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La próxima táctica de China para salvar su economía será exportar la distopía al resto del mundo

La próxima táctica de China para salvar su economía será exportar la distopía al resto del mundo
AP
Opinión
  • Los campos de detención donde el gobierno chino ha internado a más de un millón de uigures musulmanes tienen un doble propósito.
  • No solo reprimen a lo que el gobierno chino considera una minoría problemática en su frontera occidental, sino que también sirven de laboratorio para el desarrollo de tecnología de vigilancia por parte de las empresas chinas.
  • China debe exportar estas herramientas como parte de su plan para transformar su economía en un líder mundial en desarrollo tecnológico.
  • "No es raro que las colonias de la periferia se conviertan en laboratorios de vigilancia y control que luego se replican en otros lugares", dice Philip Thai, historiador de la China moderna en la Northeastern University. "Están haciendo muchas pruebas en un área remota y contra un pueblo que no está tan organizado o conectado políticamente".
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Es importante entender lo que está ocurriendo en Xinjiang, la remota provincia donde el Partido Comunista Chino ha internado a más de un millón de uigures musulmanes y ha transformado la región en una distopía de vigilancia y terror.

Porque para cumplir sus promesas económicas, China debe exportar sus métodos de represión en Xinjiang a nosotros, el resto del mundo.

Esto es parte del plan del gobierno chino para sacar a su economía de la deuda y, al mismo tiempo, evolucionar de ser el centro mundial de fabricación hasta ser un líder en desarrollo tecnológico, un plan llamado "Made in China 2025".

"Para subir en la cadena de valor, China tiene que poseer la tecnología del futuro: la inteligencia artificial, la vigilancia", dice Philip Thai, historiador de la China moderna en la Universidad Northeastern. "China cree que campos como este podrían ayudarla a escalar la cadena de valor para conseguir los máximos beneficios de la exportación de estas tecnologías en lugar de quedarse cortos y que compañías extranjeras capten la mayor parte de las ganancias".

Entramos en Xinjiang. Para lograr el doble objetivo de desarrollo tecnológico y una sociedad china más ideal, la China de Xi Jinping ha convertido la región en un campo de pruebas para un vertiginoso conjunto de herramientas de vigilancia hechas a medida para el uso de gobiernos autoritarios.

Hay algoritmos que predicen la actividad de un individuo, desde lo benigno hasta lo peligroso. Hay una base de datos que se basa en 68.000 millones de registros, lo que hace que la base de datos del FBI de 19 millones parezca un juego de niños. Y, por supuesto, está la tecnología de reconocimiento facial. Según The New York Times, los científicos chinos han estado recolectando muestras de sangre de los uigures para encontrar una forma de mapear el rostro de una persona a partir de su ADN.

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Para aumentar los beneficios y garantizar la perfección tecnológica, esta tecnología debe salir de China.

La tecnología de reconocimiento facial, por ejemplo, debe probarse en diferentes tipos de rostros. Es por eso que CloudWalk — una empresa de reconocimiento facial utilizada en Xinjiang — firmó un acuerdo de "cooperación estratégica" con el gobierno de Zimbabue. Necesita nuevos tipos de caras para poder aprender a reconocer a diferentes tipos de personas.

El impulso para desarrollar este tipo de tecnología se ha vuelto más imperativo a medida que la economía china se ha ido desacelerando en los últimos años. Sectores como la industria manufacturera y la industria pesada que solían impulsar su economía están declinando y cargados de deuda, por lo que el gobierno necesita nuevas fuentes de crecimiento para continuar impulsando el milagro económico chino.

Y, por supuesto, el tiempo sigue avanzando hacia "Made in China 2025", el año en el que China planeaba relanzarse al mundo como un gigante tecnológico. Si lo hace, será, en parte, gracias a los descubrimientos científicos realizados a través de la opresión

Artux City Vocational Skills Education Training Service Center in Artux in western China's Xinjiang region.
AP Photo

Viejo, nuevo e imperativo

En cierto modo, lo que está ocurriendo en Xinjiang es una vuelta atrás a los terrores del fundador del Partido Comunista Chino, Mao Zedong. Mao creía que el PCCh podía convertir a la gente en el ciudadano perfecto, que podían ser "reeducados" en campos de trabajo.

Xi Jinping ha dado a esta idea una nueva vida, pero hay dos formas clave en que la nueva marca de horror es diferente a todo lo que China ha visto en los siglos XX y XXI.

