Si tu dieta es rica en estos alimentos, probablemente acumules químicos eternos en tu sangre

Perrito caliente

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  • Un nuevo estudio americano revela la relación entre los alimentos de la dieta y la presencia de PFAS —sustancias químicas permanentes— en el organismo humano.
  • Alimentos como la mantequilla, los perritos calientes, las patatas fritas, el té o el agua embotellada son probables impulsores de los niveles tóxicos en la sangre con el paso del tiempo.

Son la maldición de nuestro siglo, y ya su propio nombre indica que son una amenaza para la salud que acompañará al ser humano y a la naturaleza durante mucho tiempo: los PFAS —sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas—, más conocidas como sustancias químicas eternas son una familia de 4.000 componentes invisibles de difícil degradación y devastadoras consecuencias.

Hay PFAS en el medioambiente de prácticamente cualquier país del mundo —han llegado incluso al Ártico— y también se detectan en nuestra sangre

Sus propiedades para repeler a la vez el agua y la grasa hace que estén en numerosos artículos cotidianos, como envases de comida para llevar, productos de limpieza, ropa impermeable, sartenes antiadherentes, cosméticos, alfombras o espumas antiincendios.

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Para que te hagas una idea de su alcance, incluso se hallan en el papel higiénico o el agua de la lluvia que cae a lo largo y ancho del planeta. Contaminan el suelo y el agua potable y se vinculan a enfermedades como cáncer de riñón y testículo, debilitamiento inmunitario, aumento del colesterol, daño hepático o menor efecto de las vacunas. También pueden acelerar el cáncer colorrectal.

Otros estudios han demostrado que los PFAS pueden alterar las hormonas, debilitar los huesos, causar infertilidad o contribuir a los defectos de nacimiento.

En este 2024, una nueva investigación estadounidense revisada por pares revela un interesante vínculo entre la dieta y estos químicos permanentes en el cuerpo humano. 

Perritos calientes, bolsas de té, mantequilla o comida para llevar, fuente de PFAS

Publicada en Enviroment International, el estudio muestra que alimentos como la mantequilla, los embutidos, la carne de cerdo, el agua embotellada y las infusiones de té en bolsitas aumentan probablemente los niveles de PFAS en la sangre. 

Según recoge The Guardian, el documento identificó una variedad de alimentos que se encuentran entre los impulsores de niveles altos de PFAS, incluidas carnes procesadas como perritos calientes, dulces, bebidas deportivas o patatas fritas. Además, se descubrieron niveles más altos de PFAS en sangre entre quienes consumían más comida para llevar o comida preparada en restaurantes.

Para llegar a esta conclusión se hizo a más 700 personas de dos grupos una serie de preguntas sobre su dieta, incluida la frecuencia con la que consumían ciertos alimentos y bebidas —como verduras de color verde oscuro, pan, bebidas deportivas con leche y té— y analizaron los niveles de PFAS en su sangre.

Los investigadores también les preguntaron con qué frecuencia comían alimentos preparados en casa, en un restaurante de comida rápida o en un restaurante que no fuese de fast food. Los datos se usaron para formular hipótesis sobre la frecuencia con la que los participantes entraban en contacto con los envases de alimentos, que son una fuente común de PFAS.

 

La principal conclusión es que el consumo de grandes cantidades de té, salchichas carnes procesadas y alimentos preparados fuera del hogar se asociaba con mayores niveles de PFAS en el organismo con el paso del tiempo. Se cree que en el caso del té, la relación se debe a que las bolsitas podrían estar tratadas con estas sustancias químicas para siempre. 

Otros alimentos solo se vincularon con niveles más altos de químicos eternos cuando se prepararon fuera del hogar, como en el caso de la pizza o las patatas fritas, lo que apunta a que el embalaje podría ser la fuente del problema. 

"Estamos empezando a ver que incluso los alimentos que son metabólicamente bastante saludables pueden estar contaminados con PFAS", dice Hailey Hampson, estudiante de doctorado en la División de Salud Ambiental de la Facultad de Medicina de Keck y autora principal del estudio.

Los autores del estudio han aclarado que el propósito de su investigación no es determinar qué alimentos son "saludables" y cuáles no, sino revelar cuáles de ellos podrían necesitar más pruebas para controlar de dónde proviene la contaminación con estas sustancias químicas para siempre.

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