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Las claves del triunfo de Bolsonaro en Brasil, según los expertos

Bolsonaro candidato a presidente en las elecciones de Brasil
Jair Bolsonaro, líder del PSL y de ultraderecha, señalan los expertos de este reportaje. Reuters

“El error de la dictadura fue torturar y no matar”.
“Prefiero que un hijo mío muera en un accidente a que sea homosexual”.
“Usted no merece ser violada porque es muy fea”.
Jair Bolsonaro.

Brasil es el quinto país más grande del mundo. Equivale a 17 veces el territorio de España, cuadruplica nuestra población con 208 millones de habitantes y aporta el 40% del PIB de toda Latinoamérica.

Esta titánica nación ha elegido a Jair Bolsonaro para dirigir el primer gobierno de ultraderecha, racista, machista y xenófobo desde que la democracia se asentó de nuevo en el subcontinente.

Las encuestas de la segunda y definitiva vuelta de las elecciones presidenciales dicen que sí.

Bolsonaro aventaja en un 12% de intención de voto a su contrincante, Fernando Haddad, del socialista Partido de los Trabajadores (PT), una formación que históricamente se ha turnado con el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), de centro derecha.

¿Qué han hecho mal las formaciones tradicionales para que un outsider, un excapitán del Ejército retrógrado, defensor de las dictaduras militares y que aboga por dar carta blanca a la policía sea visto por los brasileños como la solución a sus problemas?

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¿Por qué ni si quiera Haddad, apadrinado del líder de la izquierda social y progresista latinoamericana, el expresidente Lula da Silva –hoy en prisión por corrupción- es capaz de frenar el populismo extremista de su rival?

La situación, coinciden los expertos, no es consecuencia de un solo factor.

Brasil arrastra un 12,1% de desempleo y una inseguridad nacional que se traduce en 64.000 asesinatos anuales -175 muertos cada 24 horas-, según el Foro Brasileño de Seguridad Pública.

Bolsonaro, que pregona las mismas recetas simplistas y efectistas que sus homólogos europeos o estadounidenses, ha prometido trabajo para todos y vía libre para que la policía dispare contra cualquier sospechoso.

De cómo generará esos empleos o de si la política de gatillo fácil contribuirá a mejorar la seguridad no hay explicaciones ni iniciativas concretas, solo promesas.

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