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Soy CEO de una empresa tecnológica e intenté renunciar a mi smartphone durante un año: esto es todo lo que he aprendido y así es como me he convertido en mejor líder

Ben Crudo solo puede ser localizado por su "móvil tonto" en las noches y los fines de semana.
Ben Crudo solo puede ser localizado por su "móvil tonto" en las noches y los fines de semana. Cortesía de Ben Crudo.
  • Ben Crudo es el CEO de Diff, una agencia de servicio integral que diseña y construye soluciones de comercio electrónico para los principales minoristas. 

  • Hace un año apostó por un cambio radical: sustituir su teléfono inteligente por uno "tonto". Como director ejecutivo de una empresa de tecnología en crecimiento, sabía que era una decisión arriesgada, pero pensó que en última instancia le ayudaría a largo plazo.

  • Si bien no ha sido capaz "escapar totalmente" de los teléfonos inteligentes, ha descubierto que no es necesario e imprescindible ciertos avances de los smartphone. Todo se basa en el equilibrio.

  • Ahora, solo usa su teléfono inteligente durante las horas de trabajo, y solo puede ser localizado a través del teléfono "tonto" por las noches y los fines de semana.

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Hace un año, hice un gran cambio. Después de pasar mi luna de miel en los bosques de Nueva Zelanda — desconectado del WiFi y del alcance de los móviles — me di cuenta, por primera vez, de lo adicto que estaba a mi smartphone. Cuando volví, cambié mi teléfono inteligente por uno "tonto", con la intención de hacer un cambio permanente.

Fue un movimiento arriesgado considerando que soy el CEO de una compañía de tecnología en expansión. Aún así, pensé que estar más presente en el mundo beneficiaría tanto a mi hogar como a mi vida laboral.

Inicié este experimento con gusto, y al principio me pareció liberador. Sí, hubo algunos obstáculos en el camino — como perderme sin mi GPS y preocuparme constantemente de que me perdiera correos electrónicos importantes del trabajo — pero aprendí a adaptarme y estaba seguro de jamás cogería otro smartphone.

Ojalá pudiera decir que es verdad. Durante el último año, me he encontrado con algunos obstáculos reales — en su mayoría tecnológicos — que me han impedido ir dejar completamente el uso de un móvil inteligente. No obstante, tampoco soy el mismo de antes. Hay ligeros matices. 

He logrado reducir el uso de mi móvil eliminando distracciones como las aplicaciones y estableciendo límites firmes alrededor de mis patrones de comunicación. En el proceso, he aprendido que frenar la adicción a la tecnología no consiste en cortar el acceso a la tecnología, sino más bien en encontrar un equilibrio saludable con ella. E incluso me ha ayudado a convertirme en un mejor CEO.

Resulta que los móviles tontos son demasiado tontos

Resulta que los móviles tontos son demasiado tontos.
Ben Crudo y su "teléfono tonto". Cortesía de Ben Crudo.

Cuando empecé este experimento, me preocupaba más que nada que mi propia incapacidad para romper mis hábitos fuera mi perdición.

La verdad es que al principio hubo una cierta abstinencia, pero pronto aprendí a adaptarme.

Al no tener teléfono inteligente, llevé un cuaderno y un bolígrafo, conseguí un GPS para mi bicicleta y comencé a leer en el metro para ocupar mi tiempo. Pero todavía había cosas en las que necesitaba un teléfono — hacer llamadas, enviar mensajes de texto, y el tener un lugar con acceso a Internet a través de una red inalámbrica. Encontrar un dispositivo para realizar estas sencillas tareas de forma fiable fue, con diferencia, el mayor reto.

Mientras que las ventas de "teléfonos tontos" están aumentando a medida que más gente busca desconectarse, descubrí que la tecnología que hay detrás de ellos es muy deficiente. Busqué en Internet uno que satisficiera mis necesidades, pero cada nuevo teléfono que compré resultó ser más decepcionante que el anterior.

Con el primero no recibía correctamente todas las llamadas entrantes. El segundo se negaba a sonar cuando había una llamada entrante, y el último — elogiado como el mejor en el negocio por romper una adicción a los teléfonos inteligentes — tenía una duración insuficiente de la batería y no cargaba todos mis contactos. 

