El aislamiento de Rusia de los mercados globales está afectando a su economía y debilitará su estatus como superpotencia energética, según expertos

Vladimir Putin.

REUTERS/Ueslei Marcelino

La resiliencia de Rusia frente a las sanciones que se produjeron durante los primeros meses de la guerra en Ucrania sorprendió a varios expertos, pero ya hay signos de que profundizar en ese aislamiento provocará que su economía se marchite de cara a los próximos años y que disminuya exponencialmente su estatus como superpotencia energética.

Tras recibir los tempranos golpes de las sanciones occidentales, Rusia ha tomado represalias, empezando a negociar únicamente con países "amigos", y reforzando sus acuerdos con naciones que están dispuestas a hacer negocios con lo que ya se considera un "estado paria".

Ha tenido éxito desatando el caos al militarizar el comercio energético, reduciendo los flujos de gas a través del Nord Stream 1, y vendiendo los suministros de combustible a países como China o India. Las ventas de energía a estos dos países le reportaron a Rusia 24.000 millones de dólares solo en los tres primeros meses de guerra.

Pero bajo la desafiante demostración de resiliencia de Putin y el Kremlin, ya hay síntomas de que Rusia está dispuesta a pagar un elevado precio por su aislamiento, según entiende Yuri Gorodnichenko, un economista de la Universidad de Berkeley.

"Lo que proponen es una receta para el estancamiento a largo plazo", apunta Gorodnichenko a Business Insider, poniendo de ejemplo a otros países aislados con algunas de las economías más débiles del globo, como Corea del Norte, Afganistán o Cuba.

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El aislamiento ruso en realidad comenzó en 2014, con el empeoramiento de su situación económica en una etapa previa a la invasión de Ucrania. El país registró un PIB de 1,78 billones de dólares en 2021, por debajo de la marca de 2,06 billones que logró 7 años antes. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que su PIB caiga otro 6% este mismo año.

"Lo que ocurre es que el aislacionismo reduce el número de productos que Rusia puede comprar", explica Jay Zagorski, un profesor de Mercados en la Universidad de Boston. "Solo puede comprar bienes agrícolas indios, solo puede comprar productos manufacturados chinos, y ese tipo de cosas. Cuando te limitas a un países concretos, no tienes ni la mayor calidad ni los mejores precios".

Eso implica que el veto de Rusia a pagar con el poco amistoso dólar —que representa el 88% de las transacciones mundiales de divisas— supone una enorme barrera, permitiendo a los vendedores cobrar primas y haciendo que las importaciones sean más caras.

Desde que estalló la guerra, el comercio con los países sancionadores ha caído un 60%, y el comercio con los países no sancionadores también ha decrecido otro 40%, según un reciente ensayo del economista Paul Krugman, en el que citaba datos del Instituto Peterson de Economía Internacional.

La ventaja energética se desvanece

Todo esto afecta especialmente a las exportaciones energéticas de Rusia.

El año pasado, las exportaciones de petróleo y gas ruso representaron el 45% de su PIB, según la Agencia Internacional de Energía. Sin embargo, impulsar y mantener la producción energética a largo plazo depende de la posibilidad de adquirir la maquinaria y la tecnología necesarias, muchas de las cuales se producen en Occidente.

"Muchos equipos y máquinas de exploración de campos petrolíferos son de altísima tecnología. Hablamos de sistemas GPS y robots que controlan las cosas en el subsuelo. No se trata sólo de un grupo de hombres con una gran tubería y un montón de mazos", remarca Zagorski.

La incapacidad de invertir en esta tecnología será un enorme obstáculo para el dominio ruso del mercado energético en el futuro, sobre todo porque Europa, con problemas de energía, está invirtiendo miles de millones para impulsar su propia producción de cara a la próxima década.

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A esto se suma el hecho de que ahora Rusia solo vende crudo a un selecto grupo de clientes. Esto implica que países como China o India tienen la opción de adquirirlo con interesantes descuentos, y así tienen la posibilidad después de revenderlo a otros clientes a mayor precio. Esto no solo es una pérdida de ingresos para Rusia: también es una pérdida de poder y cuota, según Gorodnichenko.

Esa podría ser una de las razones por las que Rusia ha estado registrando muy discretamente sus pérdidas desde que comenzó el conflicto. 

El ministro de Economía ruso no publica informes mensuales, pero documentos internos revisados por Bloomberg desvelaban que Rusia ha incurrido en miles de millones de "pérdidas directas" a raíz de las sanciones, y su superávit presupuestario cayó en agosto a los 137.000 millones de rublos, o 2.100 millones de dólares.

"El hecho de que no estén publicando muchos datos económicos implica que conocen los costes, pero que quieren ocultar el alcance de los mismos", considera Don Hanna, economista también en Berkeley. "Todo está diseñado para tapar las consecuencias en la economía rusa de la invasión de Ucrania".

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