He intentado comprar una hamburguesa, un café y otros productos con bitcoins en El Salvador, pero el sistema es un desastre

Un hombre protesta por el uso de Bitcoin como moneda legal junto con las reformas para extender el mandato del presidente Nayib Bukele en San Salvador, El Salvador. José Cabezas/Reuters
Un hombre protesta por el uso de Bitcoin como moneda legal junto con las reformas para extender el mandato del presidente Nayib Bukele en San Salvador, El Salvador. José Cabezas/Reuters
Reuters/José Cabezas
  • El 7 de septiembre, El Salvador se convirtió en el primer país en adoptar el bitcoin como moneda legal. El país no tiene moneda nacional propia y también usa el dólar estadounidense.
  • El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, cree que la adopción de la principal criptomoneda puede transformar el país.
  • El despliegue ha sufrido importantes problemas tecnológicos y ha provocado intensas protestas.
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SAN SALVADOR, El Salvador — El presidente millennial de El Salvador, Nayib Bukele, prometió a sus ciudadanos que liderarán la revolución de Bitcoin. En junio, el país aprobó una ley histórica para convertir a El Salvador en el primer país del mundo en aceptar bitcoin como moneda oficial. 

El Gobierno también anunció planes para crear una billetera bitcoin llamada "Chivo" (una palabra muy extendida en el país para designar algo "guay"), e instalar 200 cajeros de Chivo en El Salvador y Estados Unidos, lo que permitiría a la gente comprar bitcoins o cambiarlos por dólares.

Pero días después de la implementación de la Ley Bitcoin, que entró en vigor hace solo unos días,  importantes obstáculos tecnológicos han empañado este experimento de criptomoneda único en su género. 

Antes de las 6 de la mañana del martes en el que la criptomoneda pasó a ser moneda oficial en el país, el presidente Bukele, conocido por su frecuente uso de las redes sociales, tuiteaba frenéticamente explicando que los servidores de las billeteras de Chivo no funcionaban. La gente bromeó diciendo que estaba actuando como representante nacional de servicio al cliente para su experimento con el bitcoin.

La mañana del lanzamiento, cientos de personas se reunieron en Salvador del Mundo, una plaza en el centro de la ciudad con un cajero automático Chivo, para protestar contra la política de Bukele. Mientras marchaban hacia la asamblea legislativa del país, dejaron atrás a decenas de trabajadores con camisetas de Chivo encargados de solucionar los problemas con la tecnología. 

Pero las tensiones alcanzaron su punto máximo el pasado miércoles. Mientras los salvadoreños celebraban el 200 aniversario de la independencia, miles de manifestantes coreaban que no querían bitcoins mientras marchaban por las calles de San Salvador. Algunos incluso destrozaron y prendieron fuego a un cajero automático de Chivo.

Bukele, líder del partido Nuevas Ideas de El Salvador, está convencido de que el bitcoin transformará el país. Prometió a los salvadoreños que la política ayudará a atraer una nueva serie de inversiones extranjeras al país y ayudará a los ciudadanos de a pie a reducir sus gastos bancarios y de envío de remesas de sus familiares en el extranjero. 

Bukele está tan seguro de las ventajas de Bitcoin que, en un intento quijotesco de reforzar las arcas del país, invirtió 28 millones de dólares de fondos públicos para comprar unos 550 bitcoins. Es una apuesta que podría ayudar al país a financiar proyectos millonarios de obras públicas si el valor del bitcoin se dispara. O podría ser una losa más para la creciente deuda de El Salvador si los precios se desploman. 

Pero la mayoría de los salvadoreños se muestran escépticos ante la nueva ley. Y más de una semana después de la revolución del bitcoin en El Salvador, sus detractores están aumentando. 

Después de los obstáculos tecnológicos generalizados y las protestas en todo el país, en lugar de impulsar la revolución criptográfica en el país, la política está exponiendo los límites del potencial transformador de Bitcoin.

José Bonilla, de 22 años, muestra la aplicación Chivo en su teléfono Android. Anna-Catherine Brigida
José Bonilla, de 22 años, muestra la aplicación Chivo en su teléfono Android. Anna-Catherine Brigida
Anna-Catherine Brigida

Los primeros días del lanzamiento de bitcoin fueron un desastre

La semana del lanzamiento, de 20 empresas encuestadas en la capital, solo unas pocas aceptaban el pago con bitcoins. Todas eran cadenas internacionales: Starbucks, Olive Garden y McDonald's. Algunas de las empresas argumentaban que estaban esperando explicaciones del Gobierno sobre cómo usar la criptomoneda. 

Traté de hacer mi primera compra en McDonald's en el lado noroeste de Salvador del Mundo, donde los manifestantes marchaban ese mismo día. La cajera llamó a su jefe para pedirle que imprimiera un código QR que pudiera escanear para pagar con mi billetera de criptomonedas. 

Usé una aplicación de la popular compañía de criptomonedas Coinbase (la billetera Chivo del país solo está disponible para ciudadanos salvadoreños), pero el pago no se realizó

Ninguno de los dos sabía cómo solucionar el problema, así que decidí pagar con tarjeta de crédito. Mientras me comía un McMuffin, el jefe, decidido a descubrir la tecnología, volvió con un nuevo código. Pero tampoco funcionó. 

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Decidí probar suerte fuera de la capital. Conduje 2 horas hasta Ataco, una pintoresca ciudad turística en las montañas conocida por sus coloridos murales y productos artesanales. Pero la mayoría de las empresas ni siquiera habían descargado la aplicación.

