Paso atrás de Apple y Google en la multimillonaria batalla por revolucionar el mundo de la salud: los expertos se preguntan si han intentado conquistar el sector demasiado pronto

Sundar Pichai, CEO de Google y Alphabet
Sundar Pichai, CEO de Google y Alphabet

Reuters

  • Google va a desmantelar su división dedicada al sector de la salud tras la renuncia de su director, David Feinberg.
  • Apple también ha dado marcha atrás al desarrollo de una aplicación interna que registraba hábitos de sus empleados en California.
  • Distintos expertos subrayan que, en el ámbito de la salud, ser el primero en presentar una tecnología no garantiza el éxito.
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Tecnología y salud. Tras una pandemia que ha obligado, entre otras muchas cosas, a que muchas consultas médicas hayan sido online, la unión de ambos campos parece más pertinente que nunca.

A juzgar, sin embargo, por los últimos movimientos de algunas grandes empresas tecnológicas, no está claro que este enlace dé tantos réditos como en principio cabría esperar.

Acostumbradas casi siempre a ganar, algunas de las últimas noticias sobre Apple y Google invitan a pensar que en el sector sanitario, su penúltima gran apuesta, están encontrando obstáculos.

"La gente dice que las grandes tecnológicas están ya llegando al sector salud. No es así", explicó al respecto el pasado mes de agosto Glen Tullman, consejero delegado de la empresa sanitaria Transcarent.

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En un encuentro organizado por HealthXL, este explicó a Business Insider que esto se debe a que los problemas de los pacientes tienen que ver más con la experiencia general que con la tecnología.

Es decir, los potenciales clientes del sector sanitario, más que soluciones innovadoras y punteras en tecnología, esperan soluciones que contribuyan a una mejora integral del sistema.

El último ejemplo ha sido el desmantelamiento de Google Health, el equipo de la empresa dedicado al desarrollo de aplicaciones sanitarias, algo en lo que la empresa lleva más una década tratando de entrar con fuerza. Pero el proyecto no termina de salir.

Google y Apple, dos intentos de dominar sector sanitario

Su primer intento data de 2011, cuando, tras un lustro de pruebas, Google lanzó su primer Google Health, que suponía una primera incursión tentativa en la materia.

El programa trató de poner en marcha un ambicioso plan de recogida de historias clínicas electrónicas para ponerlas a disposición de los usuarios siempre que las necesitaran.

Este, recuerda el portal saludiario, en vez de ir mejorando con el tiempo, se estancó y terminó siendo superado por las alternativas que se apresuraron a sacar las clínicas privadas. 

Fue, sin embargo, el germen del posterior Google Health, que no cambió de nombre con respecto al original, pero sí de objetivo: ahora la idea era el desarrollo de aplicaciones sanitarias. Algo más global.

Pero no parece que las cosas hayan ido mucho mejor. Como pudo saber recientemente Business Insider  tras acceder a documentos internos de la empresa, esta división está próxima a desaparecer.

El movimiento forma parte de una reorganización más amplia que coincide con la reciente salida de David Feinberg, quien había sido contratado para liderar el proyecto.

Fue la crónica de un cambio anunciado. El pasado junio, 130 empleados de Google Health ya fueron recolocados en otras áreas, contó Business Insider. Algo no funcionaba.

El recorte redujo entonces Google Health a un equipo de unos 570 trabajadores. En las últimas semanas, la empresa se ha comprometido a mantener estos puestos de trabajo.

En Apple, otra de esas grandes tecnológicas que concitan la atención del mundo en cada movimiento, las cosas no van mucho mejor en sus esfuerzos por liderar el sector.

Ello, a pesar de que Tim Cook, consejero delegado de la empresa, ha subrayado recientemente que quiere que la salud sea el gran legado de Apple, recogió el Wall Street Journal.

La empresa se ha visto obligada a dar marcha a atrás a su aplicación HealthHabits, contaron de manera anónima 4 personas relacionadas con el proyecto a Business Insider.

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Se trataba de una aplicación interna para empleados que buscaba cuidar cuestiones como la hipertensión y proponer ciertos objetivos como dar una serie de pasos cada día, entre otras cosas.

HealthHabit era parte de Apple Health, una organización con varios centenares de ingenieros, administradores de programas, científicos de datos, diseñadores y médicos.

