La experiencia "deshumanizadora" de una mujer sorda en un quirófano hizo que creara una compañía de mascarillas transparentes: ya ha vendido 12 millones de unidades en solo 7 meses

Una sanitaria lleva una de las mascarillas transparentes de la empresa ClearMask
Una sanitaria lleva una de las mascarillas transparentes de la empresa ClearMask

Imagen cedida por ClearMask

  • Allysa Dittmar tenía que someterse a una cirugía en 2015 cuando le ocurrió una pesadilla: su intérprete llegó tarde.
  • Dittmar nació con sordera, y no contar con su intérprete suponía que no podía entender lo que los doctores estaban diciendo sobre su operación.
  • Esa terrible experiencia le llevó a ella y a tres estudiantes a crear ClearMask, una mascarilla transparente aprobada por la agencia del medicamento estadounidense FDA.
  • ClearMask pasó de no tener ingresos en 2019 a superar los 12 millones de mascarillas vendidas desde abril, según dijo Dittmar a Business Insider por correo electrónico.
  • Conforme la compañía intenta cubrir la creciente demanda provocada por la pandemia, está teniendo que afrontar desafíos de escala.
  • Sin embargo, los cofundadores creen que el incremento de presión a su negocio les preparará para un éxito cuando pase la crisis.
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Imagínate tumbada en una mesa de operaciones bajo luces brillantes, a punto de pasar por una cirugía. Sabes que tus doctores te están hablando, pero no puedes oír una palabra de lo que están diciendo, y tampoco puedes leer sus labios porque todos ellos llevan mascarillas quirúrgicas.

Allysa Dytmar, que nació sorda, tuvo esa experiencia en 2015 cuando su intérprete de lengua de signos no llegó a tiempo para su cirugía.

"Fue una experiencia deshumanizadora" que le causó "un montón de ansiedad, confusión y medio", explicó Dittmar al Wall Street Journal.

Una pesadilla que ella no quería que nadie más viviera, por lo que dos años después junto a otras tres personas inventó una solución: ClearMask, la mascarilla transparente que fue aprobada este año por la FDA, la agencia del medicamento estadounidense.

ClearMask está experimentando un crecimiento de la demanda este año conforme cada vez más personas llevan mascarillas para protegerse de la pandemia, lo que dificulta la comunicación a aquellas personas que dependen de leer los labios y las expresiones faciales de su interlocutor. La compañía pasó de no ingresar nada en 2019 a vender más de 12 millones de mascarillas a todo el mundo desde abril, según aseguró su fundadora a Business Insider por correo electrónico.

(Dittmar declinó revelar los datos exactos de ingresos de su empresa, pero una caja de 24 mascarillas cuesta unos 108 dólares, 91 euros)

"No se trata solo de un producto para sordos", asegura Gerry Buckley, presidente del Instituto Técnico Nacional para la Sordera, a través de un intérprete de signos. "También hay veterinarios militares que están sufriendo pérdidas de audición, y abuelos que tienen problemas de comunicación. Cuando ellos van a una consulta de un doctor o al despacho de un financiero, la comunicación se convierte en una barrera para ellos", asegura.

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Ahora, conforme ClearMask intenta hacer crecer su negocio para responder al incremento de la demanda por la pandemia, sus cofundadores aseguran que los desafíos que están afrontando les permitirán dar una solución a millones de personas, incluso cuando la pandemia pase y las mascarillas no sean una necesidad diaria.

"No podíamos arreglar el problema porque nadie había inventado la solución"

Dittmar es una de las 48 millones de personas que sufren sordera o pérdida de audición en Estados Unidos, según la Asociación Nacional de Sordos del país. Ya que las mascarillas transparentes permiten leer los labios, ayudan al entendimiento y a interpretar las expresiones faciales, según el consejero delegado de esta asociación, Howard A. Rosenblum.

Las expresiones faciales son muy importantes en el lenguaje de signos, ya que pueden modificar lo que se está signando con las manos.

Imagen del equipo de ClearMask: Inez Lam, Allysa Dittmar, Elyse Heob y Aaron Hsu.Imagen del equipo de ClearMask: Inez Lam, Allysa Dittmar, Elyse Heob y Aaron Hsu.
Imagen del equipo de ClearMask: Inez Lam, Allysa Dittmar, Elyse Heob y Aaron Hsu.

Imagen cedida por ClearMask

Después de su mala experiencia en el hospital, Dittmar compartió su vivencia con un grupo de estudiantes de la Johns Hopkins University, entre los que estaba Aaron Hsu, que se convirtió en el consejero delegado y cofundador de ClearMask. Hsu tenía planeado acudir a la escuela de Medicina, pero decidió no hacerlo para crear la compañía.

