Pasar al contenido principal

Acciones o bonos: en qué es más rentable invertir

Varios traders en la bolsa de Nueva York.
Reuters

Muchas son las posibilidades de inversión, los vehículos y las herramientas que puedes utilizar para que tu dinero te ofrezca rentabilidad. Desde los planes de pensiones a la compra de una vivienda, pasando por productos con un mayor grado de complejidad, como son los Exchange Trade Fund (más conocidos por sus siglas en inglés, los ETF, y que se traducen al castellano como fondos cotizados), por citar algunos ejemplos.

Existen, además, opciones más clásicas, tales como hacerse con acciones de una compañía —acudir a los mercados bursátiles suele ser el primer pensamiento cuando se habla de inversión— o adquirir bonos.

Si te decantas por una de estas dos opciones, ¿cuál es más conveniente? Aquí te contamos qué ofrece mayor rentabilidad, las acciones o los bonos.

Antes de nada hay que tener en cuenta que acciones y bonos son dos productos financieros distintos, con definiciones y características diferentes, así que conviene aclarar ambos conceptos.

Qué son los bonos 

Los bonos son herramientas que utilizan las compañías para financiarse en los mercados de capitales. Si eres un particular, tienes la posibilidad de comprarlos conociendo la rentabilidad a vencimiento que obtendrás.

Al adquirir un bono inviertes en la deuda de una empresa a cambio de un interés pactado de forma previa, es decir, que, como tenedor, te haces con un derecho de cobro. Los bonos pueden cotizar, por ejemplo, en el mercado de renta fija, aunque no tiene por qué ser así en todos los casos.

Los bonos también puede representar la deuda de un país, territorio o municipio y ser emitidos por un Estado o una entidad provincial, autonómica o local. Mientras que los anteriores son bonos privados, los segundos son públicos.

Ambos sirven a sus emisores como vehículos de financiación y a los tenedores para lograr una rentabilidad a cambio del dinero que avanzan.

Concepto de acción

Las acciones de una sociedad mercantil son las partes iguales en las que se divide el capital social de la misma. Los títulos pueden ser propiedad de un particular o de otra empresa, siendo conocidos como accionistas. Estos propietarios lo serán de forma proporcional al porcentaje que posean de la compañía.

Traders en Wall Street.
Drew Angerer / Getty Images

El valor monetario de las acciones se calcula dividiendo la capitalización de la compañía entre el número total de títulos que tenga. Así se obtiene el valor contable de la empresa, que representa lo que figura en los libros.

Sin embargo, si se trata de una empresa cotizada, tendrá también el valor bursátil: el precio de las acciones en los mercados, que funcionan por oferta y demanda.

El accionista posee el derecho de voto y, lo que seguramente te interese más como inversor, el del cobro de dividendos. Cuantas más acciones tengas de una empresa, mayor será el dividendo que recibas, ya que el dividendo se paga a tanto por título.

Leer más: Cómo invertir en bolsa desde cero: 12 consejos para principiantes

Si eres propietario de un número importante de acciones, resulta más posible que llegues a poseer un asiento en el consejo de administración de la compañía.

Para saber si tienes frente a ti una inversión interesante o no debes tener en cuenta el PER —el número de veces que se repite la ganancia de la compañía en el precio del título— y el BPA, que es el beneficio por acción.

Diferencias entre bonos y acciones

Hechas las definiciones no es difícil colegir que existen varias diferencias fundamentales entre las acciones y los bonos:

  1. El hecho de que seas tenedor del bono de una compañía no implica que tengas derecho a voto o, aunque hagas una inversión considerable en su deuda, que tengas derecho a un asiento en el consejo de administración.
  2. En las acciones desconoces la rentabilidad que lograrás al deshacerte de los títulos, mientras que en los bonos el interés está fijado previamente.
  3. No saber lo que ganarás se produce como consecuencia de que el precio de una acción varía en cada sesión en función de la oferta y la demanda, pudiendo dispararse sin límite. Aunque, al mismo tiempo, si la empresa quiebra, podría llegar a cero céntimos.
  4. Las acciones y los bonos no funcionan siempre igual, ya que, por ejemplo, hay títulos que carecen de derecho de voto. Por su parte, también existen bonos que puedes convertir en acciones de la empresa en cuestión, en lugar de que te den dinero al vencimiento.

¿Qué ofrece mayor rentabilidad las acciones o los bonos?

Llegados a este punto ya te habrás dado cuenta de que bonos y acciones están pensados para inversores con distinta aversión al riesgo: los primeros encajan mejor en un perfil conservador y a medio o largo plazo, mientras que las segundas son para personas más lanzadas. Además de que la extensión en el tiempo de la inversión en títulos bursátiles puede durar desde unos momentos hasta años.

Leer más: Qué son los ETF y qué ventajas tienen respecto a las acciones

De este modo, los bonos suelen dar una rentabilidad exigua en un en un entorno de tipos de interés bajos -como del que venimos en los últimos años-, dado que a las compañías no les resulta tan sencillo obtener financiación.

En sentido contrario, en caso de que el mercado de crédito no fluya, la rentabilidad de los bonos mejora. Cuanto menor es el precio del bono, mayor es su rentabilidad y lo mismo sucede a la inversa. En la actualidad, tras años con la renta fija en mínimos históricos, los bonos despiertan mayor apetito.

Tanto en acciones como en bonos resulta muy aconsejable que conozcas lo mejor posible la empresa o la entidad pública en la que inviertes, el sector, las amenazas, las perspectivas o todo elemento que pueda afectar a los mercados o a un determinado valor, por ejemplo, la especulación.

Te puede interesar