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El cambio climático redibujará el mapa de viñedos en el mundo: ante la llegada del vino sueco, al vino español le queda apostar por la excelencia

Vino en La Rioja
REUTERS/Pablo Sanchez
  • El cambio climático amenaza los cultivos, dada la vinculación al clima de la vid.
  • El aumento de la temperatura está haciendo que se acelere el proceso de maduración, con vinos con mayor nivel de alcohol y menor acidez.
  • Algunas predicciones hablan de cómo para el 2050 el mapa de los viñedos en el mundo puede ser totalmente distinto.
  • Ante esto, las bodegas están optando por alternativas que van desde cultivos a mayor altura a recuperar nuevas variedades de uvas.
  • De acuerdo a  Robert Savé, coordinador de vitivinicultura del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (IRTA) de la Generalitat de Cataluña, ante estos cambios y con la posible entrada de nuevos actores en la industria vitivinícola, el vino español debería optar por especializarse hacia "niveles de producción de excelencia".
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Mientras que hoy algunos políticos se permiten el lujo de abandonar los acuerdos de París o preferirían salvar una catedral al pulmón del planeta, para aquellos que trabajan la tierra el cambio climático no es ya un tema a debatir, es una realidad que lleva amenazándonos mucho tiempo. 

Por ello incluso prefieren referirse a este como "realidad climática". Es el caso de Robert Savé, coordinador de vitivinicultura del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (IRTA) de la Generalitat de Cataluña.

A sus 65 años recuerda como en su infancia rompía hielo de los huecos de los árboles en los inviernos de Barcelona.

"Todo eso ha cambiado. Ahora una persona de 20 años ha vivido una situación totalmente distinta a mi historia". Por eso no le gusta tanto el término cambio. 

"El cambio es la sensación de algo que tiene que llegar", pero esto ya no es así, reconoce.

"Ya ha llegado. Ya estamos en él y cada vez se incrementa más", advierte Savé.

Pero con esto no buscan alarmar, bajo su criterio, la alama paraliza. Lo que prefiere es hablar de "tema preocupante", a la hora de abordar el cambio climático. Lo que debería llevar a "tomar conciencia y buscar la solución al mismo".

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Una solución que en el caso de los viñedos se hace más apremiante que nunca. La vid está fuertemente ligada al clima. Y los cambios en este claramente están teniendo consecuencias sobre los cultivos.

Y sobra decir lo que se juega España en ello.

Con casi un millón de hectáreas, nuestro país lidera en superficie de vid. También estamos a la cabeza en exportación mundial y entre los tres primeros junto a Francia e Italia en producción

En cuanto a facturación, las exportaciones españolas de vino cerraron 2018 en los 1.986 millones de litros, lo que se tradujo en un 2.912,7 millones de euros, según datos del Observatorio Español de los Mercados del Vino. Una cifra récord alcanzada a pesar de que las exportaciones sufrieron una caída en volumen del 14%, pero en cambio aumentaron en valor un 2%.

¿Hasta qué punto el cambio climático pueda acabar con todo ello?

Clima y vid, una relación de precisión

La vid es una especia muy adaptada a condiciones climáticas muy determinadas, explica a Business Insider Ignacio Morales Castilla investigador de la Universidad de Alcalá cuyos estudios se centran en cómo el cambio climático afecta a las distintas variedades de uva.

"Las características del clima necesarias para obtener uvas de calidad para producir vino son temperaturas cálidas durante el verano pero con inviernos fríos". A este cabe sumarle que "la lluvia no debe darse durante el proceso de maduración, sino antes, en la primavera".

También juega un papel fundamental las bajadas de temperatura que se comienzan a dar en las noches de verano. Este balance entre calor diurno y frescor nocturno hace que la maduración de la uva sea óptima.

En otras palabras, el proceso en el que las uvas comienzan a acumular azúcares (relacionado con el grado de alcohol del vino) y a reducir sus niveles de acidez.

cómo el cambio climático afecta al vino
Sergio Perez/ Reuters

Las condiciones climáticas para poder generar una buena floración y una buena maduración de la uva parecen casi una máquina de precisión que no puede alterarse. Y ahí es donde entra el cambio climático.

