Terapia televisiva: así influye nuestro estado de ánimo a la hora de decidir qué vemos (y así lo aprovechan las plataformas)

Gambito de Dama

Netflix/Phil Bray

El entretenimiento en el hogar siempre ha ocupado un papel central en nuestras vidas, aunque en el último año ha vivido un refuerzo sin precedentes. El coronavirus se cargó gran parte de las alternativas de ocio y los ciudadanos pasaron muchísimas horas viendo televisión, un concepto ahora más cercano a los contenidos que a esa pantalla que durante décadas los alojó en exclusiva. 

Las plataformas de streaming han normalizado un modelo de consumo (el bajo demanda) que ha convertido al espectador en programador, que ha visto cómo la rigidez del prime time (una programación para todos) se convertía en un flexible my time (una programación para mí). Esa televisión del individuo, a medida de las preferencias, lleva implícito un trabajo constante de elección en el que las emociones cumplen un papel fundamental. 

Programar para uno mismo

Quince años atrás veíamos lo que había decidido un programador. Ahora podemos confeccionar nuestra dieta audiovisual a medida. La televisión por internet es bajo demanda, y nos da acceso a una oferta infinita con la que cada usuario se puede confeccionar un traje a medida. Qué ver ya no está pautado. Se ha convertido en una decisión activa que condicionan infinidad de factores: recomendaciones algorítmicas, las selecciones de contenidos realizadas por personas con criterio y conocimientos, vistosas campañas de marketing, reseñas en prensa que se hacen eco de tal o cual estreno, conversaciones en redes… Estos recursos forman de una compleja maquinaria promocional que pretenden que el cliente sepa qué hay en la plataforma y tratan de simplificar el momento de darle al play.

Con tantísimas referencias el entretenimiento conectado muchas veces se queda a las puertas de la reproducción. El habernos liberado de la rigidez del modelo anterior, en el que decidían por nosotros, nos ha sumido en una profunda fatiga de decisión. Es lo que estos servicios tratan de combatir, buscando los resortes que nos dirigen han programa en particular. Y es aquí donde el estado de ánimo ocupa un papel fundamental.

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Somos lo que vemos y vemos en función de lo que sentimos

En la vida las decisiones que tomamos rara vez responden a criterios totalmente racionales. Y el audiovisual no es ninguna excepción. El estado de ánimo se encuentra indisolublemente unido al contenido que vemos. Es, además, una carretera de doble dirección: somos lo que vemos y vemos en función de lo que sentimos. Varias investigaciones académicas han constatado que las emociones subjetivas que conforman lo que se denomina “estado de ánimo” se encuentran influenciadas por aquello vemos. Al visionado de comedias o películas alegres le siguen estados de ánimo mucho más positivos que los que registran aquellas personas que ven un drama o una película violenta. Y ese mismo estado de ánimo es una fuerza psicológicamente muy poderosa, capaz de influir las actitudes, la comprensión e, incluso, nuestro comportamiento diario.

Muchas veces escogemos (o descartamos) un programa precisamente porque sabemos que nos va a dejar un poso emocional determinado. Por este motivo saber qué ven los clientes, en qué momento del día, de la semana o época del año se ha convertido en una hoja de ruta valiosísima para orientar lo que se compra, lo que se produce y en qué momento se estrena. 

Escapismo, contenido semanal y comfort TV: la dieta del espectador pandémico

Los géneros más vistos durante la pandemia ayudan a comprender la influencia de este componente anímico a la hora de decidir qué género ver y los motivos del éxito de muchos de los programas que acapararon nuestra atención. El entretenimiento en el hogar, unas de las pocas actividades de ocio que no se vio suspendida de forma abrupta, se convirtió en un recurso fundamental para sobrevivir a una rutina que implicaba monotonía, aburrimiento y, en muchos casos, un profundo sentimiento de soledad. El estado de ánimo del espectador pandémico se tradujo en una fuerte necesidad de evadirse, en la búsqueda de cosas que le dieran referentes (como el contenido semanal) y mucha comfort tv.

En el ranking de programas más vistos durante 2020 se observa una tendencia muy clara: los espectadores apostaron por los clásicos de la televisión, convertidos en la versión audiovisual del confort food. La poca disposición a hacer esfuerzos (algo implícito a la hora de elegir algo nuevo) inclinó la balanza del lado de la comodidad, y ahí lo conocido jugaba con ventaja. La nostalgia, además, resultó ser un poderoso antídoto contra la incertidumbre imperante y el aislamiento (especialmente en el caso de programas muy populares sobre los que ya había una comunidad preexistente interesada en comentarla). De repente ver The Office o Friends te hacía sentir que no estabas tan solo

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El auge del contenido visto semana a semana también está en la base de esta predisposición emocional. Buscar la serialización semanal (y no los maratones) permitía crear cierta estructura y conciencia del día en el que se estaba viviendo, algo a todas luces necesario en un contexto en el que todos sentíamos que cada jornada era idéntica a la anterior.

Los géneros predilectos durante la pandemia respondieron a otra inquietud emocional muy evidente: la necesidad de evadirse. Y la oferta claramente se fue alineando con esa demanda. Los datos de la consultora Parrot Analytics, que monitoriza las expresiones de los contenidos más demandados por el usuario digital, lo reflejan con claridad. 

Géneros de TV que han triunfado durante la pandemia del covid

Parrot Analytics

El estado anímico que generó la pandemia explica las elevadas estadísticas de series documentales (¿qué mejor manera de huir de la vida personal que zambulléndose en la vida de otros?) y de contenidos de ficción con protagonistas inspiradores. Como apunta Alison Herman resulta imposible ignorar este efecto en una serie como de Gambito de Dama, especialmente entre el colectivo femenino. Las acrobacias de la conciliación y el peso de los roles que impone el género en la vida real convirtió la lucha de Beth Harmon, la niña prodigio del ajedrez que se abre paso en un mundo de hombres sin ningún apoyo, en una historia con la que resulta fácil identificarse y que alimenta la lucha y el empoderamiento

En 2020 también huimos de la realidad a través de géneros que proponían escenarios lejanos (como la fantasía o los dramas históricos), mundos ideales (como las historias de amor de siempre) o escenarios catastróficos (abrazando el caos de propuestas que reflejaban una realidad peor a la propia como los dramas apocalípticos). 

En una ocasión Reed Hastings, CEO de Netflix, dijo que su compañía aspiraba a ser la televisión de cada miembro del hogar, y que eso suponía invertir en muchísimas horas de contenido porque lo que a una persona le apetece ver un domingo en el que no piensa quitarse el pijama no tiene nada que ver con lo que el cuerpo le pide después de una extenuante jornada de trabajo. 

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