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Los científicos creen que fusionaremos nuestra mente con las máquinas mucho antes de lo que creemos, y así es como lo están haciendo

Cerebro humano
Getty Images / asiseeit
  • En cualquier interfaz cerebro-ordenador la magia radica en los sensores que permiten la monitorización en tiempo real y con una sensibilidad nunca antes vista las señales cerebrales.
  • Para ello se emplean dispositivos externos, como diademas o ventosas, o sensores internos que requieren de cirugía para su implantación.
  • En un futuro, una interfaz cerebro-humano-nube mediada por nanorobots neuronales podría permitir a las personas el acceso instantáneo a todo el conocimiento humano acumulativo disponible.

Uno de los factores diferenciales del ser humano es su capacidad de raciocinio, de pensar y de imaginar. Un logro de la evolución que guarda su secreto en nuestro cerebro, de forma exclusiva. O al menos hasta ahora, porque el anhelo de hacer que nuestros pensamientos salgan del cráneo y puedan ser conocidos y explotados desde fuera de nuestro cuerpo no es nada nuevo.

De hecho, tenemos que remontarnos hasta finales de la década de los 30 para encontrar los primeros trabajos en esta dirección. En aquellos tiempos, el científico Hans Berger usó la electroencefalografía para entender cómo la actividad de nuestro cerebro variaba de forma notable en función de lo que estamos haciendo en cada momento. Ahí es cuando se descubrió que podían identificarse claramente las señales de nuestro cerebro y asociarlas con un significado específico. 

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Desde ese momento, el progreso ha sido constante. La ciencia ha continuado profundizando en la detección de las señales cerebrales y numerosos investigadores y empresas han planteado la posibilidad de construir dispositivos que traduzcan esos estímulos en acciones concretas. 

Son las interfaces cerebro-ordenador, un concepto que ya lleva varios años entre nosotros y en torno al que se están movilizando importantes inversiones en todo el mundo. Máxime si añadimos a la ecuación un término más, el de la nube, con el objetivo de añadir capacidad de procesamiento a esta particular simbiosis de naturaleza y robótica.

Tal y como recoge un informe publicado en Frontiers in Neuroscienceel término de interfaces cerebro-ordenador-nube fue propuesto por primera vez por el autor futurista e inventor Ray Kurzweil , quien sugirió que los nanorobots neuronales (idea a su vez de Robert Freitas) podrían usarse para conectar la neocorteza del cerebro humano a un "neocorteza sintética" en la nube.

En cualquier interfaz cerebro-ordenador la magia radica en los sensores que permiten la monitorización en tiempo real y con una sensibilidad nunca antes vista las señales cerebrales. Dentro de ellos hay dispositivos externos, como diademas o ventosas, que no requieren intervención quirúrgica para su implantación pero que resultan más incómodos y limitados. Y también existen sistemas colocados dentro del organismo, mediante cirugía, que incluso podrían atravesar la barrera hematoencefálica o dentro de las mismas células cerebrales.

Cerebros artificiales

Con todo ello, lo que obtenemos es sistemas que permiten transmitir las señales del cerebro hasta un procesador externo, ya sea un ordenador que accione un elemento (como un brazo robótico o un exoesqueleto) o una plataforma cloud. En esta última, lo que buscaremos será llegar a construir un megacerebro artificial, ya sea a nivel individual o colectivo.

"Una interfaz cerebro-humano-nube mediada por nanrobots neuronales podría permitir a las personas el acceso instantáneo a todo el conocimiento humano acumulativo disponible, al tiempo que mejora significativamente las capacidades de aprendizaje humano y la inteligencia", explica en ese artículo el profesor Nuno Martins. La misma tecnología también nos permitirá crear un futuro "supercerebro global" que conectaría redes de cerebros humanos individuales con herramientas de inteligencia artificial para facilitar el pensamiento colectivo.

"Aunque todavía no es particularmente sofisticado, ya se ha probado un sistema humano experimental (BrainNet) que permite el intercambio de información basada en el pensamiento a través de la nube entre cerebros individuales", explica Martins. "Se usaron señales eléctricas registradas a través del cráneo de los remitentes y estimulación magnética a través del cráneo de los  receptores" para realizar tareas cooperativas.

Estos supercerebros revolucionarán la forma de entender las relaciones entre un humano y sus pensamientos, las relaciones personales y nuestra conexión con las máquinas y los robots. Los científicos también creen que esta innovación podría revolucionar la democracia, mejorar la empatía y, en última instancia, unir culturalmente diversos grupos en una sociedad verdaderamente global.

Las interfaces cerebro-ordenador en un futuro cercano

En esta marcha imparable hacia la fusión de nuestros cerebros y las máquinas hay mucho dinero en juego. Como ya os contamos en este mismo medio, la consultora Juniper Research estima que actualmente apenas existen unos 350.000 dispositivos para conectar las señales de nuestro cerebro a un sistema informático. Pero, dentro de una década, se estarán comercializando alrededor de 25,6 millones de unidades de esta clase de tecnología.

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Siempre según estos datos, las aplicaciones de consumo vivirán un despegue tal que de los 100.000 consumidores que se estiman en estos momentos alrededor de todo el mundo pasaremos a un escenario de 13 millones de consumidores en 2030.

Y si nos fijamos a las tecnologías propiamente dichas, los electroencefalogramas (EEG) seguirán siendo la opción dominante. Su amplia difusión en el ámbito médico, su coste asequible y el hecho de que sea una técnica no invasiva son motivos más que suficientes para considerarla como la alternativa más habitual tanto hoy como en el futuro próximo.

Los proyectos más ambiciosos

Neuralink de Elon Musk

Pero, ¿cuál es el estado del arte en estos momentos? ¿Cuáles son los proyectos más ambiciosos en los que científicos y empresas están inmersos para traer cuanto antes estas interfaces cerebro-ordenador a la realidad?

Una de las iniciativas más interesantes en este sentido es la que lidera Neuralink, una empresa fundada en 2016 por el mismísimo Elon Musk, contratando a numerosos neurocientíficos de prestigio y alcanzando un acuerdo con la Universidad de California en Davis para llevar a cabo investigaciones con primates. El pasado marzo, científicos afiliados a Neuralink publicaron un artículo en el que se esbozaba una nueva técnica para implantar electrodos en el cerebro de ratas.

Mientras, la Universidad de California y Facebook también han iniciado un proyecto de interfaz cerebro-ordenador en 2017 con el fin de construir una especie de diadema que permitiera a la gente escribir a una velocidad de 100 palabras por minuto, simplemente pensando. Los investigadores también están usando lo que se conocen como 'matrices de ECoG', que son láminas de electrodos implantados directamente en los cerebros de los sujetos, un método altamente invasivo en pacientes que estaban siendo preparados para una cirugía de epilepsia.

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