6 argumentos para responder cuando alguien pregunta por qué no podemos optar por la inmunidad colectiva y terminar con la pandemia

Gente disfrutando el tiempo soleado en un parque de Estocolmo el pasado mes de mayo.
Gente disfrutando el tiempo soleado en un parque de Estocolmo el pasado mes de mayo.

HENRIK MONTGOMERY/TT News Agency/AFP via Getty Images

  • La inmunidad colectiva no es una estrategia viable para luchar contra la pandemia del coronavirus. 
  • El desconocimiento aún sobre el virus, los efectos secundarios del mismo o que no funcione son algunas de las razones.
  • Según las predicciones, si se eligiese este método se alcanzarían 640.000 muertes adicionales por COVID-19 en Estados Unidos en febrero de 2023.
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Es tentador pensar que la inmunidad colectiva podría poner fin a la pandemia del coronavirus. Si se lograse, el virus ya no se propagaría y podríamos volver a la vida normal como la conocíamos antes. 

Sin embargo, la inmunidad colectiva es difícil de lograr, ya que solo se puede alcanzar de dos maneras: o enfermando a muchas personas o administrando a muchas personas una vacuna segura y eficaz. El objetivo es el mismo: conseguir que una gran mayoría de la población sea resistente a la infección.

El consenso entre los epidemiólogos es que perseguir dicha inmunidad sin una vacuna no funcionaría, se arriesgarían a demasiadas muertes innecesarias. 

Aún así, este concepto se ha convertido en un tema de conversación en los hogares, en las redes sociales, en la televisión... donde todo el mundo se hace la misma pregunta: ¿por qué no intentarlo? Este tipo de debates cobraron fuerza el mes pasado cuando la Casa Blanca apoyó The Great Barrington Declaration, un documento redactado por un grupo de expertos que sugiere que la mayoría de la gente debería optar por intentar la inmunidad colectiva, fomentando las infecciones entre la población joven y sana en todo el mundo. 

"Para las personas que tienen menos de, digamos, 60 o 50 años, los daños del encierro son, mental y físicamente, peores", explicó el doctor Jay Bhattacharya, uno de los autores de la declaración durante un debate. 

Frente a él se encontraba el epidemiólogo de Harvard, Marc Lipsitch, uno de los miles de expertos líderes que firmaron una refutación sobre la declaración, que señaló por qué este concepto es peligroso. 

"Creo que es una gran idea buscar soluciones creativas, pero nadie responsable abandonaría lo que sabemos que funciona, que es controlar la propagación viral", dijo. 

Este debate concluyó con 6 razones por las que lograr la inmunidad de grupo natural, sin recurrir a la vacuna, no funcionará. 

Uno: Nadie cree que sea una buena idea que todo el mundo se infecte, pero que el objetivo sean los jóvenes es casi imposible

Gente en un bar de Wisconsin tras la reapertura.
Gente en un bar de Wisconsin tras la reapertura.

William Glasheen/USA TODAY NETWORK via REUTERS

Es difícil encontrar a un experto en salud pública serio que piense que la inmunidad de grupo natural funcionará.

Los líderes de Suecia dieron marcha atrás recientemente en un intento de estas características porque acabó con la vida de muchas personas residentes en hogares de ancianos. 

Bhattacharya nombró a Suecia como un buen ejemplo en la inmunidad colectiva, pero cuando se le presionó, admitió que permitir que cualquier persona se enferme para aumentar la resistencia a las enfermedades no es una buena idea. 

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Incluso el enfoque de Suecia no siguió lo que sugiere la Declaración, "protección focalizada" para los vulnerables e infección focalizada para los jóvenes y sanos. 

El doctor pidió a los oyentes ideas sobre cómo lograr este enfoque y agregó algunas ideas como usar pruebas rápidas en asilos o el aislamiento de los casos. 

El problema es que esas ideas ya se están probando a lo largo de EEUU con un éxito desigual. Nevada ha descubierto que el nuevo protocolo federal de pruebas rápidas estadounidense en los hogares de ancianos es tan poco fiable que el estado intentó prohibirlos el pasado mes. 

#2: El COVID-19 tiene tantos efectos secundarios a largo plazo que impactarán en las vidas y el sistema de salud durante años

Un ejemplo de los pies después de pasar el COVID-19.
Un ejemplo de los pies después de pasar el COVID-19.

Dr. Lindy Fox

El segundo problema con esta idea es que en realidad no se sabe a quién se debe proteger. 

"Para las poblaciones más jóvenes y las personas que corren menos riesgo, el COVID-19 es menos peligroso que el confinamiento", dijo Bhattacharya y reiteró que tales cierres dañan la salud psicológica, mental y física de las personas.

