He acabado mi primer voluntariado y tengo claro que Madagascar es el país perfecto para iniciarse

Misionero en Madagascar
V. Parra.
  • Después de un año de preparativos, el pasado verano fui a Madagascar como voluntario.
  • Ha sido mi primera experiencia de este tipo y tengo claro que es de lo mejor que he hecho en toda mi vida.
  • El cansancio del viaje, la falta de sueño, el esfuerzo físico... todos estos contratiempos han valido la pena.
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Hacer un voluntariado seguramente no esté en la lista de deseos de todo el mundo. Pero para mí ha resultado una experiencia maravillosa.

Existen numerosos interrogantes que uno se plantea antes de tomar una aventura así. Te cuestionas si quieres complicarte la vida en lugar de pasar una plácida semana en algún lugar paradisíaco.

Pero yo, desde hace algún tiempo, ya le estaba dando vueltas a la idea de emplear mi tiempo para viajar y ayudar a otras personas.

Me acabé lanzando a ello esto el pasado verano. Primero, claro, busqué qué tipo de voluntariado se adaptaba mejor a mis características e inquietudes. Y Madagascar parecía el sitio perfecto. Además, como soy profesor, donde más podía ayudar era en poblaciones con niños a los que dar clase.

Después de un año de preparativos, el pasado mes de julio tuve al fin mi primera experiencia como voluntario. Y ha sido de lo mejor que he hecho en mi vida.

Si al final te lanzas a ello, antes que nada debes planificar tu viaje hasta el más mínimo detalle. En mi caso lo hice junto a la misión "Creando espacios de libertad", en colaboración con el Arzobispado de la Iglesia Católica (E.K.A.R.) en Maintirano y el grupo “Córdoba 96”.

Aquí tienes un resumen de cómo fue mi primera experiencia cómo voluntario y por qué Madagascar quizás sea un buen destino también en tu caso:

 

Para viajar a Madagascar no necesitarás visado, aunque sí es necesario tener el pasaporte en regla.

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Es recomendable, eso sí, que no caduque en los próximos 6 meses.

Al llegar tendrás que pagar una tasa de turista de 30 euros, te sellarán el visado en el pasaporte y podrás entrar al territorio.

La salud es fundamental. Al viajar a países tercermundistas te expones a contraer numerosas enfermedades, por lo que debes consultar con un médico qué vacunas o medicinas debes tomar.

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En concreto para viajar a Madagascar es necesario estar vacunado de hepatitis B y sarampión. También es recomendable vacunarse contra la fiebre amarilla y meningococos si vas a estar en contacto con niños.

Igualmente hay que tomar medicación contra la malaria, el mayor peligro en la isla.

Ten en cuenta que este tipo de medicación puede provocar efectos secundarios, en algunos casos concretos, como depresión o brotes psicóticos. Por eso es fundamental que lo hables con un médico.

En mi caso llevé material escolar y ropa a todos los colegios a los que fui.

V. Parra

Algunas de las principales ayudas humanitarias que puedes aportar son: ropa, calzado, material escolar, balones, medicamentos...

En definitiva, cualquier pequeño detalle significarán un mundo para ellos. Al entregarles a los niños los materiales o algo de comida, parece que les endulzas, al menos por un momento, el día.

De igual modo, no hay que olvidar llevar elementos básicos que necesitarás para tu propia estancia: una mosquitera, para evitar la picadura de todo tipo de insectos —en especial de mosquitos transmisores de malaria—, espray antimosquitos, una linterna, y otras cosas.

Te sugiero que realices una lista con objetos que creas que te harán tu estancia más cómoda.

En cuanto a las comidas, no debes preocuparte en exceso: hay suficiente y muy variada.

Una mujer vende pollo asado por las calles de Antananarivo, la capital de Madagascar.Una mujer vende pollo asado por las calles de Antananarivo, la capital de Madagascar.
Una mujer vende pollo asado por las calles de Antananarivo, la capital de Madagascar.
REUTERS/Thomas Mukoya

La fruta y verdura es muy buena, aunque deberás lavarlas con agua limpia o con líquido desinfectante para alimentos. Pero ¡cuidado con el cerdo!

No está garantizado que no pueda transmitir alguna enfermedad tipo salmonelosis o triquinosis. El agua deberás comprarla mineral y usarla hasta para lavarte los dientes.

Ten en cuenta que cada viaje es una aventura completamente diferente.

V. Parra

En mi itinerario volamos directamente a la capital, Antananarivo, o como dicen los malgaches, Tana. Es la ciudad más grande, caótica e industrializada, con calles repletas de coches bajo un tráfico que a veces parece caótico entre vehículos y peatones, niños mendigando y puestos callejeros allá donde mires.

