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7 cosas que hemos aprendido en la crisis diez años después de la caída de Lehman Brothers

Quiebra Lehman Brothers
Reuters

Banqueros saliendo de las oficinas de Lehman Brothers con sus pertenencias guardadas en cajas de cartón, esa fue la fotografía del 15 de septiembre de hace diez años cuando se produjo la bancarrota del cuarto mayor banco de EE.UU. La imagen de los reyes de Wall Street desterrados dio la vuelta al mundo y se identifica con el comienzo de la crisis, aunque las hipotecas subprime ya llevaban meses coleando.

La quiebra de Lehman Brothers se convirtió en el icono de una crisis que asoló el mundo traspasando las barreras de Estados Unidos y llegando a Europa. La crisis del euro, el temido rescate y la explosión de la burbuja inmobiliaria marcaron su variante española. La economía se convirtió en el centro de las conversaciones y los términos financieros abandonaron el parqué.  

Estas son las siete cosas que hemos aprendido en diez años de crisis: 

Too big to fail: demasiado grande para caer

Este término se acuñó para hablar de los bancos sistémicos, aquellos que eran demasiado grandes para caer, que si llegaban a hacerlo desestabilizarían de tal forma el mundo de las finanzas que sus consecuencias serían impredecibles.

Lehman fue uno de los pocos bancos que se dejaron caer durante la crisis, la gran mayoría de los que tuvieron graves problemas acabaron rescatados. Se vendieron a precio de derribo a otras entidades, eso sí, con la inyección de capital del Estado de por medio.

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Unas ayudas del Gobierno que empezaron en Estados Unidos donde, a pesar del poco gusto por la intervención estatal, la quiebra de Lehman, las turbulencias en el mercado de renta variable y el miedo a un contagio del resto de entidades acabó haciendo que se votara en el Congreso a favor del Plan de Rescate financiero en octubre de 2008 después de haber sido rechazado en la primera votación. 

Las hipotecas subprime: el origen de la crisis

Las hipotecas de alto riesgo fueron la semilla de la crisis financiera. En Estados Unidos se habían concedido durante años préstamos para comprar viviendas a personas con un perfil muy elevado de riesgo. La bola se fue hinchando año tras año mientras el mercado inmobiliario seguía al alza. Cuando la música dejó de sonar empezaron los problemas. 

Las hipotecas se habían titulizado y vendido dentro de otros activos. Es decir, se habían troceado y colocado dentro de productos muy complejos que habían comercializado bancos de inversión. Las agencias de calificación habían dado sus bendiciones a muchos de estos productos que tenían notas altas por lo que habían comercializado alrededor del mundo.

El problema es que cuando se empezó a descubrir lo que había dentro de estos activos nadie quería comprarlos. A partir de ahí, un efecto en cadena puso en problemas a muchas entidades; tanto bancos como aseguradoras. 

El bazuca de Draghi y el helicoptero Bernanke

La crisis convirtió a los banqueros centrales en unas pseudo estrellas del rock económico. En medio de las turbulencias, los organismos que controlan la política monetaria eran claves para el devenir de los acontecimientos. Más allá controlar la inflación para que estuviera en el entorno del 2%, pero no por encima del 2%, la política monetaria permitía bajar tipos, inyectar liquidez en el sistema y tratar de solucionar, en la medida de lo posible, lo ocurrido. 

Los caminos de cada uno de los organismos a uno y otro lado del Atlántico fueron a diferentes velocidades. En Estados Unidos, la crisis estalló antes primero y fue Ben Bernanke quien estaba al frente de la Reserva Federal (FED). A Bernanke se le empezó a conocer como helicóptero Ben por haber citado en una conferencia la teoría de Milton Friedman que planteaba que ocurriría si un helicóptero empezaba a lanzar dinero desde el aire a una isla.

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Bernanke puso en marcha un programa millonario para la compra de deuda y bajó los tipos de interés. Tras él, llegó a la Reserva Federal Janet Yellen, que ha sido la encargada al final de su mandato de empezar a retirar algunos estímulos. Ahora, al frente de la FED se encuentra Jerome Powell, que parece que será el encargado de acabar lo que empezó Bernanke. 

Al mando del BCE estaba cuando llegaron los ecos de la crisis en Europa, Jean Claude Trichet. El banquero central empezó a tomar medidas para tratar de frenar la sangría, pero fue Mario Draghi el que sacó el bazuca. "Haré todo lo que sea necesario para salvar el euro", dijo en una rueda de prensa en medio del azote de los mercados. 

A partir de ahí puso en marcha un programa de compra de deuda y bajos tipos de interés trató de salvar las dudas sobre la economía europea, que se sobre todo se cebaron con los denominados PIGS (Portugal, Ireland, Greece, Spain). La compra de deuda soberana acabó por tranquilizar a los inversores. 

Las cuentas de los estados se pueden maquillar 

Grecia ha sido el mayor foco, o por lo menos el que más ha durado, en la variante europea de la crisis. Aunque quizá la figura que más haya destacado en la tragedia griega sea Yanis Varoufakis, con una estética poco habitual en un ministro de economía, no hay que olvidar que todo empezó con Giorgos Papandreu. 

En diciembre de 2009, Papandreu subió al poder tras ganar unas elecciones al partido conservador y le quitó el maquillaje a las cuentas del país. Papandreu desveló a la UE que el déficit real del país alcanzaba el 12,7% y no el 3,7%, como se pensaba. A partir de ahí comenzó el calvario griego y sus tres recates. 

La prima de riesgo como un tema habitual 

Hubo un momento en el que la prima de riesgo se coló en las conversaciones como si de verdad fuera alguien más de la familia. La diferencia entre la rentabilidad de los bonos a diez años de los países y el bund alemán tomado como referencia por su estabilidad marcó durante muchos meses el devenir de la actualidad europea. 

La prima de riesgo no dejaba de subir y los mercados azotaban sobre todo a los países periféricos, entre ellos, España. Los rescates se convirtieron en una amenaza primero y posteriormente en una realidad, por la que Bruselas intervino las cuentas de Irlanda, Portugal o Grecia.

A España, la inyección financiera le llegó a través de las ayudas a la banca, sobre todo, a Bankia que necesitó un chute de dinero de más de 22.000 millones. 

Bail out y Bail in: rescate desde fuera o desde dentro 

Los rescates, sobre todo, hablando de las entidades financieras comenzaron durante la crisis siendo un "bail out". En la jerga económica esto hacía referencia a que los bancos recibían una inyección económica estatal que evitaba la quiebra mientras que normalmente se vendía a un tercero. 

Pero conforme fue pasando el tiempo, cambiaron las reglas. El Mecanismo Único de Resolución (MUR) que se estableció para generar un marco de actuación si volvía a plantearse la quiebra de algún banco estableció que había que minimizar el impacto que un rescate podría tener en las arcas públicas.

Para conseguir este objetivo se apuntó que en caso de quiebra o intervención los capitalistas y algunas acreedores de los bancos tendrían que asumir pérdidas, sobre todo, accionistas, bonistas o preferentistas. Eso fue lo que empezó a conocerse como bail in

New normal: la nueva normalidad económica

Los expertos han comenzado a hablar ahora de new normal para referirse a la situación de la economía actual que parece haber cambiado los parámetros por los que se rige.

Determinados fenómenos extraordinarios, como los tipos de interés al mínimo, se han convertido en lo que parece ahora habitual. 

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