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Cómo conocer gente local mientras viajas gracias a CouchSurfing

Bar japonés
El karaoke hacía parecer espacioso a cualquier apartamento de Nueva York Harrison Jacobs/Business Insider
  • CouchSurfing es una comunidad online que conecta a viajeros con personas locales para obtener alojamiento gratis.
  • Redescubrí la app en un viaje a Tokio hace un año.
  • En lugar de utilizar la aplicación para encontrar alojamiento, me centré en la característica de Hangout, que es una especie de cruce entre Airbnb y Tinder. Me ayudó a conocer a lugareños y pasar una estupenda noche.

En un viaje a Tokio el año pasado para ayudar con el lanzamiento de Business Insider Japón, me encontré como muchos viajeros por motivos de trabajo en una ciudad extranjera.

Mis compañeros de BI Japón no podrían haberme acogido mejor, llevándome a sus tiendas favoritas de fideos, aunque la mayor parte del tiempo estuve solo y por mi cuenta. Pasé noches enteras caminando por los callejones del barrio de Shibuya.

Al final del fin de semana, estaba ya bastante aburrido.

Fue entonces cuando redescubrí la aplicación CouchSurfing, una comunidad online que conecta a viajeros con gente local para conseguir alojamiento gratis en sus casas.

La he usado durante algunos años ya. Cuando me mudé a Nueva York, mi hermano era algo así como un superanfitrión. Su apartamento era un carrusel constante, con gente curiosa pasando mientras que yo también acabe alojándome en su salón. Fue una introducción a mi vida adulta.

Cuando Airbnb se convirtió en omnipresente, dejé de utilizar CouchSurfing, al igual que mucha gente.

Sin embargo, solo y aburrido en Tokio, abrí CouchSurfing y la encontré muy cambiada, más interesante. La compañía ha encontrado una forma de hacer que la comunidad -lo mejor de la app- conectara a través de una función llamada Hangout.

Para aquellos que no conocen qué es el CouchSurfing podríamos catalogarlo como una mezcla entre Airbnb y Tinder con la que puedes hacer nuevos amigos. Me ayudó a tener una de las mejores noches que Tokio me podía brindar y que no habría tenido de otra forma. Así es como ocurrió.

Cuando abres la aplicación, CouchSurfing te anima a "Viajar como un lugareño". En lugar de mostrarte potenciales lugares en los que alojarte, CouchSurfing ahora abre Hangouts

CouchSurfing
Harrison Jacobs/Business Insider

Para usar Hangouts simplemente tienes que ponerte como disponible. Puedes comenzar tu propia quedada escribiendo lo que quieres hacer o explorar otras que otros viajeros ya han creado en tu área. En Tokio había muchas opciones.

Cada Hangout tiene el perfil de una persona y lo que quiere hacer. Las actividades van desde cosas simples, como cenar o tomar unas cervezas hasta "Visitar el Museo de Arte del Área Metropolitana de Tokio" o "ir a una rave underground en Bushwick".

Una vez que te unes a una quedada, entras en un chat donde puedes acordar el plan o simplemente conocer a sus miembros. Lo mejor de todo es que mucha gente puede unirse a una misma quedada, de forma que "tomar cervezas" no es una mala experiencia si una de ellas resulta ser un idiota.

En la noche que probé esta característica en Tokio, entre a un grupo que iba a asistir a un concierto de rock ambiental en Stellar Ball llamado Tycho, en Shinagawa. Me uní y me dirigí allí un viernes por la noche.

Encontré a los couchsurfers reuniéndose cerca del bar, justo detrás de Stellar Ball. Tycho no había comenzado a tocar así que nos dio tiempo a conocernos

Couchsurfing
Harrison Jacobs/Business Insider

Algunos de los couchsurfers habían llegado solos, pero otros traían a amigos con ellos. Era una mezcla entre locales de Tokio con cierta influencia inglesa, un par de viajeros europeos y un americano, un veterano de la armada de Texas.

Para mi sorpresa, sólo uno de ellos había utilizado CouchSurfing para quedarse en el apartamento de alguien. En su lugar, todos habían utilizado la app para conocer a gente.

