Los 6 grandes desafíos que afronta Europa en sus relaciones con Estados Unidos con Joe Biden en la Casa Blanca

Joe Biden, presidente electo de Estados Unidos, en la noche de su discurso de victoria

Andrew Harnik/Pool vía REUTERS

  • Regular las tecnológicas, rebajar los aranceles, recuperar a EEUU para los acuerdos por el clima o rebajar la tensión con China: algunos desafíos para las relaciones entre Europa y Biden.
  • El nuevo presidente electo de EEUU invita a imaginar unas nuevas relaciones entre la potencia norteamericana y el Viejo Continente, aunque no se da por seguro que estas varíen mucho.
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Tras un agónico recuento, Joe Biden ya se ha proclamado ganador de las elecciones estadounidenses del pasado martes 3 de noviembre. El candidato demócrata ya puede contar los días hasta que en enero pase a ocupar el Despacho Oval en la Casa Blanca.

Estos agitados 4 años de legislatura bajo el mandato de Donald Trump han tensado, en muchos sentidos, las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y la Unión Europea. Sin embargo, la salida del magnate de la presidencia de EEUU no implica que las negociaciones entre ambas potencias den un giro radical.

Será más bien gradual, como asumen personalidades como el propio Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, el español Josep Borrell. El propio Borrell, en una entrevista concedida este mismo lunes en la Cadena Ser, reconocía que las relaciones ahora serán más fructíferas y "más positivas", aunque con algún que otro pero.

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Estos son los desafíos de la Unión Europea que tendrá que afrontar ahora que se abre un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales con los Estados Unidos de Joe Biden.

Aranceles y guerras comerciales

Si algo ha caracterizado el mandato de Trump ha sido un enorme celo con las economías extranjeras. Tanto es así, que buena parte de la política exterior de EEUU durante los últimos años se han basado en amenazas de nuevos aranceles.

Quizá el ejemplo más paradigmático ha sido la intensa guerra comercial que EEUU y China libraron en los últimos años. En marzo de 2018, Donald Trump decidió subir los aranceles a las importaciones chinas de acero y aluminio. China respondió con un aumento de los impuestos a 128 productos estadounidenses. Ahí empezó todo.

Mientras el conflicto escalaba, Europa también se vio golpeada. En octubre de 2019, EEUU anunció una subida de aranceles a productos europeos como respuesta a las ayudas de la UE a Airbus. Aunque no es una causa directa de esta guerra comercial, sí que estaba relacionado con la tensión comercial de los últimos meses. El vino, el aceite o las aceitunas fueron algunos de los productos españoles más afectados.

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Este verano, la Oficina del Representante Comercial de EEUU anunció que mantenía estos aranceles.

Aunque un cambio de color político en la Casa Blanca abre la puerta a pensar en una desescalada de esta guerra proteccionista, el Alto Representante de la UE, Josep Borrell, no lo tiene tan claro. En una entrevista en la Cadena Ser este lunes recordaba que "el Partido Demócrata también tiene un ramalazo proteccionista nada desdeñable".

Por lo pronto, la Unión Europea ha confirmado este lunes que impondrá aranceles a la importación al bloque de una serie de productos de Estados Unidos como compensación por las subvenciones que Washington concedió la compañía del sector aeronáutico Boeing, declaradas ilegales por la Organización Mundial de Comercio (OMC).

El vicepresidente de la Comisión Europea responsable de Comercio, Valdis Dombrovskis, ha confirmado que Bruselas ya ha tenido los primeros contactos "informales" con el equipo de Biden, con quien espera avanzar en una agenda comercial "positiva", pero de momento a partir de este martes entrarán en vigor los nuevos aranceles.

La cuestión China

Xi Jinping, presidente de la República Popular China, y Donald Trump, presidente de Estados Unidos.
Xi Jinping, presidente de la República Popular China, y Donald Trump, presidente de Estados Unidos.
REUTERS/Damir Sagolj

Fruto de esta tensión que han protagonizado Estados Unidos y China, la Administración Trump también ha quemado puentes con la potencia asiática. Huawei vio cómo su acuerdo con Google para usar sus servicios y su sistema operativo se iban por la borda, obligada a desarrollar un SO propio para sus terminales móviles. También ha perdido muchísimos contratos para instalar la infraestructura para las redes 5G en varios países a raíz de las constantes acusaciones de Trump contra la compañía.

Huawei no ha sido la única firma china que se ha visto afectada por Trump. ByteDance, propietaria de TikTok, también protagonizó un culebrón este verano por la cual el presidente de EEUU advirtió que daba hasta el 15 de septiembre de margen para que una compañía estadounidense fuese la responsable de explotar el negocio de esta popular red social en territorio norteamericano.

No está del todo claro si la llegada de Biden a la Casa Blanca supondrá que se revierte alguna de estas medidas o si, por el contrario, se mantendrán. Si esto último ocurre, es todavía pronto para discernir si se relajará la actitud antiChina del Gobierno de EEUU. Pero lo que sí se sabe es que varios países europeos también han deteriorado sus relaciones con empresas chinas a raíz de estos movimientos.

