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Por qué los presupuestos no siempre funcionan: 4 consejos para llevar el control de los ingresos y gastos desde una perspectiva emocional

Escena de la serie Breaking Bad.
Escena de la serie Breaking Bad. TV
  • Seguramente que muchas veces hayas comenzado a realizar un presupuesto en tus finanzas personales y no ha terminado funcionando.
  • Según expone Joselyn Quintero, Joselyn Quintero asesora financiera y especialista en Psicología Financiera y Neurofinanzas, lo primero es que los presupuestos parten de la premisa económica de que “somos seres analíticos que tomamos decisiones racionales, cuando la neurociencia ha demostrado que eso no es así”. 
  • La experta en neurofinanzas asegura que se pueden aplicar, siguiendo este esquema, 4 consejos para que el control de los ingresos y gastos se ajusten a las emociones que se tienen como humanos.
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Seguramente que muchas veces hayas comenzado a realizar un presupuesto en tus finanzas personales y no ha terminado funcionando. No desesperes, puede ser más habitual de lo que inicialmente pienses y hay soluciones para llevar un control de ingresos y gastos desde una perspectiva emocional.

¿Por qué la planificación falla en ocasiones? Según expone Joselyn Quintero, Joselyn Quintero asesora financiera y especialista en Psicología Financiera y Neurofinanzas, lo primero es que los presupuestos parten de la premisa económica de que “somos seres analíticos que tomamos decisiones racionales, cuando la neurociencia ha demostrado que eso no es así”

Hay personas que definitivamente odian hacer sus cuentas, lo cual nada tiene que ver con su capacidad analítica, sino con “diferentes experiencias que hacen que contar les resulte muy desgastante”.

La experta indica que, en segundo lugar, los presupuestos, al ser una distribución de los ingresos en diferentes aspectos materiales, se enfocan “en la utilidad y no en el sentimiento”. De ahí a que, con frecuencia, dice Quintero, “olvidamos que cada producto tiene una ventaja diferente para cada persona, aunque eso no se vea reflejado en la manera en que se presupuesta”. 

En este sentido, los gastos de casa (hipoteca, servicios y comida) parecen iguales para todo el mundo, aunque no se indica con exactitud el beneficio real que aporta a la persona. Por otro lado, no hay una revisión de “sentimiento” de lo que ese desembolso representa en la vida de la persona, asegura Quintero. 

Dentro del presupuesto tradicional, ninguno de los tres puntos es tomado en cuenta porque se queda en la hipoteca que hay que pagar, pero, desde una perspectiva más integral, es la dinámica emocional de la persona la que “nos indica cómo organizar sus desembolsos, su frecuencia de revisión y la forma como lo organiza”, afirma. 

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Cómo hacer un presupuesto en el plano emocional

La experta describe que un presupuesto emocional atiende, en primer lugar, al mismo esquema con el que se gestiona la vida diaria: “lo que nos genera seguridad, comodidad y placer, en esa secuencia”.

La seguridad financiera es el nivel de presupuesto que te permite dormir tranquilo. Está asociada a lo que realmente se necesita para vivir y su ausencia generaría pánico porque “activaría la zona paleolímbica del cerebro, donde está el centro del miedo”, expone. 

Este número no es tan sencillo de estimar porque los seres humanos no tinenen muy clara la diferencia entre querer y necesitar, lo que no nos deja conocer aquello que es realmente importante. La seguridad financiera puede incluir, asegura Quintero: 

  • El porcentaje aceptable de la hipoteca del lugar donde vives. Si vives solo en un piso con tres habitaciones, hay dos habitaciones que no se consideran seguridad, aunque estén incluidas en la hipoteca.
  • La comida diaria comprada en el supermercado a precio de marca blanca, es decir, sin ser de una marca reconocida y en una presentación sencilla. Ya se conoce que las marcas comprenden el efecto emocional en las compras y que pagas de más innecesariamente.
  • Transporte bajo los esquemas mínimos aceptables. Si vas todos los días en tu coche hasta el trabajo, pero tienes transporte público que te llevaría, definitivamente, ni la cuota del crédito, ni el combustible ni el seguro de tu vehículo forman parte de tu seguridad financiera, sino que es una comodidad. Igual tratamiento sería en cuanto al modelo del vehículo, pues muchas veces te puedes endeudar de más ante la creencia de que el exceso se diluye en las cuotas.

La comodidad financiera es el nivel de presupuesto asociado a un estilo de vida que se ajusta a lo que te gusta, sin que cumpla una función de sobrevivencia. Su ausencia solo “nos genera incomodidad porque altera la zona neolímbica del cerebro, que conecta con nuestro ser social”, resalta Quintero. 

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Este número es el más simple de calcular porque se ajusta al ritmo de gastos que tienes actualmente, lo cual es “bastante conocido”. En la comodidad financiera se incluyen:

  • La diferencia que hay por encima de los gastos de supervivencia, con respecto a los productos/servicios con los que lo satisfaces. 
  • Los gastos de educación, formación y conocimiento que suman a tu patrimonio intangible y que nos permiten escalar a nivel profesional.
  • La vestimenta, accesorios y tecnología que te permiten tener una vida social cómoda y aceptable.
  • Las salidas periódicas a restaurantes, cine, bares y cualquier otro entretenimiento que te genera esparcimiento y contribuye a tu disfrute social.
  • Cualquier otro gasto de estilo de vida como gimnasio, deportes, asesorías, membresías a clubes, entre otros.

Consejos para llevar el control de ingresos y gastos emocionalmente

La experta en neurofinanzas asegura que se pueden aplicar, siguiendo este esquema, 4 consejos para que el control de los ingresos y gastos se ajusten a las emociones que se tienen como humanos. Estos son los más importantes:

  1. Tomarse un tiempo para analizar con detalle –y si es preciso con ayuda– cada uno de los elementos que comprenden tu presupuesto, sobre todo cuando no se siente bien la forma como lo estás llevando. Esto permite “saber a dónde se está yendo el dinero y qué podemos ajustar para poder guiarnos hacia nuestros objetivos”, analiza.
  2. Separar los desembolsos en niveles de emocionalidad: la seguridad que te previene del pánico, la comodidad que nos da estatus y el placer que genera ese momento de lujo inolvidable del año. Al haber una asociación emocional con cada desembolso, “no necesitamos estar llevando tantas cuentas, porque lo que sentimos nos permitirá decidir con congruencia”, añade.
  3. Aprender a separar calidad de precio. El precio es una valoración subjetiva de un producto o servicio en relación a su expectativa de calidad. Existen productos de calidad a precio accesible y productos sin calidad a precios exorbitantes. Esa ha sido la trampa del dinero, “hacernos creer que el precio es un indicador de calidad”, explica. 
  4. Preguntarse con frecuencia para qué quieres las cosas. La mercadotecnia lleva muchos años y millones de euros investigando cómo funcionas para impulsarte a comprar, así que debes “jugar nuestro papel en esta danza comercial y aprender a diferenciar entre analizar una compra o justificarla”, concluye.

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