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Científicas españolas en la Antártida contra el cambio climático

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Uxúa López, Alicia Pérez Porro y Alexandra Dubini, las tres científicas que van a la Antártida para estudiar el impacto del cambio climático. Cortesía de Acciona.

La Antártida. El más lejano confín, el último rincón virgen de la Tierra en la imaginación de tantos. Virgen también a los cambios y a las novedades: hasta los años 30 del siglo XX no lo pisó una mujer, y la primera española no entró en él hasta 1987, Josefina Castellví.

Treinta años después, 80 mujeres quieren repetir esos titulares y convertirse en una potencia de género: viajan a la Antártida para, básicamente, hacerse ver, dejarse notar como líderes de los distintos campos de la ciencia que abanderan, pero también para estudiar y contar cómo afectan el cambio climático y sus consecuencias al Polo Sur. Entre ellas tres españolas y una francesa asentada en Córdoba que presentaron ante los medios este proyecto, llamado Homeward Bound Project, a principios de febrero, pocos días antes de marcharse a los fríos del Polo.

Alicia Pérez Porro (barcelonesa, bióloga marina que estudia el cambio climático en las esponjas marinas), Uxúa López (navarra, ingeniera de telecomunicaciones y experta en energías renovables), Alexandra Dubini (francesa afincada en Córdoba, experta en biocombustibles y producción de hidrógeno a través de algas) presentaron este proyecto en Madrid, ya con sus abrigos polares puestos. Junto a ellas estará en el Polo Sur, del 18 de febrero al 10 de marzo, Ana Payo (oceanógrafa zamorana), que no acudió al estar ya en Argentina de camino a la Antártida. A todas las une la ciencia y la lucha por una mayor visibilidad femenina en la misma, aunque sea en un entorno bajo cero.

Eso es lo que busca la iniciativa Homeward Bound: "Preservar el planeta, impulsar el liderazgo femenino". Y para ambas cuestiones, nada mejor que la Antártida. "Es algo icónico, simbólico para el desarrollo de proyectos, pero también es como el canario en la mina: donde todo se nota primero y más rápido", desgrana Alicia Pérez Porro ante los medios en una concurrida presentación.

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Pérez Porro da una idea que explica claramente la necesidad de llevar mujeres a la Antártida. "Te hablan de la Antártida y la ciencia, cierras los ojos y visualizas un montón de hombres en medio del hielo. Tampoco es que te imagines a muchas mujeres allí… Pero mañana una niña va a ver lo que hacemos y va a decir: 'Esto es lo que yo quiero hacer de mayor'. Es algo que tiene que estar en el imaginario colectivo", apunta. 

No son solo percepciones, también hay datos. "En una encuesta de 2015, el 63% de los españoles creía que las mujeres no estaban capacitadas para ser científicas de élite. Claro, con un 18% de premios científicos en España y con sólo el 3% de los premios Nobel de Ciencia para las mujeres...", explica. Ellas no van con el objetivo de ganar un Nobel, ni de realizar un experimento concreto. Lo que quieren es observar qué pasa allí con un plan de acción en su barco, el Antarpply, y observar las consecuencias del cambio climático en este entorno. 

"Somos 80 participantes, 80 mujeres con 80 historias diferentes, vamos a ver qué acciones ponemos en común", explica Uxúa López, esta ingeniera que trabaja en la empresa Acciona y que ha sido la que ha puesto la primera piedra para conseguir financiación para el proyecto por parte de la misma. La expedición cuesta casi 20.000 euros por cabeza y ellas tienen que financiar el 40% del mismo, de ahí que necesiten ayuda y mecenazgos varios, desde para los vuelos como para los seguros de viaje o los equipos, muy técnicos y caros.

"Las mujeres no formamos parte de los equipos de toma de decisiones y los estudios demuestran que los equipos más equitativos funcionan mejor. Queremos tener voz y voto en la toma de decisiones", explica Pérez Porro, que cree que esto ayudará a "aportar un nuevo punto de vista". Su compañera Alexandra Dubini también lo tiene claro: "Las mujeres tenemos una capacidad innata de liderazgo y queremos tener una voz en la ciencia, tenemos que tenerla". Más aún en la ciencia española, donde todas están de acuerdo en que hay una gran talento y se hace un trabajo excelente.

"La ciencia española es buenísima, hay mentes brillantes. En Estados Unidos se aprecia muchísimo. Tendemos a pensar que el Gobierno no nos da nada y que no se puede hacer ciencia, pero también hay que buscar empresas que inviertan en ciencia. Además, unas le abrirán la puerta a otras", aseguran. Como ellas quieren abrir esas puertas a las niñas que mañana serán futuras científicas. 

De ahí que también trabajen junto a la fundación Inspiring Girls (creada por Miriam González Durántez, esposa del ex viceprimer ministro de Reino Unido, Nick Clegg) para trasladar el mensajes y así ayudar a esas niñas a imaginarse en la Antártida y a las mujeres del futuro a pisarla. Quizá dentro de unos años, estas cuatro pioneras o esa vieja historia de Josefina Castellví allá por 1987 suenen, más que a ciencia, a ciencia ficción.

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