Nadie sabe de quién es el cohete que impactó en la Luna, un gran problema que pone de manifiesto la urgencia de acabar con la basura espacial

Imagen de la Luna junto a un cohete de la misión Artemis 1 de la NASA, el 15 de junio de 2022.
Imagen de la Luna junto a un cohete de la misión Artemis 1 de la NASA, el 15 de junio de 2022.

Reuters

Hay quien tira la piedra y esconde la mano y, en cuanto a basura espacial se refiere, ocurre exactamente lo mismo.

En marzo de este mismo año, la noticia saltaba a los titulares: una pieza desechada de un cohete fuera de servicio se dirigía directamente a la Luna. No es algo extraño, aunque como cabía esperar, nadie reclamó la autoría del impacto en el satélite.

En un primer momento, se creyó que la autoría del impacto tenía como protagonista a Elon Musk. Un hecho que no sería tan extraño, ya que SpaceX es una de las compañías privadas que mayor cantidad de basura espacial ha abanadonado en la órbita.

Aun así, las miradas se dirigieron rápidamente a China, debido a que muchos de sus lanzamientos no se hacen oficiales ni se publicitan, con lo cual las agencias extranjeras no pueden identificar de quién es toda la basura que flota en entorno de gravedad cero.

Este pequeño error del reconocimiento de la autoría se debió a Bill Gray, un aficionado a la astronomía que realizar software para la detección de cometas y asteorides potencialmente peligrosos para la Tierra.

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Gray aseguró en marzo que un Falcon 9 de SpaceX impactaría sobre el satelite lunar, aunque más tarde The New York Times rectificó, gracias al programa Horizons de la NASA, una extensa base de datos que tiene localizado casi 1,2 millones de objetos del Sistema Solar.

Así, Jon Giorgini, responsable de Horizons, escribió en un correo electrónico al diario neoyorquino que el responsable del impacto era China. Concretamente, la nave espacial Chang'e-5 T1, lanzada el 23 de octubre de 2014.

Dicha misión consistía en rodear la Luna y volver de regreso a la Tierra, como un avance de lo que sería la misión Chang'e-5 de 2020, que recogería rocas y polvo del satélite para su estudio en la Tierra.

Lo único que cierto es que, según reconoció Gray, la transparencia de agencias y compañías privadas en este sentido tiene aún que mejorar. Todo ello para que el universo no se convierta en un nuevo vertedero de basura sin responsabilidad alguna.

De momento, la Agencia Espacial Europa estima que existen alrededor de 36.500 piezas de basura espacial de más de 10 centímetros, un peligro para el planeta que, tanto empresa privadas como agencias gubernamentales, han de resolver.

"Sería muy bueno si las personas que están poniendo estos propulsores en órbitas altas revelaran públicamente lo que pusieron allí y hacia dónde se dirigían, en lugar de que yo tenga que hacer todo este trabajo de detective", denunció Gray.

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