Por un lado, la violencia de Xi es racista. Mao creía que el PCCh debía evitar el "chovinismo Han", la represión de las minorías raciales de China por su mayoría étnica china Han. Xi no lo ve de esa manera. Está obsesionado con la caída de la URSS y, según Thai, cree que el tipo de diversidad que Mao tomó prestada de ese antiguo imperio contribuyó a su caída. La comprensión de Xi del ciudadano chino ideal exige más homogeneidad, más laicidad.

Pongamos ese racismo junto con la otra nueva característica de la violencia de Xi — un imperativo económico para desarrollar tecnología de vigilancia lo más rápidamente posible — y se tiene lo que James Millward, un profesor de historia de la Universidad de Georgetown, llama "discriminación impulsada por el machine learning".

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"Xi dejó de'esconder su lámpara y esperar su momento' demasiado pronto", dice Millward citando un proverbio sobre el ascenso gradual y silencioso de China al poder. "Xinjiang hace que China 2025 parezca Black Mirror. Ha contaminado la marca tecnológica china".

Una investigación de Victor Shih, profesor de economía política en la Universidad de California, muestra que en los últimos dos años, el Partido Comunista Chino casi ha dejado de reunirse para reformar las masivas empresas estatales de China, algo que las economías avanzadas — y especialmente la administración Trump — han estado impulsando durante años. En su lugar, el gobierno se centra en reunir los recursos del Estado para lograr objetivos políticos y económicos específicos. Y lo que ha ocurrido en Xinjiang forma parte de esos objetivos.

"Hace una década, el sistema financiero arrojó recursos a las empresas estatales para que pudieran generar crecimiento", explica a Business Insider Dinny McMahon, investigadora del Instituto Paulson, un centro de investigación dedicado a las relaciones entre Estados Unidos y China.

"Hoy en día, las empresas estatales todavía pueden acceder a los recursos financieros, pero se espera que generen crecimiento en formas que sirvan al interés nacional y asegurando que su cultura de trabajo interna sea políticamente correcta. El papel de las empresas estatales ahora tiene que ver tanto con el control del Partido sobre la sociedad como con la estructura de la economía".

De esta manera, lo que está sucediendo en Xinjiang es una doble solución para lo que Xi cree que necesita China. Es una solución para la falta de cohesión social, y es una manera de asegurar el avance económico y el liderazgo global con características del Partido Comunista Chino.

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Un telón de acero de vigilancia

En 2018, Hank Paulson, ex Secretario del Tesoro de los Estados Unidos y fundador del Instituto Paulson, pronunció un discurso advirtiendo de que Estados Unidos y China — a través de sus diferentes ajustes de cuentas — podrían encontrarse accidentalmente detrás de un "telón de acero económico". El mundo una vez más, dijo, corre el riesgo de dividirse en dos.

Un año más tarde retoma su discurso, diciendo que el peligro de que se desarrolle este telón de acero económico es aún más agudo, especialmente en lo que se refiere a la tecnología.

"Algunos en Estados Unidos ahora abogan por un régimen tecnológico al estilo de la Guerra Fría", dice. "Y esto se debe en parte al creciente consenso de que China ha estado utilizando políticas y estrategias que fomentan el desarrollo nativo de la alta tecnología para establecer sus propios estándares y, en última instancia, perseguir la autosuficiencia".

Paulson tiene razón, en parte. Hay algunos en Washington que se ponen nerviosos ante la idea de la autosuficiencia china, y deberían centrarse más en el desarrollo tecnológico de Estados Unidos.

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Por otro lado, el discurso de Paulson está incompleto. En él, no hace mención de la vigilancia ni de Xinjiang, de la represión como medio para el avance tecnológico. Menciona el valor occidental de la apertura, pero no el valor occidental de los derechos humanos.

No mencionar esos valores simplifica la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China en este momento. Y corre el riesgo de permitir que el planeta se divida detrás de un telón de acero de vigilancia, creando un mundo en el que algunas personas se liberen de las armas tecnológicas de vigilancia masiva y otras no.

Si vamos a reconocer lo que está ocurriendo en Xinjiang, tenemos que reconocer que es un campo de pruebas para ese tipo de armas y que el objetivo de China es enriquecerse a través de llevarlas al resto del mundo.

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