Lo bueno y lo malo que dejó la reforma laboral de 2012: creó empleo a toda prisa pero aumentó la desigualdad y castigó más a los jóvenes

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  • La reforma de 2012 pudo salvar 900.000 empleos y ser responsable de aproximadamente un 32% de la reducción del paro durante la recuperación.
  • Cuando la recuperación se asentó, empezaron a verse los efectos secundarios: se disparó la temporalidad, los salarios se estancaron y se amplió la brecha de desigualdad, que los jóvenes han sufrido más. 
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¿Qué tienen en común la pizza con piña y la reforma laboral de 2012? Que no hay término medio: o la defiendes a ultranza, o la detestas. Desde el espaldarazo del PP, que asegura que España sólo podrá crear empleo si no toca la reforma, hasta Unidas Podemos, que critica que normalizó la precariedad y pide derogarla a toda costa.

Se ha hablado bien y todavía peor de la reforma aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy a principios de 2012, y que ahora el Gobierno negocia derogar, al menos parcialmente. 

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Pero entre el blanco nuclear y el negro absoluto hay una amplia escala de grises. Cuando se aprobó, la Comisión Europea dijo que iba en la "buena dirección", y todavía hoy mantiene que hay que preservar los avances que facilitaron una mayor creación de empleo. 

Eso no quiere decir que fuera perfecta, ni mucho menos. La reforma de 2012 introdujo una flexibilidad en el mercado que permitió acelerar la creación de empleo, lo que a su vez impulsó la recuperación económica. A costa, eso sí, de dar más seguridad a la empresa que a los empleados. 

Además, una vez se agotaron los vientos de la recuperación, aparecieron los efectos secundarios: Se disparó la temporalidad, y entre eso y la congelación de salarios, la brecha de desigualdad se agravó.

Lo bueno: creó empleo a toda prisa y aumentó la competitividad 

Siete años después de la reforma laboral, en diciembre de 2019, la tasa de paro en España era del 14,7%, frente a más de un 26% registrado en 2012. 

Es difícil calcular qué parte de esa reducción del desempleo es achacable directamente a los cambios introducidos por la reforma y cuál a la propia mejora de la economía, pero sí hay consenso en que la flexibilidad introducida por la reforma aceleró la creación de empleo.

En el segundo trimestre de 2013, algo menos de un año después de la aprobación de la reforma, el mercado laboral empezó a revertir la destrucción de empleo de los ejercicios anteriores. En cada uno de los años siguientes se crearon más de medio millón de puestos de trabajo, según un informe publicado en 2020 por el FMI, gracias a la mayor flexibilidad de la norma. 

Abaratar el despido tuvo algo bueno

"La reforma podría haber sido responsable de aproximadamente un 32% de la reducción del paro observada en la serie desde marzo de 2012 a diciembre de 2015", señala un documento de Fedea.

¿Cómo? La nueva norma amplió las causas para los despidos procedentes, mientras que para los despidos colectivos quitó la exigencia de que las empresas necesitaran una autorización administrativa. Esto agilizó los procedimientos que tenían que cumplir las empresas para los ERE. También redujo la indemnización por despido a 33 días por año trabajado.

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La caída del coste del despido supuso un incentivo para empresas que no contrataban a más trabajadores por miedo a no poder afrontar el coste de las indemnizaciones si tuvieran que despedir en momentos difíciles. 

Al caer el coste de despido, la OCDE estima que se generó un incremento adicional de las contrataciones del 8% y que aumentó la salida del paro hacia el empleo, especialmente de los desempleados de menos de seis meses de duración. Según el organismo, la reforma contribuyó a “reforzar la competitividad y fortalecer la economía”.

La rebaja salarial pudo salvar 900.000 empleos

Además de la mayor flexibilidad en la salida y entrada en el mercado laboral, la posibilidad de efectuar ajustes vía salarios a través de una mayor flexibilidad en la negociación colectiva permitió el mantenimiento de miles de empleos. Esta facilidad favoreció que muchas empresas optaran por el ajuste vía precios (salarios) en lugar de vía cantidades (empleo). 

