectados con nuestras emociones, pensamientos y acciones. Nos conecta con nuestro cuerpo y con el mundo en el que vivimos y abre un espacio de autorreflexión indispensable para alcanzar una buena salud mental", concluye Escartín.

Si la situación se mantiene en el tiempo es fundamental acudir a un profesional que pueda valorar la situación y ofrecer herramientas adecuadas para mejorar cada día. 

El bienestar emocional es imprescindible para tener salud.

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