"Así fue para mí despertarme de un coma sin poder recordar lo que había pasado en los últimos 30 años"

Me desperté de un coma con lagunas de memoria durante los últimos 30 años. Así es como reconstruí mi vida de nuevo.
  • El escritor Todd Wasserman se despertó de un coma en enero de 2019 con muy pocos recuerdos de las últimas tres décadas de su vida.
  • Recordó el nacimiento de su hija y la adopción de su hijo, pero no reconoció a su esposa.
  • La pérdida de memoria es un efecto secundario sorprendentemente común tras un paro cardíaco: la mitad de las personas que sobreviven a ellos acaban con problemas cognitivos.
  • Esta es su historia, donde trata de reconstruir su vida, recordando lo que puede y en proceso de recuperación.
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Terminé 2018 con buena nota. Después de haber ejercido como periodista autónomo durante varios años, tenía varios trabajos estables que me hacían ganar una buena canitdad de dinero. De hecho, acaba de comprarme una casa en Nueva Jersey (Estados Unidos) y estaba pensando en comprar otras propiedades para alquilarlas y seguir escribiendo mientras me adentraba en la cincuentena.

El 2 de enero de 2019, mi vida dio un giro inesperado.

Ese día salí a correr, como todas las mañanas. Poco después de llegar a casa, mi esposa Nina llevó a nuestra invitada, una estudiante de intercambio alemana, a inscribirse a la escuela de secundaria de la ciudad.

Cuando empecé mi entrenamiento, tuve algunas dificultades para respirar. Entonces, antes de que mi mujer se fuera, le pregunté por su inhalador para el asma y me quejé por sentirme "desanimado". No había señales que indicaran lo que estaba a punto de suceder.

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Poco después de que se fueran, me senté en el sofá y me quedé inconsciente.

"Tu cara se puso morada o azul e hiciste un ruido que sonó como una vaca", me dijo mi hija Willow. "Pensé que estabas haciendo una broma extraña, pero no era eso".

Willow, de 11 años en ese momento, cogió mi teléfono móvil y llamó a mi mujer.

Nina respondió, pero Willow estaba demasiado histérica para explicar lo que estaba sucediendo. Corrió hacia la casa del vecino de al lado, pero nadie respondió. Volvió a llamar a mi esposa y le preguntó si debía llamar a la ambulancia.

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Incapaz de entender a su madre, decidió hacer la llamada, salvando mi vida.

Minutos después, los técnicos de emergencias médicas llegaron a la casa e intentaron resucitarme con un desfibrilador. En ese momento, mi corazón se había detenido y mi cerebro estaba perdiendo oxígeno.

Después de varios minutos, los sanitarios finalmente consiguieron que mi corazón latiera de nuevo. Me intubaron y me llevaron al hospital, donde pasé los siguientes tres días en coma.

El despertar

Durante el primer día o dos, mis padres, hermano y hermanas se congregaron en la habitación de mi hospital en busca de signos de vida.

No me desperté en tres días. Cuando lo hice, ni siquiera podía hablar porque tenía un tubo de alimentación en la garganta.

Mi hermana Elizabeth dijo que mi familia se sentó junto a mi cama en el hospital haciendo bromas sobre las galletas crujientes que hizo uno de mis amigos, preguntándose si el crujido que hicieron me despertaría.

"Te pedimos que parpadearas si entendías lo que estábamos diciendo", me dijo Elizabeth más tarde. "Y llegamos a la conclusión de que lo hiciste. Pasó mucho tiempo, horas, hasta que moviste tus manos o extremidades".

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Cuando me quitaron el tubo, Elizabeth puso algunas canciones viejas, posiblemente Elvis Costello, y comencé a cantar desde mi cama.

"Sabías cada palabra", me decía.

La música supone conexión especial para nosotros: como hermano pequeño, siempre le pedía discos prestados, y ella tuvo una gran influencia en mis gustos musicales.

Nina estaba en casa cuando abrí los ojos. Corrió al hospital, emocionada en cuanto supo que estaba despierto.

Pero pronto descubrió que yo no sabía quién era ella.

Todd Wasserman

"No hubo ni una chispa de reconocimiento en tu mirada", me contó.