¿Cómo? La reforma de 2012 dio primacía a los convenios colectivos de empresa sobre los sectoriales. También se permitió a las empresas descolgarse más fácilmente de los convenios colectivos y adoptar medidas de flexibilidad interna (incluida la bajada de salarios) con el objetivo de evitar que la extinción del contrato fuera la única vía de ajuste.

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Tras el pacto con los agentes sociales, los salarios se moderaron con retrocesos en términos reales. Según la OCDE, la reforma contribuyó a reducir adicionalmente los salarios en 1,5 puntos porcentuales, aproximadamente.

Las medidas de flexibilidad interna fueron adoptadas por el 27% de las empresas en 2014 y contribuyeron a frenar los despidos y reducir la destrucción de empleo por cada punto de descenso del PIB mientras duró la recesión. La rebaja salarial pudo salvar 900.000 empleos, según un informe de BBVA Research.

Las empresas estaban dispuestas a contratar con menos crecimiento económico

Como crear empleo era más barato, los empresarios estaban dispuestos a contratar a más empleados aunque el crecimiento económico fuera menor. 

En otras palabras, la reforma laboral rebajó casi a la mitad el umbral de crecimiento económico necesario para crear empleo. Antes de la reforma era necesario que la economía creciera a tasas del 2% para que empezara a crearse empleo. Después de 2012 bastaba con que el PIB aumentara anualmente menos de la mitad, un 0,7%, para que se produjera un aumento en la contratación, según datos de Funcas.

Lo malo: Alta temporalidad y más desigualdad de rentas

Sí, la reforma de 2012 facilitó la creación de empleo, pero a costa de darle mucho más poder a las empresas y menor seguridad a los trabajadores, lo que pudo resultar en una mayor desigualdad de rentas.

"Algunos cambios de la reforma tendrían que haber sido coyunturales, algo temporal por el momento de crisis que atravesaba la economía. Pero mantenerlos sine die es darle un poder a la empresa superior al que tienen los empleados", explica José Ignacio García Pérez, catedrático de economía en la Universidad Pablo de Olavide y autor del informe de Fedea.

Por otro lado, no llegó a solucionar el gran problema del mercado laboral Español: la temporalidad más elevada de la Unión Europea. 

El desequilibrio de la 'flexiseguridad': Más 'flexi' que 'segura' para el trabajador

Después de la crisis financiera, la palabra flexiseguridad estaba en boca de todos. ¿Qué significa? 

"La reforma propuesta trata de garantizar tanto la flexibilidad de los empresarios en la gestión de los recursos humanos de la empresa como la seguridad de los trabajadores en el empleo y adecuados niveles de protección social. Esta es una reforma en la que todos ganan, empresarios y trabajadores". Así se definía la flexiseguridad de la reforma en la orden publicada el 11 de febrero de 2012 en el BOE.

Pero, ¿de verdad ganaron todos? 

"La reforma de 2012 fue fundamentalmente en el primer sentido y dejó bastante que desear en el segundo. Hubo más flexibilidad, pero sin aportar más seguridad", apunta Raymond Torres, director de Coyuntura Económica de Funcas.

El cambio en la negociación colectiva inclinó la balanza hacia los empresarios

Antes de 2012, todo el poder de bloqueo estaba en los sindicatos. Lo que pactaran empresarios y sindicatos en el convenio sectorial mandaba sobre lo pactado en los convenios de empresa, independiente de si las empresas habían participado o no en el sectorial. Además, cuando el convenio vencía, se renovaba automáticamente hasta que hubiera uno nuevo (la llamada ultraactividad).

La reforma de 2012 restó importancia a los convenios del sector. "De alguna manera eso es menos protector para el empleado, porque en sector hay mayor poder de negociación", añade Torres.