De primeras, Antananarivo te recibe con un tortazo de cómo es la realidad en el mundo menos occidentalizado.

Tras pasar unos días en la capital, nos trasladamos a Tsiromandidy. Allí pudimos acercarnos hasta un centro para madres solteras en la que fue una de las visitas más interesantes de la estancia: vimos cómo se trabaja en el centro para que estas valientes mujeres no sean marginadas por sus propias familias u obligadas a abandonar a sus hijos.

Este tipo de lugares favorece que las mujeres puedan continuar con sus estudios para valerse por sí mismas en el futuro. También, tuvimos la oportunidad de acudir a una residencia para mayores de la orden Trinitaria.

V. Parra

A nuestro siguiente destino, Maintirano, fuimos en avioneta. La otra alternativa era ir en coches por caminos impracticables durante tres días, atravesando montañas y zonas con riesgo real de asaltos.

Por tanto, si tienes opción, te recomendaría hacer este trayecto por aire. Debes tener en cuenta que esa población no tiene cerca ningún aeropuerto, por lo que aterrizarás en una gran explanada de tierra, ¡toda una aventura!

En los viajes por la zona para ayudar a las diferentes poblaciones, noté por primera vez la verdadera esencia de la zona.

V. Parra

¿A qué me refiero exactamente? Al polvo que cubre las poblaciones en África, a los carros de madera tirados por bueyes y a la arquitectura: la mayoría de las construcciones son de madera y metales superpuestos.

Eso sí, se apreciaba la llegada del capitalismo y consumismo entre la pobreza, pues muchas de las casas, que apenas se mantenían en pie, sí tenían una gran antena parabólica.

 “Casa” del Obispo y otras edificaciones aún en construcción con andamios de madera, para futuras oficinas, dentro todo de un terreno abierto y sin vallar. “Casa” del Obispo y otras edificaciones aún en construcción con andamios de madera, para futuras oficinas, dentro todo de un terreno abierto y sin vallar.
“Casa” del Obispo y otras edificaciones aún en construcción con andamios de madera, para futuras oficinas, dentro todo de un terreno abierto y sin vallar.
V. Parra

Cada vez que nos veían, los autóctonos reaccionaban con asombro de manera instantánea, ya que no están acostumbrados a ver un grupo de “vazahas” (blancos extranjeros) en un lugar tan remoto.

Si nos escuchaban hablar algo en inglés, se acercaban para intentar entablar una conversación y poder practicar las pocas palabras que supieran.

En Madagascar no hay servicio de autobuses ni de trenes. De hecho, en las regiones más recónditas ni siquiera encontrarás coches.

V. Parra

Es común tener que compartir medios de transporte con extranjeros de otras ONG.

En una ocasión tuve que viajar en un rudimentario bote con unos voluntarios suizos y fue una experiencia muy enriquecedora pudiendo compartir vivencias y consejos con estos otros voluntarios.

Allí puedes prestar ayuda de muchas maneras: construyendo casas, ofreciendo asistencia médica, dando clases, asistiéndoles en tareas del día a día...

V. Parra

Ellos se mostrarán agradecidos en todo momento y te ofrecerán lo poco que tienen para que te sientas a gusto.

Sin embargo, no todo son alegrías y debes prepararte mentalmente para las situaciones que puedas experimentar.

V. Parra

Uno de los momentos más tensos de mi viaje fue cuando, en la travesía de regreso, nos topamos con un grupo personas sospechosas al borde de la carretera.

Por momentos, pensamos que podrían asaltarnos y en situaciones así, te alegras de haber sido precavido y contratar siempre a ‘gendarmes’ para que te acompañen en el transporte cuando vayas a cruzar zonas famosas por su peligrosidad.

Fue esa “excursión” la que me hizo finalmente sentirme familiarizado con todo lo anteriormente extraño para mí.

Aunque los viajes allí llegan a ser agotadores (puedes tardar hasta 14 horas en recorrer 180 km), no cambiaría ni un ápice del recorrido que realicé.

Hay que estar mentalizado para los caminos imposibles, movimientos bruscos y constantes del coche y los mareos que probablemente sufrirás (la biodramina será tu gran aliada, junto con la paciencia).

El cansancio del viaje, la falta de sueño, el esfuerzo físico... todos estos contratiempos han valido la pena solo por poder vivir una experiencia que nunca se despegará de mi persona y que sé que volveré a repetir.

V. Parra

Quiero aprovechar para mencionar a mis compañeros de viaje: José Miguel, Jesús, Valentín, José Luis, Beatriz, el Obispo Gustavo y nuestra intérprete malgache Lea, a los que estoy muy agradecido de haberme facilitado tanto la estancia en muchos aspectos.

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