La banca, ante un entorno incierto: el equilibrio entre los tipos de interés, la morosidad y el consumo y la inversión condicionará el negocio en la segunda mitad del año

Un hombre haciendo equilibrios sobre una cuerda.
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No dejarse cegar por el espejismo del impacto de los tipos a corto plazo. Esta era la petición de prudencia que hacía Luis de Guindos, vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), a los bancos hace unos días. 

El giro en la política monetaria del BCE para volver a la senda de los tipos positivos es esperado por el sector bancario desde antes de la pandemia. Desde que, en 2014, el organismo decidiera situar los tipos en terreno negativo para tratar de forzar que la liquidez llegara a la economía real, los bancos han visto cómo esta situación anómala ahogaba su negocio tradicional de tomar dinero prestado y prestarlo más caro. 

Sin embargo, la normalización de los tipos viene ahora acompañada de una gran incertidumbre en el terreno macroeconómico, con la recuperación económica esperada tras la salida de la crisis de la pandemia truncada por la guerra de Ucrania. 

Los cuellos de botella en la cadena de suministro, las sanciones a Rusia y los cortes del gas están creando una situación de galopante inflación, que puede derivar en complicaciones para que las familias y empresas hagan frente a los pagos. 

La duda es si esta elevada inflación será coyuntural o si la economía se instalará en una prolongada subida de precios, como ya empiezan a descontar algunos expertos y organismos. Y, también, cómo este balance de fuerzas afectará finalmente a los bancos. La duda es si la subida de tipos, que es claramente positiva para su negocio, se verá eclipsada por un aumento de la morosidad y una caída del consumo. 

En este contexto, los banqueros se muestran optimistas ante el balance futuro de este marco económico. Carlos Torres, presidente de BBVA, aseguraba hace unos días en el curso organizado por la Asociación de Periodistas de Economía (Apie) en Santander que el primer trimestre fue "muy bueno" y que la subida de tipos supone un "cierto apoyo después de tanto tiempo de intereses negativos".  

"Habrá que ver cómo evolucionan los niveles de demanda de crédito, pero es razonable pensar que se van a moderar por la incertidumbre", apuntaba. Y señalaba que también existe la duda del impacto que tenga la subida de tipos y la alta inflación en la capacidad de repago.

"No esperamos que haya sorpresas negativas en este frente, pero habrá que esperar porque el entorno es muy incierto", concluía Torres. 

Más optimista se mostraba el consejero delegado de Sabadell, César González-Bueno, que consideraba que el "impacto es claramente positivo" respecto a la subida de tipos,  que se verá en "alguna medida" en 2022 y en otra parte ya en 2023. 

"Con vientos de cara como la ralentización económica, el futuro es incierto, pero vemos un Producto Interior Bruto (PIB) creciente. Y la morosidad que hemos visto, tanto en datos agregados como de clientes, no parece arrojar cifras preocupantes", contestaba a preguntas de la prensa en el mismo foro. 

Desde el punto de vista del negocio bancario, lo que vemos es una posición “claramente más positiva”, concluía el directivo. 

El vencimiento de las moratorias de los créditos ICO 

"En el lado negativo, lo más importante es la pérdida de confianza de empresarios y consumidores. En el caso de los consumidores, está claro que la inflación reducirá su capacidad de consumir; en el caso de las empresas, será el incremento de la incertidumbre lo que reducirá sus deseos de invertir o ampliar su actividad. Esto, lógicamente, tiene un impacto sobre la actividad crediticia de los bancos", explica Víctor Alvargonzález, director de estrategia y socio fundador de la firma de asesoramiento independiente Nextep Finance, a Business Insider España. 

Tras varios aplazamientos, las moratorias de los créditos concedidos con el aval del ICO para hacer frente a la pandemia vencen durante estos meses. Una situación que, unida a la inestabilidad del entorno económico, podría complicar las cuentas de los bancos de cara al segundo semestre. 

"El incremento de la morosidad no debería ser inicialmente el mayor problema puesto que, insisto, pese a todo, la economía española sigue recuperándose, aunque lo haga de forma cada vez más débil como consecuencia del mal ambiente económico generado sobre todo por el efecto rebote de las sanciones, que dispara la inflación", apunta el experto. 

"La morosidad, de todos modos, sí podría empezar a hacer acto de presencia según se va deteriorando la situación y sobre todo según se van reduciendo el consumo y la inversión ante el temor a que las cosas vayan a peor. Cuanto más se deterioren las expectativas, y más baje el ánimo de empresarios y consumidores, más se notará en la actividad crediticia", señala. 

En cualquier caso, desde los reguladores crecen las peticiones de prudencia a la banca. El Banco de España, en su memoria de supervisión, ya advertía a los bancos de que, aunque la morosidad estaba en el entorno del 3%, era necesario "mantener la prudencia" por si esta repuntara una vez que se retiren las medidas de estímulo implementadas para amortiguar el impacto económico de la pandemia del COVID-19. 

Una vez que el BCE ya ha anunciado la primera subida de tipos de interés, en julio —los incrementará en 25 puntos básicos—, la institución ha pedido también prudencia a los bancos

La incertidumbre sobre el futuro 

Desde la patronal bancaria, la presidenta de la AEB, Alejandra Kindelán no ve motivos de alarma, por el momento. "La morosidad está en niveles muy bajos; está en niveles que no dan ninguna señal de preocupación, tenemos que seguir muy de cerca la subida de tipos", apuntó.

Kindelán destacaba que el empleo se está comportando bien y esta es una de las variables "críticas" para la morosidad. "La banca está tranquila, no estamos viendo señales de preocupación", añadió. 

"Es difícil prever hoy cuál va a ser el camino de la morosidad". Y destacó que la situación actual es mejor que la que se preveía cuando se desató la crisis del COVID.

Con estos mimbres, las cuentas del segundo semestre estarán marcadas por la evolución de la economía y será necesario esperar para ver si la balanza se inclina del lado de los impactos positivos o al contrario. 

Por el momento, las previsiones económicas apoyan el optimismo de los bancos, con unas expectativas de crecimiento que oscilan alrededor del 4% para 2022. El problema vendrá si el escenario más adverso entra en juego. 

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