¿Cómo? La reforma dio primacía a los convenios colectivos de empresa sobre los sectoriales. También se permitió a las empresas descolgarse más fácilmente de los convenios colectivos y adoptar medidas de flexibilidad interna (incluida la bajada de salarios). Además, la ampliación de los convenios colectivos tras su fecha de finalización (la ultraaactividad) se limitó a un año en caso de que no se alcanzara un acuerdo entre empresa y trabajadores.

Esto acercó la negociación colectiva a la empresa, en un país donde más del 95% del tejido empresarial son pymes, y muchas no tienen comité de empresa que defienda los intereses de los trabajadores

Por ejemplo, en un bar, donde el poder de negociación de los trabajadores es limitado, el empleador puede dictar sus condiciones. "En algunos casos pudieron modificarse unilateralmente contratos laborales. En un convenio de sector esto es complicado porque se negocia en patronal", añade Torres.

Cuando la recuperación se asentó, la temporalidad se disparó

El problema es que, una vez la recuperación económica se asentaba, los beneficios de la reforma perdieron fuelle y empezaron a verse efectos secundarios, como la temporalidad o el estancamiento de los salarios, que han provocado una mayor desigualdad en la sociedad española. 

La reforma redujo la brecha en los costes de despido entre contratos indefinidos y temporales, al continuar con la medida adoptada ya en la reforma de 2010, consistente en aumentar gradualmente desde los 8 a los 12 días por año trabajado (a razón de un día por año entre 2011 y 2015) la indemnización por despido en los contratos temporales.

Durante los años de crisis la tasa de temporalidad descendió, al afectar los ajustes de las empresas en mayor medida a los trabajadores temporales por el menor coste del despido de sus contratos frente a los indefinidos. 

Pero la reactivación de la economía ha venido de la mano de un repunte en la cifra de contratos temporales, que hoy se sitúa en el 26%, el más alto de la Unión Europea (la media está en el 13,6%). 

La duración media de los contratos, de hecho, ha llegado a caer de tres meses en 2006 a 50 días en 2016.

Esto, en palabras del Banco de España, se debe a "los mayores incentivos que las empresas tienen para optar por este tipo de contratación en contextos de elevada incertidumbre".

El aumento de la temporalidad también ha afectado negativamente a la productividad. El aumento de los contratos temporales llevó a una caída en la inversión de las empresas en capital humano, y esto se tradujo en una disminución de la productividad de España, que aún hoy está muy lejos de otras economías avanzadas.

Los jóvenes, los más castigados

Los contratos temporales concentran una mayor presencia de jóvenes, por eso estas generaciones sufrieron en mayor medida el impacto de la crisis en el empleo.

Los jóvenes menores de 35 años cobran 815 euros al mes menos que los mayores de 45.

Durante los años de crisis, la tasa de paro juvenil llegó a superar el 55%, pero aún en 2019 se encontraba en el 30,5%, entre las más elevadas de la Unión Europea. Por eso, aunque la recuperación ha favorecido la creación de empleo entre los jóvenes, este es mayoritariamente temporal, por lo que incide en la precariedad de este segmento.

Los salarios se estancaron y aumentó la desigualdad

La precariedad también se observa en las diferencias salariales existentes entre quienes ya formaban parte del mercado laboral antes de la crisis y aquellos empleados que se han incorporado durante los años de recesión o después. 

“Las nuevas contrataciones (altas) conllevan salarios más bajos que los que tenían los trabajadores despedidos (bajas), y este mecanismo está teniendo un gran protagonismo en la gran moderación salarial que muestran los salarios medios”, señala un informe de Fedea.

La existencia de ajustes salariales (más acusados en salarios más bajos), junto a elevadas tasas de paro de larga duración y un aumento de la temporalidad y rotación se tradujo en un aumento en la desigualdad de la renta y en un empeoramiento de los indicadores de pobreza, medido por ejemplo en el coeficiente de Gini. 

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Según este indicador, aunque la desigualdad ha disminuido en los últimos años, se encuentra en un nivel significativamente más alto que al inicio de la crisis (más de un 5% por encima), mientras que el porcentaje de personas en riesgo de pobreza también ha aumentado durante la criss y se sitúa en niveles superiores a otros países del entorno.


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