"Tratar de comerme una manzana es como si me estuviera comiendo un rotulador o una pegatina": así encaran las personas que han perdido el gusto por el COVID el reto de comer cada día

personas comiendo en una terraza coronavirus

Reuters/Sergio Flores

  • La anosmia (o pérdida del olfato) y la ageusia (pérdida del gusto) se colocan como uno de los efectos más comunes del COVID-19, que en muchos casos puede tardar incluso meses en desaparecer.
  • Un reportaje en Eater muestra cómo es el reto de comer cada día cuando no se logra saborear ni oler los alimentos o bebidas. 
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En marzo de 2020, la Sociedad Española de Neurología ya recomendaba "contemplar la anosmia aguda como uno de los síntomas de la infección por COVID-19".

Fue uno de los primeros síntomas asociados a este virus que alertó a los científicos sobre los posibles cambios neurológicos que podría desencadenar en el organismo, y hoy la anosmia (o pérdida del olfato) y la ageusia (pérdida del gusto) se colocan como uno de los efectos más comunes del COVID-19 en los afectados.

Tras casi un año de pandemia, aún se desconocen algunos interrogantes vinculados a estos efectos. Entre las posibilidades de por qué ocurre, todo apunta a que en lo relativo a la pérdida de olor, se produce cuando el coronavirus infecta las células que sostienen las neuronas sensoriales de la nariz.

En cuanto a la duración de esta afección, hasta ahora no hay una respuesta clara.

Uno de los estudios más recientes sobre la prevalencia de este síntoma señala que el 86% de las personas que tienen COVID-19 pierden parte o toda su capacidad de oler durante unos 22 días. 

El MIT, por su parte, apunta en sus investigaciones que la recuperación completa después de la anosmia se coloca en los 28 días en el 98% de los pacientes analizados, mientras que un estudio iraní mostró que el 37% de las personas con disfunción olfativa seguían presentándola en algún grado seis u ocho semanas más tarde.

Todo lo que la ciencia sabe (y lo que sigue sin saber) sobre la pérdida del gusto y el olfato provocada por el coronavirus

Sobre el gusto existe menos evidencia conocida. Una investigación en Dinamarca descubrió que más del 40% de quienes tenían afectado este sentido no se habían recuperado del todo tras un mes y medio.

Qué comer cuando la comida no te sabe a nada

"He pasado un día y medio sin comer nada porque mi estómago ya no se comunica. (...) A veces, pasa hasta 2 horas terminando una comida", afirmó a The Wall Street Journal el pasado verano Matt Newey, un joven de 23 años residente en Utah, (Estados Unidos) tras meses sin olfato ni gusto. 

"Es muy raro porque yo percibo con la lengua lo salado, dulce, amargo o ácido, por ejemplo. Es decir, la lengua funciona, pero no me sabe la comida. Sé que lo que me estoy comiendo está salado, pero no sé lo que es si no lo veo o no identifico la textura. Si me das un filete de ternera o uno de cerdo, no sé diferenciarlos realmente", reconoció previamente a Business Insider España Belén, quien tras 6 meses después de haber superado la enfermedad, seguía sin haber recuperado su olfato y gusto.estos sentidos 

Ante esta perspectiva, comer se vuelve más una tarea rutinaria para satisfacer nutrientes que algo que se pueda disfrutar o incluso planear. No solo muchos sabores no se detectan, sino que la nueva forma de percibir estos hace que ocasiones resulten repulsivos.

Una mujer huele un queso durante una degustación.
Stefan Wermuth/University of the Arts Bern/Handout vía REUTERS

"En el mejor de los casos, los olores distorsionados tienen un olor muy químico y falso. Tratar de comerme una manzana es como si me estuviera comiendo un rotulador o una pegatina de rascar", afirma a Eater, la estadounidense Meema Spadola quien lleva más de 6 meses con estos efectos.

El medio ha elaborado un reportaje en el que intenta mostrar cómo enfrentan cada día el reto de comer 5 pacientes recuperados de COVID-19 que experimentan desde hace meses una pérdida o distorsión del gusto y el olfato.

Los entrevistados coinciden en remarcar que ahora priman las texturas de las comidas frente a otros aspectos, mientras recurren a la memoria para evocar el sabor de lo que comen.

¿Cuándo se supera la pérdida del gusto y el olfato provocada por el coronavirus?

Afirman que las comidas picantes y saladas se percibe mejor en la legua (también algunos quesos fuertes), pero otros alimentos, como las manzanas, el café o las cebollas, se han vuelto incomibles.

"Ahora mismo cualquier cosa con cebolla me huele putrefacto. Huele arriesgado como 'no te comas esto, es peligroso que lo comas'", comenta Nina Zilka quien lleva 10 meses arrastrando estos síntomas.

"Estoy prestando más atención a las texturas que antes porque, además de la nutrición, o fuera de buscar algo súper picante para sentir la sensación física de la quemazón, es la única forma de obtener algún tipo de interacción o disfrute con la comida", puntualiza Jonathan Jarrell, quien tras 4 meses sin oler o saborear afirma comer solo "para obtener los nutrientes".

Lo mismo para Robin Tanner, joven de 27 años que tras pasar el COVID-19 lleva 2 meses con anosmia y ageusia. 

"Me he vuelto más exigente con las texturas y con la utilización de alimentos que se van a cocinar mejor. Como no puedo saborear nada, comer se percibe más como algo que tengo que hacer en lugar de algo que espero con ansias".

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