No solo se trata del aumento de la temperatura que se está experimentando, (el famoso 1,5 grados de los que no deberíamos subir). También  de un descenso de la pluviometría al que deben adaptarse los viñedos.

Pero en su opinión lo más destacable es la "incertidumbre que se produce año tras año". Savé la ejemplifica muy bien:

"No se trata de 'primero me pondré unos zapatos más finos, después me quitaré los calcetines y finalmente iré con sandalias'. No, el problema es que esta mañana puedes ir con botas y al mediodía necesitar sandalias. Esa es la gran brutalidad que hay".

Una brutalidad que hace difícil prever un sistema productivo estable en cuanto a cantidad y calidad.

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Efectos del cambio climático sobre los viñedos

"El efecto fundamental que ya se está observando, y que está más que constatado, es el adelanto de la maduración", resalta Morales.

En promedio desde 1980, que empiezan a manifestarse con más fuerza los efectos del cambio, ese adelanto se da en entre 2 y 3 semanas en la recogida respecto hace 30 o 40 años. Lo que conlleva consecuencias.

La principal es que el periodo para la maduración se acorta, lo que hace que aumente el grado de azúcar y con este el grado de alcohol de los vinos.

cómo el cambio climático afecta al vino
Sergio Perez/Reuters

Pero por otro lado no se está llegando al nivel de acidez deseado. Esto se debe a que la piel, que es donde están los colores y aromas, no madura a esa velocidad. Con lo cual se corre el riesgo de tener vinos desequilibrados.

Aunque no todas las regiones sufrirán igual.

De acuerdo a Morales, "las denominaciones de origen más continentales, hacia el interior de la península, viendo lo que predicen los modelos de cambio climático se van a ver más afectadas."

El mapa del vino podría ser muy distinto en el futuro

A medida que las temperaturas suben, ciertas zonas antes impensables para la vid comienzan a convertirse en terrenos más aptos.

Algunas predicciones apuntan a que en 2050 el mapa de viñedos podría ser muy distinto a lo que hoy es. 

Algo que incluso ya está conllevando al florecimiento de una industria vitivinícola hasta ahora impensable. Entre los más anecdóticos, los vinos escandinavos. Países como Dinamarca o Suecia parecen dispuestos a sacarle partido al cambio climático.

"En las próximas décadas, cultivaremos más vino en Escandinavia, mientras que los países que tradicionalmente han dominado la industria producirán menos", explicaba al New York Times, Moesgaard, fundador de las bodegas Skaersogaard Vin, en Dinamarca.

Según las cifras ofrecidas en ese mismo artículoDinamarca ha pasado de 2 viñedos comerciales a 90, en 15 años. Alrededor de 40 han surgido en Suecia  y en torno a una docena se localizan en Noruega.

China es otro país que podría despegar. A día de hoy se encuentra muy próximo en número de hectáreas de viñedo al de España, y todo apunta a que el gigante asiático es una oportunidad por explotar por el mercado del vino.

Como ejemplo la legendaria bodega francesa Château Lafite ya produce en el país.

“Nuestra historia como enólogos comenzó hace 150 años en Château Lafite en Francia. Hace diez años, decidimos comenzar la misma historia en China ", indica desde su página web Saskia de Rothschild, al frente de las bodegas.

Por supuesto el vino se sigue elaborando bajo el exclusivo procedimiento de Burdeos y es envejecido en barricas de roble francés. Pero la mezcla de Cabernet Sauvignon, Marselan y Cabernet Franc ha sido seleccionada de sus terrenos en el valle de Qiu Shan, en China.

No son los únicos, según Ignacio Morales otros productores franceses están comprando viñedos en el sur de Inglaterra. "Es un proceso que ya está pasando".

Por otro lado la reputación de ciertos espumosos ingleses es cada vez más palpable. Mientras, regiones como Champagne parecen encaminadas a calentarse peligrosamente.

cómo el cambio climático afecta al vino
Vincent West/ Reuters

En nuestro país, en el Penedés los cultivos de vino están subiendo en altura. 