Cuando las personas se reúnen alrededor de la cama de un hospital con alguien que tuvo una experiencia cercana a la muerte, esperan que la víctima se aferre a los restos de lo que experimentaron. Yo no. "Parecía que aceptabas todo", dijo Nina.

Unos días después, tras quitarme el tubo para que yo pudiera hablar. Mi esposa me dijo que mis primeras palabras hacia ella fueron "¿Esta es la unidad familiar?"

Puede haber sonado dulce, pero estaba citando unas líneas de la película Raising Arizona.

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No recuerdo haberlo dicho, así que no puedo explicar en qué estaba pensando. Desde la perspectiva que da un año después de todo aquello, supongo que estaba tratando de decir algo personal.

Pero estaba claro que estaba experimentando una profunda pérdida de memoria.

"Pensaste que mamá era una mujer de Applegate", dijo Willow, refiriéndose a una heladería cercana.

"Por un instante, pensaste que era tu hermana", dijo Nina.

¿Cómo podría estar tan fuera de mi cabeza?

La mitad de las personas que sobreviven a un paro cardíaco tienen problemas persistentes como la pérdida de memoria

Ahora entiendo que había desarrollado una lesión cerebral. No lo sabía en ese momento, pero la mitad de todas las personas que sobreviven a un paro cardíaco repentino como yo sufren problemas con funciones cognitivas como pérdida de memoria y déficit de atención.

Me llevó muchos meses apreciar el alcance total del daño. Ahora no recuerdo lo que estaba pensando, pero tuvo que ser caótico. Llegué a pensar que mi esposa me había secuestrado.

"La mayoría de la gente piensa que si se lesiona, va al hospital, recibe tratamiento, se recupera, mejora y se va a su casa", me dijo Gregory Ayotte, de la Asociación de Lesiones Cerebrales de América. "Lo que pasa con la lesión cerebral es que la línea de tiempo para la recuperación está más allá de lo que la mayoría de la gente piensa".

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Mi recuperación duró unos 18 meses. Durante ese tiempo, la concepción de mí mismo como una persona capaz, fue puesta en duda constantemente. Eso es lo que sucede cuando pasas la mayor parte del año recibiendo instrucciones básicas para cosas como atarte los zapatos y abrocharte la camisa.

Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que salí del coma como si acabase de volver a mi infancia: reconocí a mi madre, padre y hermanos, pero no a mi esposa. Cualquier persona que había conocido después de mi adolescencia era una extraña para mí.

Sin embargo, sí reconocí a mis hijos. Parecían vivir en otra área de mi cerebro.

Todd Wasserman

Todd Wasserman

Cuando la gente me preguntaba mi edad, al principio dije que tenía 10 años.

Más tarde, pasé a decir que tenía 30. Cuando los médicos me dijeron que tenía 50 años, no podía creerlo. O eso me dice mi esposa. Todavía toda esa parte está borrosa.

Finalmente, reconcilié mi propia imagen con la de un padre de mediana edad. No es que me haya olvidado de los últimos 30 años, pero tuve que aprender a cuestionar esa voz interior que surge y evalúa mis interacciones actuales desde el punto de vista de un adolescente.

Mientras todo esto sucedía, las proyecciones de los médicos no eran optimistas.

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"Nadie dijo 'estará bien en unos meses'", me dijo mi esposa. "Eran como, 'está respirando, tienes suerte'".

Nina pensó que volvería a casa en una silla de ruedas, discapacitado de por vida.

"Estaba en estado de shock", dijo. "No pensé mucho en eso. Estaba pensando en la accesibilidad para discapacitados en la casa y donde pondríamos una silla de ruedas. La incontinencia era un gran miedo para mí".

No recuerdo nada de esto. Lo reconstruí en base a lo que Nina y otros me dijeron más tarde. Lo que recuerdo es un estado de fuga de ensueño en el que interactué con muchos familiares y viejos amigos en una gran sala de recreación.

