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Empecé a leer todos los contratos que firmaba y he aprendido a detectar cláusulas inapropiadas y estafas

Leer los contratos antes de firmar
Mari Helin / Unsplash
  • Firmé mi primera hipoteca sin leerla y tuve suerte porque no tenía cláusulas abusivas.
  • Desde entonces leo todos los contratos que firmo y he aprendido a detectar cláusulas inapropiadas y estafas.
  • Leer los contratos cambia la forma en la que consumes y te hace más conscientes de tus derechos.

Somos capaces de remover cielo y tierra, de leer mil reviews e invertir horas y horas en elegir nuestro móvil y comprarlo al mejor precio. Y todo para ahorrar 150 euros.

Por el contrario, cuando se trata de la hipoteca, la mayor inversión de toda una vida, preferimos pasar de puntillas por todo el papeleo y documentación. Yo no he sido una excepción en este punto.

Firmé mi primera hipoteca en 2002 y lo hice sin leer adecuadamente el contrato. Por aquel entonces hacía poco que había empezado a trabajar en el mundo de la comunicación financiera y entre que eran muchas hojas y que no terminaba de entender la mitad de términos, hice lo que hacen los avestruces: esconder la cabeza y esperar que pasase el temporal (la firma del contrato).

Por fortuna, mi tío trabajaba en el banco y se aseguró de que no hubiese cosas raras como swaps, suelos hipotecarios y cláusulas abusivas similares. Si no llega a ser por él sería estoy seguro de que ahí estarían. Con los años, cuando me decidí a releerlo, sí descubrí la famosa cláusula de vencimiento anticipado por la cual el banco puede amortizar anticipadamente la hipoteca en cuanto dejas de pagar un solo mes y que ahora es objeto de debate por parte de la UE. Podía haber sido mucho peor. Además, esta lectura me ayudó a ver que no tenía por que mantener el seguro de vida ligado a la hipoteca.

Mi trabajo en el mundo financiero terminó alejándome de la información bursátil y acercándome a la financiera y fiscal. Tener que analizar a fondo productos en teoría simples como una cuenta corriente con su correspondiente contrato me hizo darme cuenta de cómo las grandes entidades se protegen ante imprevistos y cómo incluyen cláusulas que la mayoría de veces desconocemos que existen. Si encima hay regalo de por medio, todavía es peor (aún recuerdo las promociones del ordenador portátil ‘gratis’ de Banesto o la del regalo de las nuevas PlayStation 3.

A raíz de esas experiencias y de mi acercamiento al mundo fiscal y de los seguros, donde la letra pequeña lo es todo, adquirí la costumbre de leer siempre los contratos que firmo, sean del ámbito que sean (seguros, paquetes vacacionales, seguros de viaje, telecomunicaciones, luz y gas… incluso de los sorteos en los que participo). Es más, en ocasiones me leo hasta los de amigos que me lo piden.

Leer todo lo que firmo ha cambiado mi forma de consumir y cómo percibo los productos y servicios que contrato. Para empezar, hay que acceder al contrato y en la mayoría de ocasiones no podrás verlo hasta el último momento. Hay veces que incluso te lo enviarán después de firmar, como ocurre con muchos seguros en los que sólo accedes al condicionado concreto tras contratar.

El problema es que cuando llegas al contrato, tienes encima toda la presión de firmar y hacerlo rápido, sobre todo si estás contratando por teléfono o en persona. Nunca lo hagas, tómate tu tiempo para revisar las cláusulas porque merece la pena. Si no quieres hacerlo, busca por lo menos la que habla de cuánto tiempo tienes para desistir del producto que acabas de contratar. En otras palabras, la política de devoluciones para los primeros días del servicio (en seguros, por ejemplo es de 15 días).

Revisa también las condiciones de desistimiento, porque es fácil que incluya pequeñas trampas si te han instalado algún aparato en casa. Una de las más habituales es que tendrás que ser tú quien lo devuelva. En cualquier caso, ten claro que siempre, SIEMPRE, tienes un periodo para echarte atrás después de contratar salvo contadas excepciones.

