El interior de Chernobyl sigue rugiendo: el incremento del número de neutrones provoca que los científicos no puedan "descartar la posibilidad de un accidente"

Un empleado camina por el reactor dañado de Chernobyl, el 25 de marzo de 2021.
Un empleado camina por el reactor dañado de Chernobyl, el 25 de marzo de 2021.
Gleb Garanich

Reuters

  • La madrugada del 26 de abril de 1986 tuvo lugar una prueba, en malas condiciones, del reactor número 4 de la central de Chernobyl, provocando uno de los peores accidentes nucleares de la historia.
  • Ahora, un grupo encargado de velar por su seguridad, ha descubierto un incremento lento del número de neutrones, algo que les ha llevado a no poder "descartar la posibilidad de un accidente".
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Corría la madrugada del 26 de abril de 1986 cuando un equipo de seguridad de la central de Chernobyl (antigua Unión Soviética y actual Ucrania) se dispone a hacer pruebas en la unidad número 4 de la misma, el reactor más nuevo, para observar si el núcleo tenía capacidad para refrigerarse.

Este hecho es importante en cualquier central nuclear de este tipo, ya que es necesario que la energía de las turbinas sea capaz de generar la electricidad suficiente para las bombas de refrigeración, tal y como explica en un estudio César Sánchez, ingeniero operador de la Central Nuclear de Trillo, en Guadalajara (España)

Hay una gran población de animales radioactivos en la zona de exclusión de Chernobyl, a pesar de ser tóxica para los humanos

Según este, para realizar dichas pruebas de seguridad se han de garantizar lo que se conocen como Objetivos de Protección: asegurar la parada del reactor; asegurar la refrigeración del núcleo, y asegurar el confinamiento de la radiactividad. Sin embargo, nada de esto se cumplía. "Es como si a un camión le anulamos los frenos, bloqueamos la dirección y lo soltamos por una cuesta abajo", compara Sánchez.

A consecuencia de la prueba en malas condiciones, el grafito comenzó a arder, el combustible se fundió y empezaron a expulsarse al exterior miles de toneladas de radiactividad, con una temperatura que alcanzó los 2.500 ºC. Ante tal desastre de magnitudes descontroladas, se echaron materiales absorbentes de neutrones en su interior y se construyó una especie de sarcófago.

Un sarcófago bastante ineficaz

El sarcófago de Chernobyl en 1998.
El sarcófago de Chernobyl en 1998.
Efrem Lukatsky

Reuters

Debido a las fisuras de este sarcófago, conocido como "refugio", el mismo permitía que la lluvia se filtrara al interior de la unidad número 4, lo que provoca que el mismo agua ralentice o modere los neutrones, aumentando peligrosamente la capacidad de dividir los núcleos de uranio en su interior, en lo que se conoce como fisión nuclear.

En 1990, un científico especializado en Chernobyl tuvo que adentrarse en la radiación del interior de la sala dañada para prevenir esto, mediante una solución de nitrato de gadolinio, algo que absorbe neutrones y minimiza el peligro de que se liberen materiales radiactivos a la atmósfera. Aun así, años más tarde, se construyó un rociador de este compuesto en el techo del refugio, aunque no lograba llegar a todas las salas.

Para intentar prevenir la desestabilización del refugio, se procedió a construir otra estructura en 2016, denominada Nuevo Confinamiento Seguro (NSC), la cual costó 1.500 millones de euros. El NSC se encarga de evitar que la lluvia se filtre y, consecuentemente, el recuento de neutrones disminuya. Sin embargo, nuevas mediciones están rastreando, ahora, señales de fisión y un aumento considerable de neutrones.

Los peligros del aumento de neutrones

Según ha informado Science, la semana pasada, Anatolii Doroshenko, del Instituto de Problemas de Seguridad de las Plantas de Energía Nuclear (ISPNPP), de Kiev (Ucrania), se encontró con un incremento del número de neutrones, mientras que debatían en una reunión cómo desmantelar el reactor.

El Nuevo Confinamiento Seguro (NSC) lleva en pie desde 2016 y se encarga de proteger las ruinas del reactor de Chernobyl.
El Nuevo Confinamiento Seguro (NSC) lleva en pie desde 2016 y se encarga de proteger las ruinas del reactor de Chernobyl.

Getty Images

“Hay muchas incertidumbres”, ha explicado Maxim Saveliev, del ISPNPP. "Pero no podemos descartar la posibilidad de [un] accidente". Así, según Saveliev, los neutrones crecen lentamente, por lo que los científicos aún tendrían tiempo para adelantarse a una posible amenaza que liberaría una radiactividad sin control por Europa.

Aun así, existe un problema importante a tener en cuenta: los niveles de radiación presentes en la habitación más problemática, la 305/2, impiden que se puedan instalar sensores. Además, no se puede rociar con nitrato de gadolinio, a no ser que se desarrolle un robot que pueda soportar dichos niveles de materiales de combustión.

En este sentido, los materiales de combustión se están desintegrando, debido a la alta radiación y a la humedad, algo que puede complicar los planes de desmantelamiento. Sin embargo, Ucrania tiene previsto comenzar el almacenamiento de estos, en colaboración con el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. Una tarea que, sin duda alguna, puede suponer un gran peligro para los operadores y para Europa.

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