"No podíamos arreglar el problema porque nadie había inventado una solución aún", explica Hsu, cuyos padres, que emigraron a Estados Unidos desde Taiwán sin hablar un inglés fluido, también dependen de las expresiones faciales para comunicarse. "Esto fue lo que me hizo decidirse, que era un problema muy obvio".

Dittmar y Hsu ficharon a compañeros de universidad de este último como Elyse Heob e Inez Lam, que ahora son las directoras de organización y tecnología de la empresa, para formar el equipo fudnador.

120 entrevistas en 6 semanas

Los cofundadores reconocieron que había tres grupos que estarían interesados en mascarillas transparentes: sanitarios que necesitaran llevarlas, pacientes que se beneficiarían de que los doctores las llevaran y administraciones que quisieran comprarlos.

Trabajaron con los responsables del programa de innovación de la sanidad pública estadounidense y entrevistaron a más de 120 personas en seis semanas para conocer lo que necesitaba cada grupo en específico.

Así, comprendieron que las mascarillas tenían que ser producidas en serie, cómodas, dar suficiente valor a los pacientes como para que las administraciones se decidieran a comprarlas, y diseñadas de manera que mostraran la mayor cantidad de cara posible, explica Hsu.

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Una de las respuestas más sorprendentes que recibieron fue que las tiras de agarre de las mascarillas podían molestar a quienes llevan audífonos, por lo que diseñaron ClearMask con una tira ajustable por detrás de la cabeza.

Además, añadieron gomaespuma a la parte de la mascarilla que toca con la cara, para evitar la incomodidad, y construyeron la mascarilla con un plástico que no se empaña para permitir que se pudiera seguir leyendo los labios. Hsu no quiso compartir más detalles sobre qué tipo de plástico utilizan, para evitar dar datos a la competencia.

La autorización de la FDA llegó justo a tiempo

Desde que crearon ClearMask, sus fundadores querían que las mascarillas fueran aprobadas por la FDA para su uso sanitario.

"No sé si lo necesitábamos seguro, pero queríamos hacerlo de la manera correcta", explica el consejero delegado de la empresa. "Queríamos mostrar que las mascarillas eran seguras y efectivas, porque hay mascarillas que no lo son", añade.

Estos emprendedores presentaron su producto a autorización a finales de 2019, y a principios de abril, conforme los casos de coronavirus comenzaron a aumentar en Estados Unidos, la mascarilla fue aprobada por la FDA para su uso en emergencias.

Los fundadores de ClearMask echaron a andar el negocio con una subvención de 150.000 dólares (126.500 euros) y luego recibieron otra inversión de 300.000 (253.000 euros) de la TEDCO, una institución para financiación de proyectos emprendedores del estado de Maryland.

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Escalaron rápidamente sus operaciones conforme la pandemia fue creciendo, pasando de fabricar un millón es mascarillas mensuales a cuatro. Contar con buenas relaciones con sus proveedores y utilizar un plástico que no tenía una alta demanda les ayudó a no tener problemas de suministro, explica Hsu.

Pero entonces llegaron los problemas de escala.

Para empezar, el equipo no tenía una cuenta bancaria más allá de la inicial, que estaba "en los huesos", según Hsu. Tuvieron que abrir una cuenta bancaria empresarial.

También tuvieron que pedir ayuda a sus socios de fabricación y logística, y encontraron que muchos de ellos estaban dispuestos a darles consejo o servicios para hacer que su empresa avanzara.

"Cuando empezamos a quemarnos, nos subió mucho la moral recibir mensajes de gente que nos decía: 'déjame ayudarte'", recuerda Hsu. "Hasta ahora, esa gente no nos ha pedido compensación", añade.

El equipo trabajó todos los días hasta la madrugada, corriendo contra el reloj y la demanda. "Cada día importaba, y estábamos en un sprint continuo", recordó el CEO de ClearMask.

Mirando hacia un futuro sin mascarillas

Hoy en día, esta empresa ve su futuro en expandirse más allá de Estados Unidos y llevar ClearMask a los colegios.

Conforme la pandemia impulsa la necesidad de mascarillas transparentes que dejen ver la cara, Hsu asegura que su empresa intentará concienciar sobre la importancia de su producto más allá de la crisis sanitaria, por ejemplo, para niños que tienen problemas de audición.

"Un montón de personas no entienden lo mucho que los niños dependen de la comunicación visual. Cuando tú les quitas esa parte innata de la interacción, no entienden todo lo que podrían", asegura el consejero delegado de esta empresa innovadora.

Este artículo fue publicado originalmente en BI Prime

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