Desde luego, si no hay contrato de por medio o este tarda en llegar más de 15 días (el tiempo de renuncia más habitual), huye. Una de las cosas que he aprendido es que no hay nada que no puedas conseguir en otro lado en condiciones similares o mejores. Porque el precio no siempre es indicativo de que un producto sea el más barato. De hecho, muchas veces es un indicador de que hay gato encerrado.

Leer los contratos evitará que te lleves muchas sorpresas por las diferencias entre lo que crees que estás contratando y lo que de verdad estás firmando. Como reza la letra de “Hey, hey, y my, de Neil Young: “te han dado esto pero has pagado por aquello”.

Con los seguros sabrás exactamente cuándo estás cubierto y hasta qué punto y con las compañías de telecomunicaciones verás si realmente esa tarifa tiene o no límite de minutos o la velocidad real de tu fibra, la que la empresa está obligada a cubrir, no la que ves en la oferta.

Ser consciente de lo que firmas eleva tu nivel de alerta de forma automática. Así puedes aprovechar mejor las promociones y evitas también engaños en otras áreas como en el supermercado, donde las ofertas que incluyen la devolución de una cantidad en cheque regalo pueden ser liosas.

En mi caso, también me ha ayudado a ser mucho más consciente de mis derechos como consumidor y de que donde unas veces las compañías te quitan, en otras te dan, con redacciones confusas que permiten ampliar promociones o disfrutar de ellas porque su letra pequeña no es suficientemente concisa.

Qué buscar en cada caso

Aprender a leer un contrato sin perderte es un arte, como también aprender a hacerlo lo suficientemente rápido como para que no te de pereza. La clave está en saber qué buscar en cada caso. Por mi experiencia, esto es lo que revisar según lo que contrates.

Cuenta corriente. Fíjate sobre todo en las comisiones de mantenimiento y las de reclamación por descubierto. Si contratas la cuenta por el regalo, pon atención al periodo de permanencia y a la penalización si te vas antes de tiempo. Esto mismo se puede aplicar también cuando cambias tu plan de pensiones de banco.

Tarjeta de crédito. De nuevo, analiza las comisiones que te cobran y el modo en el que se activa. Si es en revolving, mejor cámbialo. Busca también si hay un coste de emisión anual y aprovecha para revisar qué ofrecen los seguros asociados.

Seguros. Revisa sobre todo las exclusiones de cada cobertura, porque puedes no estar tan cubierto como te gustaría. Un ejemplo son los seguros por cancelación de viaje, que normalmente sobre te cubre en caso de enfermedad. Mira también las cantidades máximas que te pagarán en cada caso, porque pueden ser menores que las que esperabas. Además, en el seguro de salud revisa si hay periodos de carencia y cuáles son.

Préstamos. Mira la TAE del préstamo, no la TIN. Además, fíjate en los costes de apertura y de constitución, sobre todo si son préstamos al 0% de interés. Esto mismo también aplica en los contratos de móviles pagados a plazos.

Hipotecas. Hay muchas cosas en las que fijarse en la hipoteca. Lo primero que debes saber es que el notario tiene que solventar cualquier duda que tengas sobre el contrato. Aquí puedes ver todo lo que debes saber sobre pedir una hipoteca en 2019.

Telefonía y telecomunicaciones. Repasa si hay o no periodos de permanencia o cómo es el proceso de baja (si tienes que devolver o no algún aparato como el router). No te olvides tampoco de comprobar que lo que pone en el contrato se corresponde con lo que te han ofertado en cosas como el número de minutos de voz, el número de gigas de datos o qué pasa si superas esos gigas.

Contratos de alquiler. Revisa si hay limitaciones respecto a lo que puedes hacer con la casa como no tener mascotas, por ejemplo. Fíjate también si hay alguna cláusula nula que afecte a la prórroga legal del contrato o penalizaciones si te marchas a mitad del año o no permaneces un año en la vivienda. Revisa también que el casero no se desentienda vía contrato de su obligación de reparar la vivienda o que se reserve el libre acceso a la misma.

Contratos de compraventa. Cada venta es un mundo, pero siempre deberías buscar que se incluyan cláusulas sobre el estado del producto y la garantía que te ofrecen como comprador.

Dedicar unos minutos a leer cualquier cosa en la que estampas tu firma puede marcar la diferencia en cómo consumes y compras. Puede parecer difícil, pero sólo es cuestión de empezar con tu siguiente contrato.

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