Con la subida del IPC, el alquiler también amenaza con dispararse: 5 consejos para evitar que el casero te suba la mensualidad

Sube el alquiler

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Vienen curvas. La subida del IPC ha marcado este mes de febrero un encarecimiento de la vida de un 7,6% con respecto al mismo mes de 2021, siendo la tasa más alta desde 1986.

Aunque, como ha explicado Business Insider España, la inflación subyacente, que excluye del cálculo los alimentos elaborados y los productos energéticos, se queda en el 3%, lo que revela que el aumento del coste de la vida no se ha contagiado todavía al resto de la economía, muchos se han echado la mano al bolsillo esperando un repunte del precio de la vivienda.

Al fin y al cabo, el IPC es el índice de referencia en muchos contratos de alquiler para estimar ajustes en la mensualidad.

A la amenaza del IPC se suma otro factor: la dinámica del mercado. Aunque, como indica el portal Idealista, el aumento del precio del alquiler ha bajado un 0,3% desde diciembre a nivel nacional, la tendencia invita poco al optimismo.

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En concreto, desde enero de 2021 el precio del alquiler en España ha subido un 2,1%. Es la culminación de un progresivo aumento que se ha ido dando poco a poco: este pasado mes de octubre, por ejemplo, el precio ya se había ido por encima del 0,5% respecto a enero.

La situación es peor en lugares especialmente masificados. En la Comunidad de Madrid, según estos mismos datos, el precio del alquiler ha subido un 3,5% en el último año. Este incremento se reparte en un 1,7% en el último trimestre y un 1% en el último mes.

Ante esto, el margen de maniobra es escaso, advierten los expertos en el mercado inmobiliario. 

Lo es porque si el IPC es el índice de referencia para el precio del alquiler y este figura en el contrato como tal: si el índice sube y el arrendador decide incrementar el alquiler con arreglo al IPC, hay poco que hacer desde el punto de vista legal.

Sí es verdad, por otro lado, que el sistema ofrece alguna que otra oportunidad de negociar.

Una buena relación entre inquilinos y propietarios, apunta María Matos, directora de Estudios y portavoz de Fotocasa, puede ayudar a mantener plano el alquiler.

Al fin y al cabo, que exista una relación positiva, transparente y fluida entre arrendadores y arrendatarios no es frecuente.

Da buena muestra de ello la ingente cantidad de blogs y publicaciones de portales de anuncios de viviendas que abordan cuestiones como qué hacer en caso de que los caseros no cumplan sus obligaciones contractuales y cómo gestionar, por otra parte, a arrendatarios díscolos.

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Y esto, sin entrar en la okupación, un fenómeno del que no existen cifras oficiales actualizadas en España y que, aunque se da principalmente en casos en que el tenedor de la vivienda es un banco, es siempre un nubarrón que se cierne en el horizonte del vínculo entre uno y otro.

Con esto en mente, no faltan caseros que, ante la idea de dar con un inquilino difícil, hacen todo lo posible por conservar a quienes demuestran que cuidan bien su casa.

Siguiendo este hilo argumental, la conclusión a la que llegan muchos es que no hay mayor muestra de buena voluntad que mantener el precio del alquiler aunque el IPC suba. Así, uno y otro ganan.

¿Cómo llegar a este punto? Estos son, según la experta en mercado inmobiliario María Matos, los 5 consejos que debes seguir:

1. Sé un buen pagador

Los anglosajones tienen un interesante refrán sobre el dinero: "Put your money where your mouth is", que se podría traducir literalmente como "Pon tu dinero en lo que dices". 

En realidad, se trata de una frase hecha con la que se suele invitar al interlocutor a que se comprometa de verdad con eso que dice.

Aunque metafórica, la expresión admite lecturas más literales. Por ejemplo, se le puede decir a un concejal que habla de la importancia de la educación para reclamarle que invierta más en colegios e institutos.

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El dinero significa, entre otras muchas cosas, compromiso. No sirve de nada tratar de cultivar una buena relación con el casero si, llegado el momento de la verdad, es decir, llegado el momento de poner el dinero donde está nuestro discurso, nos retrasamos en el pago o dejamos meses sin pagar

"Pagar a tiempo es una manera de transmitir seguridad al propietario. Es un aspecto que nos puede servir para negociar más adelante", explica Matos.

2. Sella la paz con tus vecinos

Solo hay algo capaz de perturbar la paz de un casero más que el retraso en los pagos del alquiler: las llamadas de los vecinos.

Si queremos ganarnos la confianza del arrendador y convencerle de que su casa no va a estar en mejores manos que en las nuestras, debemos considerar, como sucede en las relaciones de pareja, que no solo se trata de él o de ella, sino de la familia, es decir, los vecinos.

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Ser regulares en los pagos y mantener una relación transparente y fluida servirá de poco si cada fin de semana el casero recibe llamadas de vecinos quejándose de ruidos o comportamientos molestos. 

"Integrarnos en la comunidad, ser respetuosos y mantener una relación amable son cuestiones que producen tranquilidad al propietario", ahonda Matos.

3. Cuida la casa como si fuese tuya

Existe una preocupación generalizada entre todo aquel que se plantea alquilar su vivienda: ¿cómo quedará después de unos años en manos ajenas?

Muchos temen que los inquilinos, ante la idea de que el hogar que habitan no es en realidad suyo, puedan mostrar cierta dejación en cuestiones como la limpieza o el cuidado del mobiliario y los electrodomésticos.

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Por ello, una buena opción si queremos que el casero sea generoso con nosotros es cuidar su vivienda como si fuera nuestra.

Solo así, llegado el momento de la subida del alquiler, es posible que el casero se lo piense 2 veces. 

"Si demostramos que estamos comprometidos y que somos responsables con la conservación del piso,  estamos aportando un plus muy interesante para el casero", comenta Matos.

4. Anímate a hacerle al piso alguna mejora

Sí, es verdad, el piso es de quien lo pone en alquiler y, por contrato, cualquier modificación sustancial que se vaya a hacer en el mismo le corresponde al dueño de la casa.

No es función del inquilino hacer una reforma integral. Sin embargo, las posibilidades de que el casero se apiade de nosotros a la hora de subir el alquiler aumentarán si el inquilino se ha mostrado antes generoso.

Basta con pequeños detalles y ni siquiera hace falta gastar dinero: arreglar esa puerta que no abre del todo bien, darle un repaso a esa persiana que lleva años rota, hallar solución a ese baño que se atasca con facilidad... 

No solo mejorarás tu calidad de vida, sino que lo podrás sacar a colación a la hora de abordar la revisión anual de la mensualidad.

5. Comprueba el contrato

No es el truco más elegante, pero puede ser el más efectivo. Si todos lo anterior fallan y la diplomacia fracasa, puede ser momento de acudir al contrato.

Aunque hoy en día la mayoría de los arrendadores se deja asesorar por expertos del mercado inmobiliario, aún hay quien prefiere hacer las cosas a su manera y firma con los inquilinos un contrato tipo bajado de Internet.

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Muchos son contratos que constituyen ejemplos que están pensados para que quien los firma pueda añadir o quitar tantas cláusulas como estime oportuno.

El resultado de esto es que el tuyo no sería el primer ni el último contrato que carece de cláusulas que aluden a ajustes de mensualidad. En algunos, puede que hasta ni se mencione el IPC.

Agotado el contrato, el arrendador tendrá derecho de volver a poner su piso en alquiler al precio al que considere. Sin embargo, la ausencia de esta cláusula puede ser un argumento irrebatible para evitar la subida al menos durante unos meses.

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