Sin embargo, el virus no solo mala personas, sino que también tiene efectos devastadores a largo plazo en muchos de sus supervivientes que incluyen confusión mental, pérdida de pelo, dedos de los pies hinchados, erupciones, pérdida de olfato...

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han explicado que casi la mitad (45,4%) de la población adulta estadounidense está en riesgo de complicaciones por COVID-19, incluida la muerte, "debido a enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedades respiratorias, hipertensión o cáncer". 

#3: En realidad no sabemos a quién mata el COVID-19 y por qué

Funeral ortodoxo tras COVID-19
Funeral ortodoxo tras COVID-19

Peter Gerber via AP

El argumento a favor de la "protección focalizada" también ignora la realidad de que el coronavirus ha matado a personas de todas las edades, razas y sexos en todas las comunidades y por todo el planeta.

En Estados Unidos, más de 45.500 personas menores de 65 años han muerto de COVID-19 hasta la fecha, según datos de CDC. 

Es imposible saber, antes de que nadie se infecte, cuál es su verdadero riesgo. Han muerto niños pequeños, estudiantes universitarios y otras personas que no tenían necesariamente patologías previas. 

Los científicos aún están estudiando el virus para comprender mejor cómo funciona, pero un hilo unificador entre los casos graves puede ser cuántos receptores ACE-2 tenemos. 

#4: El confinamiento salva vidas

Un trabajador de la salud inyecta a un paciente con la vacuna Pfizer-BioNTech en Turquía, octubre.
Un trabajador de la salud inyecta a un paciente con la vacuna Pfizer-BioNTech en Turquía, octubre.

Dogukan Keskinkilic/Anadolu Agency via Getty Images

El confinamiento, a pesar de que es una medida extrema de lucha contra las enfermedades, ha salvado decenas de miles de vidas en todo el mundo. 

Sin embargo, es cierto que tiene consecuencias adversas. 

Mucha gente ha perdido su trabajo, ha cerrado sus negocios, ha faltado a citas médicas, han experimentado más soledad y han comenzado a beber alcohol. El abuso doméstico, el infantil, el consumo de sustancias y las ideas suicidas han aumentado en los últimos meses en Estados Unidos. 

A pesar de esto, estas medidas han ganado un tiempo imprescindible para salvar vidas, desarrollar vacunas, medicamentos y tratamientos de pacientes. 

Bhattacharya también argumentó que los confinamientos son el "mayor generador de desigualdad desde la segregación".

Este argumento es profundamente engañoso, ya que la desigualdad racial no ha sido generada por la pandemia sino desenmascarada. 

#5: Terminar con el virus es posible y no implica matar personas

Distancia social en un restaurante
Distancia social en un restaurante

REUTERS/Guglielmo Mangiapane REFILE - CORRECTING NAME

Bhattacharya y otros partidarios de la inmunidad colectiva a menudo hablan sobre una dicotomía que incluye el confinamiento o la vida normal, sin tener en cuanto la lucha contra el virus en un punto medio.

Este enfoque no tiene en cuenta hasta qué punto las medidas de distanciamiento, evitar multitudes o usar la mascarilla pueden ayudar a ralentizar la transmisión viral. 

Países como Australia, Nueva Zelanda y China ya han logrado el objetivo casi imposible de COVID ceroy en gran parte han vuelto a la normalidad tras el confinamiento. Taiwán incluso lo ha hecho sin confinar en absoluto, sino implantando estrictas medidas de detección y vigilancia, aislamiento y cuarentena. 

#6: La inmunidad colectiva probablemente no funcionará para este tipo de pandemia 

Hospital en Estados Unidos
Hospital en Estados Unidos

ANGELA WEISS/AFP via Getty Images

Estados Unidos, como casi cualquier otro país, tiene aún un largo camino por recorrer para alcanzar algunos de los umbrales de la inmunidad colectiva más bajos, que requieren que el 50% o más de la población esté expuesta y, así, sea inmune. En el mejor de los casos, entre un 10% y un 20 % de personas en todo el país han sido expuestas. 

Pero incluso si todo el mundo se expusiese al virus, la inmunidad colectiva probablemente no funcionaría. Esto se debe a la forma en la que esta medida contra todos los tipos de coronavirus disminuye con el tiempo. La inmunidad a este virus a través de una infección previa no es definitiva ni duradera. 

Por ello, los científicos serios están de acuerdo en que es mejor esperar a una vacuna y desarrollar nuestra inmunidad colectiva contra el virus de forma simultánea. 

Una previsión sugiere que intentar la inmunidad colectiva en Estados Unidos tendría como resultado 640.000 muertes en febrero de 2023.

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