¿Frenará el verano la propagación del COVID-19? Un estudio analiza el carácter estacional del virus

¿Cómo será el verano con el COVID-19? Un estudio analiza el posible carácter estacional del virus y la influencia de factores como los rayos UV

Vincent West/Reuters

  • Son varias las señales que apuntan en la dirección de un carácter estacional de los virus en general, y del coronavirus en concreto.
  • Una nueva investigación, realizada en 359 grandes ciudades del mundo, analiza si las estaciones afectan, y cómo, a la propagación del COVID-19.
  • El aumento de la radiación ultravioleta se corresponde con una menor velocidad de propagación del virus. Sin embargo, hay otros factores más significativos, como las medidas de Salud Pública.
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El COVID-19 podría ser estacional y tener una menor capacidad de transmisión en verano. Así lo sugieren varios motivos y una nueva investigación que, sin embargo, aclara que son varios factores los que influyen y que su control depende en buena medida del ser humano y sus medidas sanitarias.

Antes de este estudio, ya había algunas señales que apuntaban en la dirección de un carácter estacional del coronavirus. Desde los datos de picos de muertes y hospitalizaciones por COVID-19 en invierno hasta algunos estudios.

Uno de ellos, publicado por la Academia de Oxford el año pasado, mencionaba que "los coronavirus son marcadamente estacionales", y compara su comportamiento con el de otros virus, como la influenza A (H3N2).

"Los HCoV [coronavirus humanos] se detectaron en un período de tiempo limitado, entre diciembre y abril/mayo, y alcanzaron su punto máximo en enero/febrero", recoge el estudio, sobre los otros cuatro coronavirus que circulan en humanos, diferentes del SARS-CoV-2.

Además, hay varias razones por las que el verano puede suponer una menor propagación de los virus:

  • En verano, las personas suelen pasar más tiempo al aire libre, donde el riesgo de infección es mucho menor.
  • Es una época que puede suponer un estilo de vida más activo, lo que podría aumentar la capacidad del cuerpo para resistir la infección.
  • La exposición al sol aumenta los niveles de vitamina D, que suponen un impulso para el sistema inmune.
  • Hay pruebas de que la radiación ultravioleta (UV) de la luz del sol reduce el tiempo de supervivencia del virus en las superficies.

A raíz de este contexto, ha surgido una nueva investigación, realizada en 359 grandes ciudades y publicada por el Foro Económico Mundial, con el objetivo de confirmar si las estaciones afectan, y cómo, a la propagación del COVID-19.

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"Descubrimos que el aumento de la radiación ultravioleta se correspondía con una reducción en la rapidez con que se propaga el virus", explica el autor Kieran Sharkey, investigador matemático de la Universidad de Liverpool, centrado en aplicaciones biológicas como la epidemiología.

"Como los niveles de radiación ultravioleta son más altos en verano, nuestros hallazgos sugieren que, de hecho, existe algún efecto estacional sobre la transmisión", prosigue, aunque aclara que "esta correlación no significa necesariamente que la radiación ultravioleta sea la causa de esta disminución en la transmisión, ya que la radiación ultravioleta puede correlacionarse con otros factores causales".

"Si bien el efecto de la radiación ultravioleta que observamos fue estadísticamente significativo, fue relativamente pequeño en comparación con otros factores", como las características demográficas de las ciudades (su tamaño y cantidad de contaminación del aire, entre otras) y las medidas de salud pública.

El autor pone el foco en la capacidad de influencia que han tenido en esas ciudades las intervenciones gubernamentales para luchar contra el coronavirus. 

"Es importante destacar que esto está bajo nuestro control. En el futuro inmediato, las posibles nuevas oleadas de la pandemia estarán determinadas predominantemente por los controles que dicten los gobiernos, más que por el clima. A esto se suman los efectos de las vacunas COVID-19 que ahora se están implementando", advierte.

"A más largo plazo, aún quedan dudas sobre si el COVID-19 se convertirá en una infección endémica estacional similar a la influenza y otros coronavirus. Nuestra investigación ha identificado evidencia de pequeños impulsores estacionales que pueden inducir este tipo de variación cuando es probable que el COVID-19 se estabilice como una enfermedad infecciosa endémica", explica Sharkey en el artículo.

En el mismo, el investigador admite la dificultad de predecir el comportamiento del coronavirus en "un sistema tan complejo" como es el mundo, y prevé que este dependa de muchos otros factores en el futuro, como el nivel y la duración de la inmunidad adquirida por las personas infectadas, la eficacia y duración de las vacunas actuales y futuras y la evolución de nuevas variantes del virus.

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