Bajen las luces: el 80% de la población mundial está expuesta a demasiada contaminación lumínica, y estas son sus catastróficas consecuencias

Contaminación lumínica

Alexander London/Unsplash

  • Más de 8 de cada 10 personas están expuestas a la contaminación lumínica, un problema silencioso, pero grave que somete a las ciudades a un brillo nocturno perpetuo y afecta negativamente a la salud de millones de seres vivos.
  • Miles de pájaros fallecen, mientras que animales y plantas ven alterados sus ciclos naturales de alimentación, apareamiento, migración y navegación por culpa de las luces. 
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La era de la iluminación eléctrica comenzó a finales del siglo XIX, pero lo que comenzó como un impactante avance para mejorar la calidad de vida hoy también es motivo de preocupación: el 80% de la población mundial está expuesta a contaminación lumínica, según datos de la BBC. Edificios, farolas, reflectores y carteleres publicitarios sumergen las horas de oscuridad en un brillo perpetuo que impide ver la Vía Láctea. 

Según el estudio Atlas mundial de brillo artificial del cielo nocturno publicado en 2016 en Science Advances, 8 de cada 10 personas no pueden disfrutar de la oscuridad, una cifra que sube hasta el 99% en Estados Unidos y Europa, según destaca Dark Sky. Lo más grave es que el fenómeno está empeorando: la contaminación lumínica crece al doble de la tasa de aumento de la población mundial.

Existen varios recursos donde puedes consultar los datos de tu zona, como este mapa interactivo o accediendo a la web del NASA Blue Marble Navigator. Otra fuente valiosa es Globe at Night, creado con 8 años de datos recopilados por científicos ciudadanos.

Las terribles consecuencias de la contaminación lumínica

A lo largo de 3.000 millones de años, la vida en la Tierra se guio por un ritmo de luz y oscuridad marcado por la iluminación del Sol, la Luna y las estrellas. Sin embargo, en la actualidad las luces artificiales interrumpen el patrón natural del día y la noche, alterando delicado equilibrio de nuestro medio ambiente. 

Aunque hace unos años no eran tan tangibles, existen cada vez más evidencias científicas del impacto negativo de la contaminación lumínica, que incrementa el consumo de energía, daña la salud humana, altera los ecosistemas y la vida silvestre y afecta especialmente a los pájaros, desorientados ante las luces y que pueden fallecer al chocarse con cristales y edificios.

Mapa de la contaminación lumínica mundial.
Mapa de la contaminación lumínica mundial.

Science Advances

De hecho, se estima que entre 100 millones y 1000 millones de aves mueren cada año por volar hacia edificios en los Estados Unidos, y se cree que las luces artificiales juegan un papel importante en el número de muertes registradas. 

"El Sol es básicamente como un reloj", explica a BBC Future Brett Seymoure, ecologista del comportamiento de la Universidad de Washington en St. Louis. El ritmo confiable del día y la noche les da a las plantas y animales señales para los ciclos naturales de alimentación, apareamiento, migración y navegación. 

En 2019, Seymoure fue coautor de un estudio publicado en Science Direct que reveló la correlación entre la luz artificial y el apocalipsis de los insectos en todo el mundo. Millones de ellos mueren por agotamiento, son devorados por depredadores o fallecen al chocarse contra la luz, que también altera su comportamiento de búsqueda de alimentos. 

En el caso de las luciérnagas, que dependen de la bioluminiscencia para atraer a una pareja, la luz artificial puede confundir a los machos e impedirles encontrar a las hembras. 

Los impactos de la contaminación lumínica se extienden a casi todos los ecosistemas y animales: afectan por ejemplo a los peces al suprimir la segregación de la melatonina, la hormona que regula sus procesos de sueño y pauta el reloj interno para procesos como la reproducción y el crecimiento. 

Otras de las grandes perjudicadas son las tortugas marinas, puesto que la luz paraliza su comportamiento de anidación, alejando del mar a las recién nacidas e incrementando su rriesgo de muerte. Varias especies de murciélagos asocian la luz artificial con los depredadores, quedándose sin sitio a donde ir en las ciudades más iluminadas.

Hasta los propios arrecifes de coral están dañados por la contaminación lumínica, según detallan investigadores del Mar Rojo en un estudio publicado en la revista Nature. El exceso de luz nocturna también propicia plagas y altera la polinización de las plantas, y altera los ciclos de afloramiento y descenso del plancton marino.

"Cada criatura que se ha estudiado en términos de la relación entre la luz y los hábitos de esas criaturas ha encontrado impactos perjudiciales", dice Ruskin Hartley, director ejecutivo de la Asociación Internacional del Cielo Oscuro (IDA), la principal autoridad mundial en contaminación lumínica. 

