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Los colegios y universidades deberían ser "los primeros en reabrir y las últimos en cerrar", según un grupo de científicos británicos

Una escuela de Tailandia reabre tras la pandemia del coronavirus con medidas de distanciamiento físico entre los alumnos
Una escuela de Tailandia reabre tras la pandemia del coronavirus con medidas de distanciamiento físico entre los alumnos. REUTERS/Athit Perawongmetha

  • Multitud de científicos británicos se posicionan en contra del cierre de las escuelas, oponiéndose al criterio del Gobierno y el sindicato de profesores.
  • De hecho, muchos defienden que la mayoría de los brotes escolares se centran en el personal docente y no en los alumnos, por lo que el punto de mira debería estar en el profesorado.
  • A la hora de tratar los efectos de la crisis en el sistema educativo, Comisionado y científicos coinciden en que el énfasis debería trasladarse a tratar la salud mental de los estudiantes, no tanto a su riesgo de contagio.
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A pesar de las imposiciones y cierres fruto de la pandemia de coronavirus en toda Europa, el Comisionado para la Infancia de Inglaterra ha dado un paso al frente en defensa de la apertura de colegios y universidades, que deberían ser "las primeras en reabrir y las últimas en cerrar bajo cualquier circunstancia", en palabras de la comisionada Anne Longfield. Y la comunidad científica se ha puesto de su lado.

Chris Whitty, uno de los líderes de la estrategia del Gobierno de Reino Unido contra el coronavirus y director del Instituto de Investigación Sanitaria (NIHR), asegura que el país está "cerca del límite" de sus facultades para relajar las restricciones y evitar el resurgimiento del COVID-19, pero que aun así no debería preocuparse por la reapertura de escuelas de cara al mes de septiembre, al menos en lo que respecta a Inglaterra y Gales.

Por su parte, la declaración de la Longfield llega un día después de que el Gobierno presidido por Boris Johnson advirtiera que Londres y otras ciudades importantes podrían ver impuestas nuevas restricciones en caso de rebrote, también para los centros educativos.

Sus representantes no han tardado en pronunciarse sobre el contencioso por medio de Kevin Courtney, secretario general adjunto del Sindicato Nacional de Educación —el mayor de Inglaterra y Gales—, que representa a los maestros. El exprofesor, en una declaración de esta semana recogida por el Financial Times, defendió que el papel de las reaperturas en las escuelas estuviera sujeto a la propagación del virus.

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"Necesitamos que la tasa de infección sea lo suficientemente baja para que la gente se sienta segura de volver a la escuela", sentenció Courtney. Pero las responsabilidades son también para la Administración, a la que insta a reducir el tamaño de las clases, así como a incluir nuevos espacios para la escolarización y contratación de personal en los centros.

A esta idea se oponen otros científicos como Mark Woolhouse, profesor de epidemiología en la Universidad de Edimburgo, quien niega la supuesta capacidad de las escuelas para convertirse en nuevos centros de contagio y rebrote para el país.

"No se puede decir que sean totalmente seguras [las escuelas], pero empiezo a pensar que los epidemiólogos hemos exagerado su papel en la transmisión de este virus porque pensábamos que sería como los demás y se propagaría de una forma parecida a la gripe, pero en realidad los niños no son buenos transmisores", confesó Woolhouse.

Por su parte Matt Keeling, profesor de poblaciones y enfermedades de la Universidad de Warwick, incide que en caso de rebrote en centros educativos, los verdaderos responsables serían, en todo caso, los profesores y no los niños.

"De hecho, la mayoría de los brotes escolares se centran en el personal docente y no en los alumnos, lo que refleja el hecho de que los niños más pequeños suelen ser menos susceptibles y pueden transmitir menos cuando están asintomáticos. La sala de profesores puede ser mucho más peligrosa que el aula".

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En su declaración,  Anne Longfield pidió que se hicieran pruebas regulares PCR a todos los alumnos y profesores, independientemente de que tuvieran COVID-19, para paliar rebrotes, burbujas de infección y monitorizar la enfermedad en el ámbito educativo, sobre todo de cara a vigilar el curso 2020/2021 e impedir que una segunda ola de coronavirus se confunda con el estallido de la gripe común, dando lugar a posibles cierres innecesarios.

Por otro lado, la comisionada ha puesto especial énfasis en las tutorías destinadas a la salud mental de los estudiantes, una de las grandes asignaturas pendientes a la hora de tratar la pandemia en las escuelas.

Según Longfield, la atención debería recaer más en el bienestar y la seguridad del alumnado antes que en refuerzos educativos, una opinión contraria al Gobierno y que es apoyada por gran parte de la comunidad científica.

Uno de los valedores de esta teoría es Michael Head, investigador principal de salud mundial de la Universidad de Southampton, quien aseguró al Financial Times que "hasta ahora ha habido falta de atención y ausencia de políticas dirigidas a la salud mental de los niños". "Las escuelas deben tener en cuenta los traumas y las pérdidas que los niños pueden haber sufrido durante 5 meses fuera del aula, no tanto en sus programas académicos".

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Al principio de la pandemia, todo el análisis se centró en la reducción de la carga sanitaria del propio COVID-19, como es lógico, pero "este énfasis debería desplazarse a los efectos sanitarios no relacionados con el COVID-19 sino con sus consecuencias: el confinamiento, la salud mental, la pérdida de escolaridad y educación, el enorme impacto económico y el daño al bienestar de la sociedad", concreta Woolhouse.

"Es evidente que los que están soportando la peor parte de esta pandemia son los niños y los jóvenes, que son precisamente menos susceptibles a la enfermedad", resume el experto.

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