Bodegas Torres es uno de los ejemplos de ello. Uno de nuestros mayores y más importantes productores de vino cuenta con terrenos a 1.200 metros de altitud en el Pre Pirineo.

"Hoy, todavía no es posible el cultivo de la vid, pero estamos convencidos de que en el futuro este marco será una gran oportunidad para determinadas variedades de uva", revelan en su propia web.

Si bien adquirir terrenos en zonas que se verán menos afectadas por el cambio climático puede ser una solución, esta es sin duda parcial. Por supuesto este desembolso solo es viable para grandes bodegas. Por otro lado, la imposibilidad de trasladar las 950.000 hectáreas de viñedos en España a la montaña.

Variedades de uvas y Denominación de Origen

Otra opción por la que es posible apostar es por la introducción de nuevas variedades de uvas. 

Una de las líneas de investigación de Ignacio Morales es precisamente recavar datos para saber cuáles son las variedades españolas que más podrían sufrir con el calentamiento global. El proyecto Iberian Future Wines recaba y analiza datos con el objetivo de cuantificar los efectos del clima sobre la productividad y la calidad de las principales variedades que mejor representan a los vinos españoles.

Según las conclusiones obtenidas de una investigación previa de Morales, de las aproximadamente 1.000 variedades de vid para producir vino que hay, el 80% de los viñedos en muchas partes del mundo se basan en tan solo unas 12 variedades.

Y muchas de ellas corren el riesgo de no adaptarse bien a las condiciones climáticas que parece que deparará el futuro. Aquellas con fenologías más tempranas se dibujan en las predicciones como las más vulnerables.

Puede costar imaginar un Ribera sin tempranillo. Pero el camino no es tanto ir por ahí. Más bien que variedades que puedan estar mejor adaptadas pasen a formar parte de "la mezcla".

Aquí nos encontramos de frente con las estrictas condiciones que impone la Denominación de Origen. Pero todo apunta a que ante el calentamiento de las temperaturas ciertas regiones deberán repensar, discutir y evaluar sus métodos.

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Algo que ya está pasando y en tradiciones tan asentadas como la de Burdeos, ya se han permitido la entrada de 7 nuevas variedades de uvas en la elaboración de este clásico vino.

Una vez más Bodegas Torres es otro de los ejemplos de ello en nuestro país. Forcada, pirene, gonfaus, moneu y querol, son las variedades de uva que la familia Torres ha recuperado y con las que lleva tiempo experimentando por su potencial enológico.

Y quizá no sean la excepción.

"Si el cambio climático se sigue agravando y no somos capaces de limitarlo, es posible que las Denominaciones de Origen tengan que plantearse al menos expandir o ampliar esa listas de variedades que permiten.", considera Morales.

Especializarse hacia la calidad

Todo apunta a que cambiarán muchas cosas, desde la cantidad de vino que producimos y campos que no serán productivos hasta factores como el mercado global.

Y ante esto qué cabe esperar. ¿Los míticos terruños italianos, españoles y franceses convertidos en viejo recuerdo mientras que Suecia pasará a ser sinónimo de grandes vinos?

Aunque no sabemos con certeza cómo de drásticos serán los cambios climáticos que deparará el futuro, no parece que esto vaya a suceder.

Pero estos nuevos actores del vino pueden suponer un rival en calidades más bajas. Y aunque España exporta mucho vino, lo hace en gran medida en esta línea.  De los 22 millones de hectólitros de vino exportados anualmente, el 56 % se hace en forma de graneles, según datos del Ministerio de Agricultura.

Lo que abarata el precio. Para hacerse una idea, España es el segundo exportador que más barato vende.

El precio medio de nuestros vinos por litro se posicionaba en 2018 en 1,25 euros, solo superado por Sudáfrica que vende su vino a un precio promedio de 1,23 euros el litro.

"España tendrá que tomar una decisión clara sobre qué tipo de producto quiere hacer", aconseja Savé.

Y pienso que con producto de baja calidad no nos posicionaremos nunca. Hemos de llegar a niveles de producción de excelencia".

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