Cambio climático

La llegada de Trump al poder supuso que, de facto, EEUU abandonaba el Acuerdo de París. Fue el gran ausente en la COP25, la Cumbre del Clima que se organizó a finales de 2019 en Madrid. Trump ha vertido en los últimos años más de una declaración controvertida y cuestionable sobre la realidad del calentamiento global y el cambio climático.

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Por contra, Europa se ha obcecado en hacer de la política verde uno de sus ejes de acción para la legislatura. Algo que también ocurre en España. El Gobierno de coalición le ha dedicado una vicepresidencia a la Transición Ecológica.

Con el regreso de los demócratas al poder es de esperar que EEUU retome sus compromisos por la descarbonización de la economía. Europa tendrá que estar al quite.

En el Brexit, Boris Johnson pierde a su amigo

El primer ministro británico, Boris Johnson, quien dio positivo por coronavirus.
El primer ministro británico, Boris Johnson, quien dio positivo por coronavirus.
Rui Vieira

Reuters

La salida de Reino Unido de la Unión Europea ha sido una de las cuestiones más agónicas de los últimos años. El presidente británico Boris Johnson confía en que la salida de su socio Trump, quien siempre se había considerado su "amigo", no dinamite su hoja de ruta. 

Londres cree que habrá buena cooperación con Biden tras el Brexit. Simon Coveney, ministro de Exteriores de Irlanda, opina otra cosa. Considera que la victoria de Biden podría tener un impacto en la salida de Reino Unido de la UE. "Joe Biden es un verdadero amigo de Irlanda, es alguien que en mitad de la campaña electoral dedicó tiempo a intervenir de forma clara sobre la necesidad de evitar que haya una frontera (irlandesa) rígida", defendió en declaraciones a la emisora irlandesa RTE.

Populismos y desinformación

En Francia, Alemania, República Checa o España han proliferado partidos políticos que captan el descontento de la población mediante populismos y discursos radicales. En España, por ejemplo, sobresalen el movimiento independentista catalán y el auge de Vox en el Congreso, que llegó a presentar una moción de censura contra Sánchez hace unas semanas que, por supuesto, no prosperó.

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Los populismos utilizan las fake news para hacer calar su discurso. Trump ha tenido varios encontronazos con las redes sociales fruto de la desinformación con la que sembraba su cronología. Europa ha creado un marco para que los países miembros combatan la desinformación. España ya ha desarrollado su marco normativo, no sin polémica, aunque finalmente ha contado con el visto bueno de Bruselas.

Europa tendrá que procurar que la llegada de Biden al poder suponga, de facto, que el Viejo Continente cuenta con un poderoso aliado para frenar este problema. Los políticos antiestablishment en Europa "perderán mucho", en palabras del ex primer ministro italiano, Enrico Letta, a declaraciones a la CNBC.

Regular las tecnológicas

Sundar Pichai, CEO de Google y Alphabet
Sundar Pichai, CEO de Google y Alphabet

Reuters

Íntimamente ligado con el caso de Huawei o ByteDance, pero con otros protagonistas. La Unión Europea quiere regular a las grandes tecnológicas con su nueva Ley de Servicios Digitales, que se conocerá a finales de este año. La situación es tan delicada que incluso se ha filtrado un documento interno en el que Google revela qué estrategia seguirá para combatir y desdeñar esa regulación.

Francia y Países Bajos ya se han unido con tal fin, y a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, así como a su comisario de Mercado Interior, Thierry Breton, ya han advertido en múltiples ocasiones que Europa debe recuperar su soberanía digital y no depender tanto de grandes tecnológicas extranjeras.

En los mismos términos se ha defendido el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, a cuentas de la famosa tasa Google que entrará en vigor a mediados de enero. La Ley de Impuestos sobre Determinados Servicios Digitales creará un nuevo gravamen para las grandes tecnológicas que no facturan y, a juicio de Sánchez, "distorsionan" el mercado.

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Lo mismo ocurrirá, sin salir de España, con la Ley General de Comunicación Audiovisual, que pone el foco en que las plataformas como Netflix también tendrán que invertir un 5% de lo que "generen" en mercados como el español para financiar cine europeo.

Estados Unidos bajo el mandato de Trump no comparte la visión europea de que se deben regular estas grandes corporaciones. Por supuesto, son empresas estadounidenses. La cuerda se tensó tanto como para que el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steve Mnuchin, amenazase con nuevos aranceles en caso de que países europeos implementasen por cuenta propia una tasa Google. En Francia existe la tasa GAFA —por Google, Amazon, Facebook y Apple— que todavía no ha entrado en vigor por esa misma razón.

A la vez que en Europa se multiplican las voces que defienden la necesidad de dividir a las grandes corporaciones, Estados Unidos se muestra escéptico a este tipo de ideas. No está tampoco claro si con la llegada de Biden al poder, esta postura variará un ápice.

Entre tanto, el Congreso estadounidense sí que ha tomado algunas cartas en el asunto mediante una macroinvestigación a las grandes tecnológicas. Ninguna pudo evitar ser acusada de ostentar un monopolio en sus respectivos mercados.

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