¿Es buena idea subir los salarios para aguantar una inflación desbocada?

Ilustración: economía y finanzas personales

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  • Por un lado, trabajadores y sindicatos reclaman subidas salariales para aguantar el encarecimiento de la vida. Por otro, el Gobierno y los analistas piden evitarlas, porque podríamos caer en un círculo vicioso de inflación desbocada.
  • Mientras no se compensa la subida de la inflación, quienes más sufren son las rentas bajas, pero el aumento de costes también afecta a las empresas en un momento crítico para la recuperación.
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2021 termina con un dato que escuece: la vida es más cara y la subida de salarios no da para llegar a fin de mes como antes. 

La inflación subió un 6,5% interanual en diciembre, pero los salarios pactados en convenio apenas lo han hecho un 1,47% en el mismo periodo. En términos reales, los sueldos no sólo no suben, sino que caen más de cuatro puntos respecto al coste de vida. Es la mayor caída de salarios en el siglo XXI.

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Después de un año de subidas, los efectos de la tensión de precios ya se ven en las calles. De las protestas de los trabajadores del metal en Cádiz a las marchas contra la subida de la luz o las movilizaciones convocadas por los sindicatos pidiendo un aumento de sueldos acorde a la inflación. 

Unos reclaman subidas, pero desde el Gobierno, el propio presidente ha pedido evitar que la escalada de la inflación "acabe impregnando al resto de la economía". Una recomendación que también hacen desde el Banco de España o el BCE.

Entonces, ¿Hay que subir los salarios o no? En Business Insider España analizamos esta cuestión con la opinión de expertos económicos.

1. ¿Realmente se ha perdido poder adquisitivo?

"Los salarios deben crecer, y lo deben hacer acorde con el ritmo de aumento de los bienes que necesitamos en nuestro día a día", ha advertido el secretario general de la Unión Sindical Obrera, Joaquín López.

Es cierto que en 2021 los trabajadores han perdido poder adquisitivo. Pero el dato de inflación que importa no es el 6,5%, que fue la subida sólo del mes de diciembre, sino la inflación media anual, que en 2021 fue del 3,1%, explica Ignacio de la Torre, economista jefe y consejero de Arcano Partners y director académico de IE Business School.

Frente a ese aumento, los salarios por convenio apenas han subido un 1,5%, la mitad que la inflación. La pérdida de poder adquisitivo en 2021, por tanto, fue de aproximadamente 1,6 puntos.

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Gonzalo Bernardos, profesor Titular de Economía de la Universidad de Barcelona, sin embargo, avisa de que se ha desviado el foco del dato que importa: 

"Aquí todo el mundo hace la fotografía de 2021. Pero habría que hacer la película de la crisis, sumando 2020 y 2021. Entonces se verá que no ha resultado nociva para los trabajadores".

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2020 fue un año nefasto para la economía. Pero a pesar de ello, los salarios subieron un 1,75%, y la inflación cayó un 0,3% en el año. Los trabajadores, por tanto, ganaron un 2% más en poder adquisitivo.

"Si miras la evolución de inflación-salarios en el conjunto de 2020 y 2021, resulta que el poder adquisitivo ha subido, y eso que el PIB todavía está un 5% por debajo de los niveles prepandemia", añade Bernardos.

2. Mientras no se compensa, se está purgando el consumo y a las rentas bajas

El problema es que la inflación seguirá al alza en 2022. Funcas calcula que en los primeros meses del año las subidas continuarán en el 5%, alcanzando niveles no vistos desde principios de los noventa.

"Cuando viene un episodio como el actual de fuerte inflación, por mucho que en el medio plazo pensemos que se moderará, si los salarios no permiten al trabajador compensar parte del alza estamos purgando la capacidad de consumo de rentas medias y bajas, que son más de las que creemos", avisa Francisco Vidal, economista jefe de Intermoney.

Duele en el bolsillo, porque los productos que más suben de precio son precisamente bienes de primera necesidad que se consumen a diario. La luz, por ejemplo, se disparó un 72% en diciembre, cincuenta veces más que los salarios.

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"Se están encareciendo mucho los alimentos, la energía... Productos que tienen un peso mayor en la cesta de la compra de personas con rentas más bajas. Es normal que se quiera recuperar poder adquisitivo", explica María Jesús Fernández, economista senior de Funcas.

Esto es especialmente peligroso para un país como España, cuya economía depende del consumo, y en un momento clave para la recuperación económica, cuando la mitad de las esperanzas están puestas en la reactivación del consumo de las familias.

