Andalucía, Cataluña y 5 comunidades autónomas más siguen sin firmar el convenio definitivo para usar RadarCOVID: la app lleva 10 meses en pruebas

RadarCOVID.
Business Insider España
  • 7 comunidades autónomas todavía no han aprobado convenios bilaterales para integrar la app RadarCOVID.
  • La app, de momento, está disponible en esas regiones mediante un acuerdo marco que solo funciona a la app "durante la fase de pruebas".
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País Vasco, Navarra, Canarias, Andalucía, Extremadura, Cataluña y Cantabria. Estas son las 7 comunidades autónomas que, según ha informado Vozpópuli este jueves, siguen sin firmar el convenio definitivo para desplegar RadarCOViD, la app desarrollada por el Gobierno para ayudar a rastrear cadenas de contagios y brotes de COVID-19.

La herramienta fue diseñada por Minsait (Indra), a la que se le encomendó el desarrollo de la plataforma tecnológica en verano del año pasado por 330.000 euros. El objetivo sería la realización de un piloto de la app en un municipio en La Gomera. 

En noviembre, el contrato, que licitó la Secretaría de Estado de Digitalización e IA dependiente del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, caducó. Por esa razón, se volvió a encargar un segundo contrato de emergencia a la misma empresa, este valorado en 1,7 millones de euros, y extensible hasta 2 años.

RadarCOVID ha demostrado que funcionar, funciona. Pero no ha logrado ser efectiva. 

Un paper demostró cómo este tipo de aplicaciones de rastreo de contactos ayudan a registrar y cortar cadenas de contagios en el contexto de pandemia. Pero en España no ha logrado detectar más del 2% de los contagios totales. Especialistas han señalado a los problemas de coordinación entre comunidades y Gobierno central como una de las razones que han llevado a su fracaso.

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La información que Vozpópuli adelanta este jueves así lo confirma: no es determinante, pero es un ejemplo de cómo RadarCOVID ha acabado orillada en los márgenes de la burocracia. Las 7 autonomías antes citadas sólo han suscrito el acuerdo marco para desplegar la plataforma. Sin embargo, este acuerdo marco establecía los términos de uso de la plataforma "durante la fase de pruebas, hasta la fecha de total operatividad de la misma".

Esa fecha de "total operatividad" de RadarCOVID se alcanzaría "mediante la adhesión a la aplicación a través de los oportunos convenios bilaterales". Convenios bilaterales que de momento no existen ni en el País Vasco, ni en Navarra, ni en Andalucía, ni en Canarias, ni en Extremadura, ni en Cataluña ni en Cantabria.

Además de los contratos de 330.000 y 1.700.000 euros que se adjudicaron a Minsait, Vozpópuli también recuerda otra licitación de un millón y medio que se destinaría a la promoción de la app. Sin embargo, su uso sigue siendo residual para las expectativas y propósito que tiene la app.

El fracaso de RadarCOVID

El debate sobre cómo diseñar e implementar este tipo de aplicaciones comenzó al poco de que estallase la pandemia, en marzo del año pasado. En abril de 2020, Bruselas emitió un informe con las condiciones que debían reunir estas plataformas. No debían ser obligatorias ni debían generar agravios contra aquellos ciudadanos que optasen por no instalarlas en sus terminales.

Uno de los debates más enconados al respecto fue el que planteó qué tipo de arquitectura debía tener estas apps. Inicialmente, un consorcio empresarial europeo ideó un sistema centralizado. Los móviles se enviarían entre sí sus contactos, de modo que en el caso de que se detectase un contagio, esta cadena de posibles contactos estrechos se almacenaría de forma centralizada en un servidor.

Un colectivo de investigadores liderado por la española Carmela Troncoso, que trabaja en la Escuela Politécnica Federal de Lausana, en Suiza, diseñó una alternativa descentralizada que prometía ser más garantista con los derechos y la privacidad de los usuarios.

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Finalmente, ni una cosa, ni la otra. Google y Apple presentaron su arquitectura y anunciaron que solo las apps que se suscribieran a ese modelo —que resultó ser descentralizado— serían compatibles con sus desarrollos y sus sistemas operativos. En otras palabras: los sistemas operativos más extendidos del mercado de smartphones, iOS y Android, cerraban la puerta a alternativas.

Este tipo de aplicaciones comparten datos de los usuarios mediante fogonazos con Bluetooth de bajo consumo energético. La idea es que en el móvil de cada usuario se almacene un código cifrado que equivale a cada teléfono con el que te has cruzado a menos de un metro y medio durante más de quince minutos. Aunque no significa que ese sea un caso de contacto estrecho —porque las dos personas propietarias de los terminales podían llevar mascarilla—, el indicador aproximaba los potenciales contagios.

Sin embargo, los problemas de desarrollo iniciales o las complicaciones en la puesta en marcha han hecho que muchos usuarios acaben optando por no instalar esta app en sus terminales.

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