El estrés puede ser un buen aliado si aprendes a manejarlo correctamente: así es como puedes potenciarlo, según la visión de varios expertos

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  • Pese a su fama negativa, el estrés tiene un propósito fisiológico que puede ayudarte a resolver problemas importantes y aprender a partir de la experiencia.
  • Cuando te familiarizas con tu estrés puedes explotarlo y utilizarlo como un impulso, no como una debilidad. 
  • A continuación puedes leer 4 consejos que te ayudarán a identificarlo y optimizarlo.
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El estrés, lejos de tener una única connotación y que esta sea negativa, puede ayudarte a resolver problemas de una manera más eficaz que si afrontaras la tarea de manera pasiva. 

En McKinsey Quarterly, Jan Ascher y Fleur Tonies, ambos especializados en gestión de equipo y liderazgo transformacional, han hecho una distinción entre el estrés residual y el estrés óptimo.

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En su forma más natural, el estrés tiene un propósito fisiológico que puede ayudarte a resolver problemas importantes y aprender a partir de la experiencia. En lugar de tratar de eliminar o controlar el estrés, se debe tratar de comprenderlo y optimizarlo. Y sobre todo entender que nadie está exento de sentirlo. 

A continuación puedes leer 4 pasos para conocer qué tipo de estrés estás sintiendo y cómo canalizarlo.

1. Entiende qué es el estrés y no le temas 

Aquí hay un hecho médico: no hay nada intrínsecamente negativo en el lado fisiológico del estrés

"Es una descarga hormonal de adrenalina y cortisol provocada por nuestro sistema nervioso simpático que nos da un impulso de energía física y concentración mental para enfrentar una amenaza real o percibida".

Lo normal es que tras superar la situación de estrés se vuelva a la calma, pero a veces, cuando no se consigue, puede provocar estrés crónico, que se asocia con cambios de humor, reducción de la empatía y el control de los impulsos, y un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, accidente cerebrovascular y otras dolencias.

2. Localiza y describe tu estrés 

No todas las personas son iguales, ni les produce estrés la misma situación ni encontraran maneras iguales de reducirlo. Por eso, es importante que analices en qué situaciones experimentas un nivel más alto de nerviosismo y por qué. 

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Para identificarlo en McKinsey Quarterly, proponen que respondas a estas preguntas: 

  1. En una semana normal, ¿con qué frecuencia te sientes descansado? ¿Con qué frecuencia durante la jornada laboral buscas momentos de recuperación en lugar de "seguir adelante"?
  2. En una semana normal, ¿con qué frecuencia se siente completamente absorto en tu trabajo? ¿Cuánto duran estos períodos? ¿A qué hora del día o de la noche ocurren?
  3. Piensa en un momento reciente en el que te sorprendiste por algo estresante en el trabajo. ¿Cómo reaccionaste? ¿De qué manera te centraste en los recursos para ayudar a controlar el estrés? ¿Cómo afrontaste la tarea? ¿Qué harías diferente la próxima vez?
  4. ¿Cuáles son las mayores fuentes de estrés en tu vida? ¿En qué circunstancias surge el estrés de un aspecto de tu vida y se ve reflejado en otro?
  5. ¿Cómo manejas el estrés? ¿Sus mecanismos de afrontamiento agotan tu energía o la restauran? ¿Te ayudan a crear conciencia sobre tu estrés o lo reducen?
  6. ¿Con qué frecuencia reconoces tu estrés en el momento, lo reconoces después o lo ves reflejado en las reacciones de los demás?
  7. ¿Cuántas señales de advertencia de estrés crónico has experimentado esta semana? 

Localizar y describir su estrés es un proceso de descubrimiento, y cuanto más aprendas, mejor podrás aprovechar este conocimiento en tu beneficio para manejarlo de manera óptima.

3. Crea un espacio para el compromiso y el enfoque 

Una vez analices de dónde viene y qué es lo que mejor te viene a ti para calmar ese sentimiento de estrés, el siguiente paso será diminuirlo. 

Muchas personas se sienten sobrecargadas de trabajo, estresadas y agotadas, lo que hace que la concentración sea difícil de mantener. En la mayoría de los casos, una persona que se considera como  “multitarea” cree que está haciendo lo correcto, que es positivo, "que puede con todo", pero en cambio lo único que están creando son las condiciones perfectas para tener una sobrecarga cognitiva.

Considera estos 3 puntos a la hora de ponerte a trabajar:

  • Bloquea tiempo para una concentración profunda. Reserva de una a 3 horas al día para concentrarte durante ese periodo de tiempo al máximo en una tarea. Apaga las notificaciones de correos electrónicos y chats y guarda tu teléfono en un cajón para que puedas trabajar concentrado.
  • Reduce las distracciones. Ya no solo cuando estés haciendo el paso anterior durante una tarea de concentración profunda, también debes ponerte el camino fácil durante toda tu jornada laboral. Pon el móvil en silencio o silencia grupos que no sean importantes y sepas que te distraen. 
  • Tómate un descanso. Tanto entre diferentes tareas como durante. Por ejemplo, si lo necesitas, durante una reunión larga puedes apagar tu cámara durante un tiempo y limitarte a escuchar sin recibir más información no verbal y mostrarte activo e interesado ante la cámara.

4. Aprende compaginar compromiso y recuperación 

El tiempo inmediatamente después de que pase el estrés es interesante para reflexionar y considerar nuevos comportamientos. Pero también, estos momentos que te permites entre el trabajo constante y un descanso, pueden marcar la productividad con la que afrontes una nueva tarea. 

Aquí van 3 ejemplos de acciones que puedes adoptar:

  • Ir andando al trabajo. Si por la pandemia no puedes hacerlo, considere simular ese viaje matutino con una caminata corta para ejercitar tu cuerpo y preparar tu mente por la mañana. Incluso cuando termines de trabajar, baja de casa, desconecta pide un café para llevar o compra unas frutas. Lo que necesites y te recuerde a esos momentos en los que tu cuerpo se preparaba para la desconexión. 
  • Cíñete a un horario de trabajo. Incluso si puedes estirar tus horas de trabajo, no hagas que esa sea la regla. Configurar una alarma puede ayudar, incluso puedes reunirte con un amigo de manera virtual después del trabajo para marcar el final del día laboral. 
  • Implementa un ritual al final del día. Si tienes una oficina en casa, déjala y cierra la puerta cuando termines de trabajar. Dibuja una línea clara entre trabajar y no trabajar. 

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