Sin embargo, esta pérdida de poder adquisitivo podría verse compensada por los más de 60.000 millones de euros ahorrados durante los meses de parón de actividad en la pandemia, argumenta De la Torre.

3. El peligro de subir los salarios: destrucción de empresas y caer en un círculo vicioso de subidas

Pero al mismo tiempo, subir los salarios puede ser un movimiento muy peligroso. 

"El aumento de la inflación ahora es resultado de un shock exógeno, del encarecimiento de las materias primas, la energía, el transporte...", apunta María Jesús Fernández.

A diferencia de otros momentos en la historia, cuando la inflación subía como consecuencia de la expansión de la economía, ahora no estamos en un momento económico precisamente boyante.

"Ahora nuestro país es más pobre que antes", añade Fernández. El PIB de España todavía no ha recuperado los niveles prepandemia, y una subida de salarios implicaría también un aumento de costes para las empresas, que también están sufriendo la escalada inflacionaria.

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Las empresas sólo tendrían dos formas de reaccionar ante estos aumento de costes (por la inflación y por una hipotética subida de salarios):

1. Las empresas que no pueden trasladar el incremento de costes a precios finales porque exista mucha competencia interna en su sector tendrán que reducir márgenes de beneficio, lo que podría provocar caída de producción y empleo y, en momentos críticos como el actual, incluso la destrucción de empresas.

2. Las compañías que sí puedan repercutir el aumento de costes en los precios, lo trasladarían. Pero entonces, advierte Fernández, "entraríamos en una espiral de subidas de precios muy peligrosa". Las empresas incrementarían precios, y la inflación seguiría subiendo, lo que provocaría todavía más reclamaciones de subida salarial, y así hasta el infinito.

Para detener este círculo vicioso, los bancos centrales terminarían subiendo los tipos de interés, y esto sería como echar el freno de mano en la economía en un momento crítico para la recuperación. 

Es el gran error de la última crisis, que ahora el BCE se cuida de volver a cometer. En 2008 el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, subió tipos de interés demasiado pronto, y esto cercenó el consumo y enfrió las economías europeas.

4. Pérdida de competitividad: Pan para hoy y hambre para mañana

"Hay que moverse en equilibrios muy delicados", señala Francisco Vidal: La empresa que pueda, debe subir los salarios, pero hay empresas que no podrá porque erosionen su posición competitiva".

Es otro gran riesgo al que se enfrenta España. La economía española es una de las que más está sufriendo la subida de la inflación, por encima de la media sus socios europeos. 

Cuando la subida de salarios se debe a la inflación y no a que las empresas produzcan más (ganancia de productividad), se puede producir una caída de la competitividad.

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"Necesitas una subida, pero no te puedes pasar subiéndolos si no va acompañado de productividad, porque vas a empeorar tu posición competitiva. Esto puede convertirse en pan para hoy y hambre para mañana", avisa Vidal.

¿Por qué? Porque si no hay más productividad quiere decir que las empresas españolas seguirían produciendo lo mismo, pero les costará mucho más hacerlo (por la inflación y los costes salariales) que a sus competidoras europeas. 

La única buena noticia, matiza Vidal, es que, aunque en España esté siendo más acentuado, como el episodio inflacionista ha sido global, puede ser que otros países también suban salarios.

"Es más fácil que las subidas salariales sean asumibles porque se va a dar en otros países, como en EEUU, donde en diciembre el salario medio por hora aumentó un 4,7%. Si todos los países suben el salario, la pérdida de competitividad no es tanta".

5. Una subida igual a la inflación subyacente

Si los sueldos suben, apunta Ignacio de la Torre, no tienen que hacerlo mirando el aumento del 3,1% de la inflación media anual, sino el de la inflación subyacente.

La inflación subyacente mide la subida de precios excluyendo productos de alta volatilidad, como alimentos o energía, muy expuestos a tensiones exógenas (como sequías o por los acuerdos entre países de la OPEP). 

Si se tiene en cuenta la inflación subyacente, la subida de precios no llega al 2% en 2021. "Tendríamos que centrarnos más en la inflación subyacente y poder hacer un ajuste vía productividad, como hacen otros países", añade.

"Una vez incrementas el coste salarial, ahí se queda. Reducirlo es mucho más costoso, a no ser que la empresa tenga una situación de estrés severa", coincide Vidal.

Cada empresa, cada sector, tiene una situación particular en relación a cómo encaja las subidas de costes, cuánto puede aumentar su productividad, cómo le afecta la posición competitiva exterior... Por eso, Vidal recomienda evitar indexar las subidas salariales al IPC, "porque dan una respuesta muy homogénea a realidades muy distintas".

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