¿Cómo afecta el COVID-19 al cerebro humano? 2 científicos explican sus efectos neurológicos

Un hombre visita a su esposa en un centro de atención para personas mayores con demencia, en una casa de cristal por el COVID-19.
Un hombre visita a su esposa en un centro de atención para personas mayores con demencia, en una casa de cristal por el COVID-19.

Piroschka van de Wouw/Reuters

  • "Lo que nos preocupa especialmente como neurocientíficos es que muchos enfermos de COVID de larga duración manifiestan tener niebla cerebral", admiten 2 directivos de un importante centro de investigación del cerebro.
  • Numerosos estudios han apuntado diferentes formas en las que el covid persistente puede afectar al cerebro. 
  • Reducir partes del sistema límbico (que interviene en el aprendizaje, las emociones y la memoria), interrumpir el suministro de sangre y oxígeno o comprometer la respuesta al estrés, entre los posibles efectos del covid persistente.
  • "El impacto potencial del COVID largo en la salud pública es enorme", advierten los neurocientíficos.
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El covid persistente y sus consecuencias neurológicas preocupan a los científicos. En un máximo de uno de cada 4 casos confirmados de COVID-19 (entre 5 y 24%) los síntomas se han mantenido durante al menos 3 o 4 meses después de la infección, que aún guarda secretos para la ciencia.

Trastornos de la atención, pérdida de memoria, delirios, déficits cognitivos y enfermedades neurodegenerativas han sido algunos de los efectos neurológicos que las investigaciones han ido asociando al conocido como covid largo o persistente.

"Lo que nos preocupa especialmente como neurocientíficos es que muchos enfermos de COVID de larga duración manifiestan tener dificultades de atención y planificación, lo que se conoce como 'niebla cerebral'" o niebla mental, admiten Trevor Kilpatrick, neurólogo y director clínico del Instituto Florey de Neurociencia y Salud Mental (Australia), y Steven Petrou, director de dicha institución, uno de los mayores centros de investigación cerebral del mundo.

Al analizar cómo puede acceder el coronavirus al cerebro humano, estos expertos reconocen que "no hay pruebas concluyentes" de que el virus pueda atravesar la barrera hematoencefálica, que suele proteger al cerebro de la entrada de moléculas grandes y peligrosas procedentes del torrente sanguíneo.

Sin embargo, apoyados en el caso de otras enfermedades respiratorias y en estudios, sugieren la posibilidad de que el coronavirus pueda llegar al cerebro a través de los nervios que conectan la nariz con este: de ahí la pérdida de olfato que han experimentado algunas personas con COVID-19 y que puede llegar a tardar en recuperarse hasta un año, de acuerdo con una investigación médica.

Ahí, las células sensoriales nasales conectan con una zona del cerebro conocida como "sistema límbico", que interviene en las emociones, el aprendizaje y la memoria, explican. 

Según un estudio realizado en el Reino Unido y publicado en junio como preimpresión online, en personas expuestas al COVID-19 partes del sistema límbico habían disminuido de tamaño en comparación con las personas no infectadas. 

Esto podría "indicar una futura vulnerabilidad a las enfermedades cerebrales" y "desempeñar un papel en la aparición de los síntomas del COVID a largo plazo", analizan los neurocientíficos.

Una vez dentro del organismo, el covid persistente puede afectar de diferentes formas al cerebro. Los expertos señalan en un artículo en The Conversation a la posibilidad del coronavirus de dañar los vasos sanguíneos y provocar la interrupción del suministro de sangre, oxígeno o nutrientes al cerebro.

Apuntan también que el coronavirus podría afectar al cerebro al activar el sistema inmune, lo que desencadena en algunas personas la producción de moléculas tóxicas que pueden reducir la función cerebral.

Las investigaciones han estudiado asimismo cómo el virus podría comprometer la función de la glándula pituitaria —que regula la producción de hormonas como el cortisol, responsable de la respuesta al estrés y cuya deficiencia puede contribuir a la fatiga a largo plazo— o afectar a los nervios que controlan la función intestinal, añaden los autores.

En los últimos meses se han sucedido estudios que han hablado de problemas neurológicos como la 'niebla mental', así como trastornos de la atención, delirios y pérdida de memoria en los pacientes afectados por el coronavirus.

Además, un estudio reciente ha observado que personas recuperadas del COVID-19, incluso las que ya no declaraban síntomas, "presentaban déficits cognitivos significativos", a partir de la evaluación de más de 80.000 participantes y tras tener en cuenta factores socioeconómicos, demográficos y de salud previa.

"Dada la ya importante contribución de los trastornos cerebrales a la carga mundial de la discapacidad, el impacto potencial del COVID largo en la salud pública es enorme", advierten Trevor Kilpatrick y Steven Petrou.

Estos recuerdan que quedan importantes preguntas por responder que requerirán de nuevas investigaciones: cómo se afianza la enfermedad del COVID-19, cuáles podrían ser los factores de riesgo, cuál es la mejor manera de tratarla... y, especialmente, qué causa la amplia variación en sus síntomas.

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