La realidad es que mi negocio ha estado creciendo a pasos agigantados durante los últimos meses. La empresa ha duplicado el tamaño en los últimos años y ahora dirijo un equipo de más de 100 empleados. No puedo arriesgarme a perderme llamadas cruciales. Lamentablemente, tuve que volver a usar un teléfono inteligente, aunque noté que después de mi pausa lo usaba de una manera totalmente diferente.

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En lugar de permitir que mi teléfono se apoderase de mi capacidad de atención decidí limitar sus capacidades. No tiene aplicaciones, ni navegadores, y todas las notificaciones están deshabilitadas — nada de zumbidos, pings o sonidos a menos que yo lo permita. Lo uso solo durante las horas de trabajo, y la mayor parte del tiempo está enterrado en mi mochila, por lo que es difícil de alcanzar.

Establecer estos límites me ha ayudado a priorizar la comunicación que importa, lo cual ha sido esencial a medida que mi empresa ha ido creciendo.

El contacto limitado equivale a un mejor liderazgo

El contacto limitado equivale a un mejor liderazgo.
Ben Crudo. Cortesía de Ben Crudo.

Sin todos los sonidos molestos de un teléfono inteligente, he podido gestionar directamente mi tiempo de la manera que quiera.

En lugar de responder a los mensajes de correo electrónico y mensajes sueltos a medida que llegan, he programado ciertos momentos durante el día para revisar mi correo electrónico, y la gente ha aprendido a ponerse en contacto conmigo (una llamada telefónica si algo es urgente, y un correo electrónico si puede esperar).

Esto me deja con bloques ininterrumpidos para centrarme en otras tareas prioritarias: cómo está evolucionando mi empresa y cómo comunicarlo a mis clientes y a mi equipo.

Uno pensaría que retirarse de la comunicación constante durante esta fase crítica de crecimiento podría haber sido un obstáculo, pero en realidad me he dado cuenta de que era necesario ayudarme a desarrollarme como líder.

La disminución del uso de mi teléfono inteligente me permite participar más plenamente en las reuniones y tener más conversaciones con la gente cara a cara. Me dio una mejor lectura de mi equipo, lo que es particularmente importante dada la rapidez con la que hemos crecido. Incluso he empezado a notar un efecto de goteo, con algunos de mis empleados haciendo un esfuerzo consciente para reducir el uso de sus móviles.

Debo tener en cuenta, sin embargo, que aunque es genial ver a otras personas más conscientes de su uso del teléfono, no estoy capacitado todavía para inspirar a los imitadores. Si algo he aprendido este año es que formar una relación más saludable con la tecnología es algo muy personal.

Encontrar el equilibrio a través del ensayo y el error

Encontrar el equilibrio a través del ensayo y el error.
Encontrar el equilibrio a través del ensayo y el error. Cortesía de Ben Crudo.

Aunque he vuelto a mi teléfono inteligente, he logrado muchos de los objetivos que me fijé hace un año.

Soy mucho menos susceptible a las distracciones de la tecnología, y veo mi móvil inteligente como una herramienta, no como un juguete.

Por imperfecto que sea, sigo usando un teléfono "tonto" por las noches y los fines de semana, lo que me permite estar mucho más presente con mi familia y amigos — y he superado (en su mayor parte) la necesidad de hacer scroll zombie para evitar el aburrimiento o las situaciones sociales incómodas.

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Lo más importante, sin embargo, es que me he dado cuenta de que romper con tu adicción a los teléfonos inteligentes no es todo o nada.

Acciones simples, como dejar el teléfono en la mochila durante el día de trabajo o apagarlo durante la cena, pueden ser un catalizador para un cambio positivo. Si eso funciona, conseguir un teléfono tonto y usarlo los fines de semana es el siguiente paso.

Lo importante es encontrar un equilibrio que sea adecuado para ti. Así que pruébalo. Puede que te sorprenda lo fácil que es — y lo bien que te sienta — poner cierta distancia entre tú y tu dispositivo móvil inteligente.

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