Estos supervisan las clínicas, las funciones para el consumidor, herramientas de frecuencia cardíaca o fitness y demás proyectos más o menos secretos centrados en la salud digital.

Muchos de ellos surgieron a partir de 2015, cuando, recién popularizado el Apple Watch, Apple empezó a recibir montones de datos sobre salud de sus usuarios.

Pensando sobre qué podrían hacer con ellos, algunos altos ejecutivos se remitieron rápidamente a los lemas fundacionales de la empresa de la manzana: piensa diferente, piensa grande.

Con esto en mente, relata el WSJ, decidieron explorar la posibilidad de que Apple se convirtiera en un proveedor de servicios sanitarios a través de clínicas punteras en tecnología.

La idea era aplicar lo que en EEUU se conoce como cultura 363: utilizar herramientas online para monitorizar la salud a distancia y reducir las visitas presenciales al médico a un par de días al año.

Decidieron empezar por ellos mismos, por lo que adquirieron la startup que proporcionaba servicios médicos a sus trabajadores en su sede en California.

Así nació HealthHabit. La aplicación, sin embargo, no ha tenido ni de lejos la aceptación esperada.

En ello ha tenido mucho que ver las reticencias de muchos trabajadores sobre el modo en que HealthHabit recoge información para desarrollar sus medidores de salud.

Para muchos, su modelo era inconcreto y aleatorio, algo peligroso en algo tan sensible como la salud. El resultado es que el pasado mes de mayo solo la mitad de los que descargaron la aplicación la habían usado.

Los expertos subrayan los problemas de llegar los primeros

Estefanía Lema, investigadora en la Universidad Internacional de Valencia-VIU y cofundadora de Ninjamoba, una empresa de desarrollo de tecnología dedicada a proveer servicios en campos como la educación o la propia salud, entiende estas reservas.

"En el sector sanitario prima la fiabilidad, pero también la seguridad, y esto es algo que se ha criticado mucho en los últimos años".

"Vivimos un momento de ambigüedad, está todo por hacer. La gente joven confía en la tecnología, pero entre los adultos y la gente mayor hay más reticencia", explica.

Proyectos como los de Google Health, comenta, han sido especialmente criticados tras episodios como los hackeos los masivos sufridos en 2019, que también afectaron a Apple y Microsoft.

"El mundo médico es conservador. Introducir nuevos productos es difícil. Hay que ir despacio, demostrar mucho los beneficios, hacer muchos estudios", cuenta Ignacio Vega, director de Cardiva.

Desde hace más de 30 años, la empresa se dedica a desarrollar productos para mejorar el sector sanitario, un propósito que, en esencia, no dista demasiado de lo que quieren hacer las tecnológicas.

"Nos conviene a todos que los datos de las historias clínicas, por ejemplo, se puedan compartir, y que si estamos de viaje, cualquier doctor pueda conocer nuestras dolencias previas".

El futuro irá por ahí, asegura. Pero el camino no será fácil y, sobre todo, no será rápido. O, al menos, no lo será tanto como algunas grandes empresas desearían.

Para empezar la casa por los cimientos, antes de dejar las historias clínicas a un clic de distancia, explica, habrá que disipar quién puede ver esos datos y la titularidad de los mismos.

"No es una pregunta simple. ¿Son los pacientes los dueños de los datos? ¿Lo son los médicos? ¿Conviene que sean públicos o es mejor que más bien sean confidenciales?", se pregunta Vega.

Lema tiene claro por dónde irán los tiros: a la tecnología 4.0 y la inteligencia artificial, que permitirá el uso masivo de datos para hacer triajes y establecer prioridades diagnósticas.

A ellas se unirá una tercera tendencia que ha quedado especialmente de relieve en los últimos meses: el cuidado de los propios profesionales sanitarios.

"Además de las aplicaciones que ya conocemos que giran en torno al deporte y la alimentación, llegarán otras que sirvan, por ejemplo, para que los propios sanitarios descarguen estrés".

Con todo, el cambio llegará. Se trata de una cuestión generacional: "Yo no confío en el diagnóstico que me pueda dar una máquina, pero mi hijo probablemente sí lo hará", dice Vega.

"Lo más difícil va a ser acertar con el momento en que la gente esté preparada para estos cambios". Por ahora, por una vez, a los gigantes les penaliza ser pioneros.

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