Biome Makers, de Valladolid a California: la startup que analiza el suelo para convertir 'desiertos' en tierra fértil

Alberto Acedo (izquierda) y Adrián Ferrero, fundadores de Biome Makers.
Alberto Acedo (izquierda) y Adrián Ferrero, fundadores de Biome Makers.

Biome Makers

  • Biome Makers, una startup de origen español afincada en California, se dedica a analizar el ADN de la tierra para proporcionar información a empresas agrícolas y mejorar la calidad de los cultivos.
  • La compañía prepara el lanzamiento de una máquina con la que recomendar soluciones para el campo a los profesionales tras recibir unos 11 millones de euros en una ronda de financiación hace un mes.
  • Con laboratorios en Sacramento y Valladolid, quieren abrirse paso en un mercado emergente.
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Curar la tierra, mejorar los cultivos y convertir lo que hoy son zonas casi desérticas en lugares fértiles. 

Son objetivos loables y fáciles de enunciar, pero extraordinariamente difíciles de conseguir, especialmente en un momento en el que el uso de productos químicos para tratar la tierra se ha convertido en norma.

Lo ha hecho tras aumentar de forma exponencial la productividad de la misma en los últimos años.

En concreto, desde 1961, la producción total de alimentos (sobre todo cultivos de cereales) aumentó en un 240% hasta 2017 debido a la expansión de la superficie terrestre y al aumento del rendimiento. La producción de algodón aumentó en un 162% hasta 2013, según un informe del IPCC.

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La Organización de Comida y Agricultura de Naciones Unidas cifra en la actualidad en 1.500 millones las hectáreas de tierra se utilizan para labranza y cultivos permanentes, lo que representa ya aproximadamente el 11% de la superficie del mundo. 

Con esto en mente, hay quien está dispuesto, al menos, a intentar cambiar la dinámica. Una de las empresas que más avances está consiguiendo al respecto es Bio Makers, una empresa de origen español afincada en California, EEUU.

Fundada por Alberto Acedo, científico molecular, y Adrián Ferrero, empresario y experto en economía, dos leoneses del municipio de La Bañeza que se conocieron de niños compartiendo clases de judo, hoy la empresa cuenta con un laboratorio en Valladolid con el que analiza sus muestras europeas y otro en Sacramento, en California, que presta servicio a empresas del resto del mundo.

Su funcionamiento es, en esencia, más o menos simple, pero la cantidad de datos que hay detrás es inmensa.

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Básicamente, toman muestras de tierra, analizan todos y cada uno de sus componentes y proporcionan la inmensa cantidad de información que generan a las empresas que acuden a ellos.

Con esos datos, estas pueden tomar mejores decisiones acerca de cómo tratar la tierra para que esta ofrezca mejores resultados para sus cultivos. 

"No son asesorías al uso, porque nosotros no nos dedicamos a decir a las empresas lo que tienen que hacer. Sí que les damos formación para que sepan interpretar los indicadores que ofrecemos y les hablamos, si nos lo piden, de lo que ha funcionado en otras empresas con problemas parecidos a los suyos", explica Ferrero a Business Insider en conversación telefónica.

Entre las compañías con las que trabajan se encuentra, por ejemplo, el Grupo Alimenta, un conglomerado peruano que incluye firmas que operan con emulsificantes, agricultura regenerativa y algas, entre otros productos.

Los precios de Biome Makers van desde los 2 euros por hectárea hasta los 20, dependiendo de la complejidad del proyecto. 

La rentabilidad que pueden llegar a alcanzar las empresas que siguen una hoja de ruta acorde a los resultados que obtienen oscila también, según los cálculos de la empresa, entre el 1% o el 2% de lo que invierten en reparar su tierra hasta el 20% si se trataba de un problema concreto que se ha resuelto.

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Esto, detalla Ferrero, sin contar el ahorro que supone en muchos casos dejar de usar productos químicos que resuelven ciertas incidencias a corto plazo pero que a la larga provocan más problemas de los que resuelven.

Precisamente para impulsar soluciones que miren más allá de lo inmediato, la empresa está desarrollando una máquina para que en los próximos años será posible analizar rápidamente los componentes de cualquier terreno y que ofrecerá de forma casi inmediata una posible solución para el mismo a través del análisis masivo de datos. 

Este dispositivo, junto con una clasificación de explotaciones agrícolas basada en las prácticas que se han llevado a cabo con el terreno y cuyo funcionamiento será parecido al certificado energético, marcarán el futuro de Biome Makers.

Para ello, acaban de levantar una ronda de financiación de algo más de 11 millones de euros. Sumados a los casi 2 millones de euros que consiguieron en 2016 y a los más de 5 de 2019, su recaudación total se acerca a los 20 millones de euros

Se trata de un espaldarazo inversor que refleja que los empresarios perciben la idea de Acedo y Ferrero no solo como algo deseable sobre el papel para el medio ambiente: cuidar la tierra en el medio en el largo plazo, opinan, es rentable.

Este último movimiento es un punto y seguido en una historia de emprendimiento que arrancó hace casi una década. 

De cuidar la salud a cuidar la tierra

Biome Makers no es la primera empresa de estos dos socios. Antes, a principios de la década de 2010, trataron de aprovechar los conocimientos de Acedo en análisis genético para ayudar en la detección temprana de enfermedades.

El resultado de este enfoque fue Ac-gen Reading Life, una empresa ubicada en Valladolid que, cuenta Ferrero, se topó con las reticencias de un sector sanitario en el que los cambios han de introducirse siempre muy poco a poco.

"Recibíamos más reconocimiento fuera de España que dentro. Cuando hablábamos con potenciales clientes y les decíamos que, para algunas cosas, de una muestra de saliva se podían extraer los mismos datos que de una de sangre, nos miraban raro", recuerda Ferrero.

Convencidos de que la velocidad de crecimiento del sector sanitario en cuestiones tecnológicas no iba a ser nunca la que ellos deseaban, decidieron volver la mirada a la tierra. Literalmente. 

Se fijaron en León, en sus viñedos y, sobre todo, en las casi 80.000 hectáreas de plantaciones de maíz que despiertan en este territorio comparaciones con el Medio Oeste de EEUU, donde también son comunes los inmensos campos con esta planta. 

Se centraron también en los agricultores locales de la región y en sus dificultades cada vez mayores para sacarle beneficio a la tierra que cultivan. 

Y pensaron que, si con sus conocimientos habían sido capaces de diagnosticar enfermedades en seres humanos, tal vez podrían hallar también los males que aquejan a los terrenos cultivables.

La idea demostró pronto tener recorrido. En 2015, Ilumina, una aceleradora de startups, escogió su proyecto para asesorarlos. Después llegaron las sucesivas rondas de financiación y el crecimiento. 

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"Estamos abriendo un mercado novedoso. Igual que los drones nos han permitido saber cómo es un terreno a vista de pájaro, nuestra tecnología permite ver con claridad qué pasa por debajo", resume Ferrero.

"Cuando juegas con la tierra, ahorras en otros insumos. Basta con estimular el suelo para conseguir unos ratios de producción muy altos", ahonda el empresario, que subraya que esto es especialmente importante en países como España, que se están desertificando.

Tanto es así, que el país, según la web del Ministerio de Transición Ecológica, ha repoblado en los últimos 150 años 5 millones de hectáreas, lo que supone un 10% de todo el territorio.

"El 95% de lo que comemos viene de un modo u otro del suelo. Lo tenemos que cuidar", subraya Ferrero.

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