El cambio climático te está robando horas de sueño: así afecta a tu cuerpo y mente

Cambio climático

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Un nuevo estudio advierte de que el cambio climático te está robando horas de sueño. De forma más concreta, unas 44 al año. 

Publicado en la revista One Earth y liderado por Kelton Minor de la Universidad de Copenhague en Dinamarca, el informe pone de manifiesto que las altas temperaturas causadas por el calentamiento global propician una pérdida notoria en la duración del sueño, lastrando 11 noches de descanso anuales.

El método egipcio, la curiosa técnica para dormir bien cuando hace mucho calor

Las mediciones previas acerca del impacto de las temperaturas nocturnas por encima de la media se habían visto limitadas por circunscribirse a regiones individuales, registros autoinformados o estudios de laboratorio. 

Todo cambió con esta investigación, para la que se analizaron datos de pulseras de seguimiento del sueño utilizadas por 48.000 personas en 68 países entre 2015 y 2017. A continuación, la información se combinó con 7 millones de registros de datos meteorológicos globales.

Las noches inusualmente cálidas provocan que la gente se duerma más tarde, se levante antes y descanse menos

La evidencia obtenida en el estudio apunta a que las noches anormalmente cálidas provocan, de media, una pérdida de 44 horas de sueño anuales. La cifra rebasará las 58 horas para 2100 si las emisiones no se controlan. Si se frena el calentamiento global, el número se quedaría en 50 horas menos de sueño para final de siglo. 

Las pérdidas se observaron a lo largo de las estaciones, la demografía social y los diferentes climas, aunque los climas más cálidos exacerbaron el problema.

“Esta es la primera evidencia a escala planetaria de que las temperaturas más cálidas que el promedio erosionan el sueño humano. Mostramos que la erosión del sueño ocurre principalmente al retrasar el momento en que las personas se duermen”, apunta a New Sciencist  Kelton Minor. En total, se duerme un 3% por este fenómeno. 

Si las emisiones siguen aumentando, habrá más de 15 noches cortas de sueño al año. En la mejor de las perspectivas, serán 13. Además, las regiones más cálidas del mundo podrían experimentar 7 noches adicionales de sueño corto por año. 

¿Quiénes son los segmentos más afectados? Los habitantes de países de bajos ingresos —con acceso reducido a ventiladores eléctricos y aire acondicionado—, las mujeres y las personas mayores. 

Los ancianos son los peor parados: para los mayores de 65 años, el efecto sobre el sueño de un aumento de 1 °C en la temperatura mínima durante la noche fue al menos el doble que en los grupos de edad más jóvenes.

Además, otro hallazgo interesante es que las personas no son capaces de modificar su comportamiento diario para combatir la falta de sueño, ni logran adaptarse a lo largo de una estación. Dicho de otro modo, les resulta más fácil dormir bien en una noche calurosa a finales de verano que en el comienzo estival. 

Anomalía de la temperatura media mundial de la tierra y el mar en relación con la temperatura media de 1961-1990.

"Dado que sabemos que la falta de sueño puede afectar negativamente el estado de ánimo, el comportamiento, la salud y el funcionamiento cognitivo, esto es preocupante", se lamenta Susan Clayton del College of Wooster (Ohio). De hecho, investigaciones previas apuntan a que, cuanto más frío hace, mejor duerme la gente.

En noches muy cálidas, con más de 30 grados centígrados, los autores hallaron que la duración del sueño disminuyó en un promedio de 14 minutos. Por otro lado, las temperaturas nocturnas superiores a 25 grados centígrados aumentaron ligeramente la probabilidad de dormir menos de 7 horas.

A largo plazo, los minutos perdidos de sueño pueden tener un impacto negativo en la salud y el bienestar emocional, mental y físico de las personas. En las noches húmedas, disipar el calor del cuerpo es una tarea todavía más difícil para el organismo. 

La muestra del estudio tiene algún sesgo, como el hecho de que los wearables para monitorizar el sueño tienden a ser más usados por hombres de mediana edad en países de ingresos más altos, por lo que podría haber una subestimación de los resultados reales.

Echándole un vistazo al brutal incremento de las noches tropicales ibéricas, en Madrid se han duplicado desde mediados del siglo XX a la actualidad, sumando ya una media de 35 noches tropicales al año. 

El litoral mediterráneo se cobra la peor parte, ya que la cantidad de noches tropicales se ha multiplicado por 5 o 6 desde los años ochenta. 

Hoy en día, localidades como Alicante experimentan unas 90 noches ecuatoriales al año. No en vano, gráficos como este muestran que el verano no ha parado de alargarse desde 1950, fenómeno que no deja de expandirse como si de mantequilla derretida se tratase.

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