Cómo te afecta a ti la contaminación lumínica

Contaminación lumínica

 Gary McGillivray-Birnie/Unsplash

En Futurism recogen algunos de los peores efectos de la contaminación lumínica en el ser humano: problemas de visión, alteración de ritmos circadianos y trastornos del sueño, incremento del riesgo de insomnio, depresión, cáncer, estrés, diabetes y enfermedades cardiovasculares o disminución de las actividades cognitivas y motoras. 

Ya en el pasado año 2012, la Asociación Médica Estadounidense reconoció que la luz nocturna es un carcinógeno y un riesgo para la salud. También la OMS ha puesto la voz de alarma sobre las consecuencias que implica trabajar en turnos nocturnos. 

En España, investigadores en cronobiología de la Universidad de Murcia y la UB estudian las consecuencias de la exposición a la luz: han descubierto que la melatonina se inhibe al máximo cuando el ser humano se expone a la luz blanca azulada y menos a longitudes de onda de luz más cálidas.

Apuntes y soluciones para proteger la oscuridad

La evidencia científica hacia la fecha recoge los efectos positivos de usar la luz de forma responsable e inteligente, atenuándola e implementando medidas para paliar sus nocivos efectos en la naturaleza. No solamente previene daños en las personas y la vida silvestre, sino que ahorra dinero y recursos, reduciendo las emisiones de carbono causantes del cambio climático. 

Por ejemplo, reducir a la mitad el número de ventanas iluminadas durante las horas de oscuridad disminuyó 11 veces las colisiones de aves durante la migración de primavera y 6 veces durante la migración de otoño, según demuestra este estudio publicado en PNAS.

La IDA también trabaja con pueblos y ciudades que se comprometen a proteger sus cielos a través de medidas como proteger las luces para que apunten hacia abajo en lugar de derramarse hacia arriba en el cielo, agregar temporizadores y atenuadores, y evitar el espectro de luz azul-blanca, que aumenta el deslumbramiento y tiene un mayor impacto adverso sobre la vida silvestre.

Otro ejemplo paradigmático se trata del apagón anual que se produce el Día de la Tierra cada año y que reduce drásticamente la cantidad de contaminación lumínica en urbes de todo el globo. 

Además, la contaminación lumínica sale cara: Tucson (Arizona) hogar del IDA y de los observatorios astronómicos convirtió  20.000 farolas de vapor de sodio en luces LED de bajo consumo y regulables en 2018, logrando reducir sus emisiones de luz totales en un 7% recaudando desde entonces más de 2 millones de dólares de descuento en sus facturas anuales de energía.

Otros lugares resuelven el problema a través de la legislación: Eslovenia aprobó una ley nacional para reducir la contaminación lumínica en 2007, que exige que la iluminación exterior esté sombreada y no exceda ciertos niveles de brillo. 

Por su parte, Puerto Rico, que tiene tres bahías bioluminiscentes, aprobó la legislación sobre contaminación lumínica en 2008. Francia introdujo leyes sobre iluminación exterior en 2019, lo que llevó a una disminución del 6% en la contaminación lumínica. Ese mismo año Croacia también aprobó una ley que restringe los niveles de iluminación. Por su parte, al menos 17 estados de EE.UU cuentan en la actualidad con alguna clase de normativa sobre este aspecto. 

En el Reino Unido, los políticos formaron un grupo parlamentario para proteger los cielos oscuros, que lanzó un plan de política en diciembre destinado a reducir la contaminación lumínica y apoyar más lugares de cielo oscuro en el país.

Desde Ecologistas en Acción apuntan que resulta "esencial utilizar farolas apantalladas donde la bombilla esté instalada horizontalmente y que dirijan el flujo luminoso únicamente hacia abajo y usar preferentemente lámparas de vapor de sodio de baja presión (VSBP), restringir el horario de la iluminación ornamental, limitar la iluminación de vallas y postes publicitarios y establecer un horario de apagado". 

También recomiendan prohibir los cañones de luz o láser, y cualquier proyector que envíe luz al cielo y reducir el consumo en horas de menor actividad mediante la bajada de tensión en la red pública o el apagado selectivo de luminarias.

Hasta la fecha, el IDAE calcula que únicamente el 27% de la potencia instalada consta de sistemas de regulación del flujo luminoso y apenas un 5% cuenta con un sistema de control centralizado para encenderse y apagarse. Algunas comunidades con leyes al respecto para proteger el cielo nocturno son Canarias, Cataluña, Navarra e Islas Baleares.

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