En unos pocos minutos, unos cuantos japoneses más se unieron al grupo, encontrándose con la chica que había organizado la quedada. Ella trabajaba en una tienda online local.

Fue al completo una experiencia sin igual. Tycho estuvo excelente, uno de los couchsurfers metió una botella de licor que bebimos entre todos y nos comportamos como amigos de toda la vida durante una sola noche.

Tras el concierto, uno de los couchsurfers sugirió que fuéramos a un izakaya cercano

Bar de Japón
Harrison Jacobs/Business Insider

El izakaya estaba en una callejuela estrecha cerca de Shinagawa, aparentemente detrás de otro restaurante. Jamás lo habría encontrado por mí mismo. El restaurante ni siquiera parecía tener un menú.

Pero no importó. Uno de los japoneses del grupo pidió algunas botellas de cerveza y sochu y algunos platos de comida para picar.

Poco después, un grupo de sarariman -como los japoneses llaman a los trabajadores de cuello blanco que trabajan más de la cuenta- arrancó a cantar canciones de borrachos. Cuando se calmaron, un señor mayor encendió quitó el fútbol de la TV y puso un karaoke. Cantó una canción que sonaba como el himno nacional, aunque nunca antes la había oído.

Supongo que el karaoke es común en cualquier parte de Tokio. La organizadora de la quedada sugirió ir a alguna otra parte.

Nos montamos en el último tren de la noche, sobre la 1 de la madrugada, y fuimos a Sangenjaya, una especie de laberinto de pubs, tiendas y restaurantes

Calle de Tokio
Gary Yim/Shutterstock

Uno de los amigos de la organizadora -no un couchsurfer- quería ir a su bar favorito en Sangenjaya. No había oído del lugar en mi vida, pero se parecía al Japón de callejones estrechos y caóticos que imaginaba antes de llegar.

Tras pasar la mayor parte de mi tiempo en Tokio en zonas limpias y de negocios,  agradecía ver esta parte de la ciudad.

El bar al que fuimos era uno de esos que sólo existen en Tokio, uno que probablemente jamás volveré a encontrar

Bar japonés
El karaoke hacía parecer espacioso a cualquier apartamento de Nueva York Harrison Jacobs/Business Insider

Escondido en lo profundo de un callejón, el guía señaló una puerta estrella y unas escaleras que conducían a un bar imposiblemente pequeño.

Apenas había suficiente espacio para dos o tres personas de pie frente a la barra la cual no era mucho mayor que la encimera de una cocina. Hacía parecer espacioso a los apartamentos más pequeños de Nueva York. Nadie estaba sentado, de todas formas. Las mesas habían sido puestas a los lados por una docena de gente del lugar que estaba cantando karaoke.

Cada dos minutos aproximadamente, dicho grupo gritaba "¡Armónica!" y el barman paraba lo que estuviera haciendo para tocar la armónica antes de servir más bebidasd.

Nuestro anfitrión nos dijo que el borracho que estaba cantando en ese mismo instante era el dueño del bar. El truco del establecimiento es que una vez pagada la primera bebida, el resto del Jaggermeister es gratis.

No hace falta decir que nos quedamos toda la noche.

La gente cantando karaoke parecía simpática, sobre todo una pareja que interpretó una versión en japonés de "A whole new world".

Una vez que los lugareños se dieron cuenta de que había dos estadounidenses presentes -el veterano y yo- decidieron que teníamos que cantar algunas canciones americanas. Sin preguntar, pusieron a los Red Hot Chili Peppers y nos dieron los micros.

20 o 30 canciones después -incluida "Wonderwall", "Semi-Charmed Life" y "Don't Stop Believin'", nos dimos cuenta de que eran las cinco de la mañana.

El grupo se dispersó, pero la organizadora nos llevó a los dos estadounidenses a su tienda favorita de ramen al final de la noche (¿o de la mañana). Me monté en el primer tren de vuelta a Shibuya y me dormí. Gracias, CouchSurfing.

Calle de Japón
Harrison Jacobs/Business Insider

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