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Así es el escenario de investidura para Pedro Sánchez: sin apoyos claros y embarrado por los pactos municipales

Pedro sanchez y Felipe VI
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez y el rey Felipe VI, a principios de junio.
  • A pesar de no tener asegurada una suma que lo invista presidente, el candidato socialista acudirá al Congreso a pedirle su confianza.
  • No es la primera vez que Sánchez se presenta a una investidura sin apoyos. En 2016 no salió elegido y se celebró una repetición de elecciones.
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Casi dos meses después de las generales del 28A, una vez constituidos los ayuntamientos y los Parlamentos y a falta de cerrar algunos Ejecutivos autonómicos, la agenda política nacional se centra en la formación del Gobierno central.

Precisamente la concentración de citas electorales en el calendario —generales, municipales, autonómicas y europeas—, con a penas un mes de separación, es lo que está dilatando los tiempos y retrasando un posible acuerdo entre las principales fuerzas políticas para que se consolide una mayoría parlamentaria que permita investir a un nuevo presidente.

Sánchez se tira a la piscina

Desde que se disolvieron las Cortes Generales el tablero político ha sufrido varias convulsiones, y si el PSOE alguna vez tuvo certezas sobre quiénes podían votar a favor de Sánchez, éstas se han ido modificando o directamente han desaparecido. Aun así, y a pesar de que los apoyos no están cerrados, Pedro Sánchez acudirá al Congreso para someterse a la investidura, tal y como este lunes anunció el secretario de Organización socialista, José Luis Ábalos.

A pesar de que no hay una fecha concretada, Ábalos aseguró que el debate y posterior votación de investidura se producirían "en breve" porque "España necesita un Gobierno" y los socialistas van a "responder a esa necesidad". Porque "no tener gobierno tiene un coste de oportunidad muy importante para muchas cuestiones" y quienes lo sufrirán serán los "ciudadanos" y las "administraciones", argumentó.

En cualquier caso, no sería la primera vez que Pedro Sánchez se enfrenta a una investidura en la que no tiene asegurado el éxito. Tras las elecciones generales de 2016 y ante la falta de consenso entre los grupos parlamentarios, el líder socialista pidió la confianza de la Cámara Baja, pero su rechazo obligó a convocar nuevos comicios.

Condicionado por los pactos territoriales

Las alianzas entre fuerzas en ayuntamientos y Comunidades Autónomas también están jugando un papel decisivo a la hora de establecer la agenda de actuación de los partidos a nivel nacional.

El principal escollo para el PSOE se encuentra en Navarra, donde la candidata socialista puede gobernar aunque sería necesaria la abstención de Bildu. Esto no está contemplado por Ferraz, cuya prioridad es intentar no depender de las fuerzas nacionalistas. Ese veto ha ocasionado que Navarra Suma (la coalición entre UPN, PP y Cs) haya accedido a la alcaldía en numerosos municipios, algo que no ha gustado nada al PNV —cuyo apoyo fue clave para Sánchez en la moción de censura contra Mariano Rajoy—, que en los últimos días ha reiterado que sus votos favorables en la investidura dependerán de si PSOE le da la Presidencia a Navarra Suma en la Comunidad Foral.

En plenas conversaciones, los socialistas ahora mismo solo cuentan con el apoyo seguro del diputado del Partido Regionalista Cántabro (PRC), y apoyarse en los nacionalistas catalanes (ERC y JxCat) tampoco parece una opción, sobre todo después de que vetaran en el Parlament a Miquel Iceta como senador.

En principio, el aliado más probable son los diputados de Unidas Podemos, con los que el PSOE continúa en negociaciones. Los de Pablo Iglesias llevan desde el 29A insistiendo en entrar en un gobierno de coalición, pero los socialistas solo les ofrecen "cooperación".

Según ha publicado este martes eldiario.es, Sánchez e Iglesias se reunieron el lunes en secreto para avanzar en esa posible cooperación. Aunque no ha trascendido el contenido de la reunión, es el tercer contacto que mantienen ambos líderes y Sánchez, en diversas ocasiones, ha definido a Unidas Podemos como su "socio prioritario".

En el lado de las negativas se encuentran Ciudadanos y el PP. Este lunes, y a pesar de las voces internas que le piden a Rivera que se acerque al PSOE, Inés Arrimadas dejó claro que su partido no apoyará la investidura: "No vamos a hacer presidente a Sánchez con nuestros votos porque el sanchismo es malo para España" y porque "está permitiendo que su partido gobierne con Junts per Catalunya y con ERC en muchos municipios de Cataluña".

Desde el PP también son concisos en rehusar de hacer a Sánchez presidente. Este martes, el secretario general del PP, Teodoro García Egea, ha declarado que "al cien por cien el Partido Popular va a votar en contra de la investidura de Sánchez. No sé si va a conseguir los apoyos que necesita para continuar en Moncloa".

¿Qué pasa a partir de ahora?

Ni la Constitución ni el Reglamento del Congreso estipulan unos tiempos para que un candidato se presente a la investidura, pero si finalmente, como se ha comprometido, Pedro Sánchez acude a ella —todavía no hay fecha cerrada— se abren varias posibilidades:

  1. Que Sánchez recabe el  de, al menos, 176 diputados (la mayoría absoluta del Congreso) en la primera vuelta. Si esto ocurre, el candidato socialista sería investido automáticamente presidente del Gobierno.
  2. Que en la primera votación no lo respalden los diputados suficientes. En este caso se celebraría una nueva votación 48 horas después de la primera en la que a Sánchez le bastaría con obtener más votos afirmativos que negativos.
  3. Que Sánchez tampoco consiguiese los síes suficientes en segunda votación. La Constitución contempla que después de la primera votación fallida se abre un período de 2 meses para investir presidente antes de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones —lo que ocurrió en la Legislatura fallida de 2016—.
  4. Disolver las Cámaras y convocar nuevas elecciones generales.

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