En realidad, pasé la mayor parte de enero de 2019 en el Instituto Kessler para la Rehabilitación en West Orange, Nueva Jersey. No estaba lejos de la casa a la que mi familia se había mudado solo seis meses antes de mi lesión. Amigos y familiares vinieron miles de millas para verme parcialmente porque pensaron que sería la última vez que me verían.

Los recuerdos son nebulosas

Tengo recuerdos oscuros de esa época.

En un momento durante mi estancia en el hospital, recuerdo que pusieron a unos seis pacientes en una mesa, como si estuviéramos teniendo una reunión, pero todos estábamos hablando de tonterías. Ahora lo recuerdo vagamente, pero parece que son los recuerdos de una persona diferente. No me acuerdo ni de una sola noche que pasé en el hospital.

A finales de mes se me permitió ir a casa. No reconocí mi casa.

No recordaba mi fiesta de cumpleaños número 50 de octubre de 2018, o haber dejado mi trabajo en Mashable para trabajar como freelance en 2016. Leo historias que escribí entonces y todavía no recuerdo haberlo hecho.

Tampoco tengo constancia de la elección de Donald Trump. Cuando las enfermeras me preguntaron quién era el presidente, dije: "¿Obama?".

Eso es un shock porque mi memoria siempre había sido fantástica. Cuando era joven, mis padres nunca necesitaron una guía de televisión. Simplemente me preguntaban: "¿Qué echan esta noche?".

Recuerdo dónde estaba en la víspera de Año Nuevo de 1980, en la casa de mi tío, en una fiesta familiar. También recuerdo la de 1990, celebrando el Año Nuevo en un motel con un grupo de amigos. 

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Pero estaba confuso en relación a cualquier cosa que hubiera ocurrido desde 2010 hasta ahora. Aún lo estoy.

Miro fotos mías de los últimos años y no recuerdo lo que estaba haciendo. Las fotos sirven como puntos de contacto para eventos, pero no evocan ningún contexto.

Aquí hay un selfie de mi cumpleaños en octubre de 2018 como una piedra frente a la cámara. Reconozco dónde se hizo la foto, en mi habitación, pero no recuerdo los detalles al respecto. Lo único que noto de diferencia, es que me veo un poco más gordo de lo que estoy ahora. Perdí alrededor de 9 kilos en el hospital y fuera me he mantenido en ese peso.

Todd Wasserman

Tengo algunos recuerdos de esa época. Recuerdo que fui a Colorado de vacaciones a principios de 2018 y recuerdo que tuve que arreglar un neumático cuando se me pinchó una rueda por el camino a Crested Butte. Recuerdo haber inspeccionado nuestra casa antes de comprarla, pero no recuerdo el cumpleaños de mi hija o el de mi hijo.

Volviendo a la "normalidad"

Más de un año después de mi lesión, todavía me molesta no recordar vívidamente mudarme a nuestra nueva casa o cumplir 50 años. Sin embargo, sí recuerdo los años anteriores.

Recuerdo que Willow nació en 2007. Y recuerdo que fui a Corea del Sur en 2011 para adoptar a nuestro hijo, Caleb.

Durante el año de recuperación, comencé a crear nuevos recuerdos. Empecé a conducir de nuevo, llevé al perro a dar largos paseos y me puse al día con Better Call Saul.

Irónicamente, finalmente estaba listo para trabajar a principios de este año, justo cuando la pandemia de coronavirus colapsó la economía.

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Hoy, siento que he recuperado la confianza de mis hijos. Mi incidente fue discordante, particularmente para mi hijo. Después de un año de recuperación, los únicos cambios en mi vida diaria son que tiendo a acostarme más temprano (como a las 10:30 de la noche) y ya no puedo beber alcohol.

Considerando que casi muero, puedo lidiar con eso.

Pero quizás el mayor cambio es mi actitud sobre la muerte. Solía ​​temerla.

Ahora, habiendo sido llevado al borde de la muerte, no estoy realmente asustado. Solo quiero posponerla algunas décadas.

Meses después de que comencé a pensar con claridad, visité a un cardiólogo que trabajó en mi caso durante mi tiempo en el hospital. Me miró y me dijo: "Estabas en muy mal estado".

Miré de cerca su cara. Intentaba enmascarar su incredulidad por haberme salvado.

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