El propietario de un café, Wilber Herrera, era uno de los escasos pequeños empresarios en la ciudad que planeaba usar la aplicación Chivo para aceptar compras. Quería proporcionar un método de pago alternativo a sus clientes y descargó la aplicación el 7 de septiembre, pero poco después no pudo acceder a su cuenta. 

Al día siguiente, seguía recibiendo un mensaje que decía que su PIN era incorrecto. "Es complicado de usar y no ha habido ninguna formación para los dueños de negocios", aseguraba Herrera.

El dueño de la cafetería, Wilber Herrera, intentó aceptar pagos con bitcoins en su café en Ataco, pero no pudo hacer que la aplicación funcionara. Anna-Catherine Brigida
El dueño de la cafetería, Wilber Herrera, intentó aceptar pagos con bitcoins en su café en Ataco, pero no pudo hacer que la aplicación funcionara. Anna-Catherine Brigida
Anna-Catherine Brigida

Incluso cuando las transacciones funcionan, los comerciantes pierden dinero

A pocos minutos de la cafetería, José, un comerciante de 53 años que pidió que se le identificara sólo con su nombre de pila para poder hablar libremente de la política sin preocuparse por las represalias del gobierno, decidió convertirse en uno de los primeros en adoptarla. De los 15 vendedores con los que hablé en Ataco, él fue el único dispuesto a aceptar el pago. 

"Como empresarios, no podemos cerrarnos a la tecnología", dijo.

Después de mirar las baratijas y las obras de arte, me decidí por comprar un imán y un rascador de cabeza endeble por un total de 5 dólares. Saqué mi teléfono para pagar y la dependienta de la tienda, Alba, hizo lo mismo. No había iniciado sesión en la cuenta y no sabía su número de PIN, por lo que tuvo que conseguir el de un compañero de trabajo para acceder. 

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Después de unos minutos de resolución de problemas (Alba había configurado la aplicación para recibir el pago en dólares, no en bitcoins), escaneé el código para realizar mi primer pago con Bitcoin en El Salvador. Me cobraron 5,07 por la transacción y 0,55 en tarifas de minería a través del wallet de Coinbase, por un total de 5,62 dólares. La empresa recibió 4,99 dólares.

Mi primer pago de Bitcoin en El Salvador por 5 dólares. Anna-Catherine Brigida
Mi primer pago de Bitcoin en El Salvador por 5 dólares. Anna-Catherine Brigida
Anna-Catherine Brigida

"Ya perdí un centavo en la transacción. Un centavo entre cien o mil transacciones, eso puede afectarnos. Ese es el miedo que tenemos", protestaba José. El trabajador estima que comprueba el precio de bitcoin al menos 6 o 7 veces al día para ver cuánto ha cambiado. 

Bitcoin en sí es extremadamente volátil y se sabe que cambia de valor hasta en un 50% en un día determinado. "Cuando el precio sube, todos estamos contentos, por supuesto, pero cuando perdemos, nadie lo está", lamentaba.

Para retirar sus ganancias, José tendrá que viajar al menos 20 minutos hasta un pueblo vecino para usar el cajero automático de Chivo más cercano. Pero es más probable que vaya a un cajero automático de bitcoins en el centro de la ciudad de San Salvador, cuando haga el viaje de 2 horas cada semana para realizar compras para su tienda. 

En McDonalds la máquina de refrescos funcionaba, la de Bitcoin no

El jueves pasado, más de 20 personas esperaban fuera del cajero automático de Chivo en Salvador del Mundo su turno para convertir su criptomoneda en dólares. El Gobierno colocó estos cajeros automáticos en todo el país cuando se implementó la ley; si funcionaban, era ya otra cuestión. 

En Salvador del Mundo, un puñado de trabajadores de Chivo estaba allí para responder preguntas. Pero el sistema no funcionaba bien, por lo que no había mucho que hacer al margen de esperar.

Un pequeño grupo de personas en una protesta en San Salvador el 15 de septiembre rompió un cajero automático de Chivo Bitcoin. Más tarde le prendieron fuego. Anna-Catherine Brigida
Un pequeño grupo de personas en una protesta en San Salvador el 15 de septiembre rompió un cajero automático de Chivo Bitcoin. Más tarde le prendieron fuego. Anna-Catherine Brigida
Anna-Catherine Brigida

Giovany Sánchez, de 24 años, que tiene una tienda online de electrónica, había estado esperando alrededor de una hora. Sánchez llegó al cajero automático para sacar el dinero que ganó con las ventas en bitcoins de su tienda online. 

Ya había ido a otro cajero automático de Chivo al otro lado de la ciudad, pero tampoco funcionaba y no había trabajadores para ayudarle. A pesar de las frustraciones, Sánchez todavía quería darle tiempo al presidente para resolver los problemas técnicos. 

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"Mucha gente critica, pero no piensa en los beneficios. Si funciona bien, creo que es una buena herramienta", aseguraba. 

Al otro lado de la calle de donde Sánchez esperaba para usar el cajero automático, 3 empresas que me dijeron que estaban trabajando para aceptar bitcoins el día 1 aún no podían hacerlo al final de la semana. 

Decidí intentarlo una vez más en McDonald's. Escaneé el código con dos wallets diferentes, pero ninguno lo reconoció. El cajero, el mismo de antes, parecía tener menos paciencia que durante mi primer intento fallido. 

"¿Pagarás en efectivo o con tarjeta en su lugar?", me preguntó la empleada. Abrí mi cartera, la física con efectivo y tarjetas de crédito, y compré unas patatas fritas y un McFlurry.

Este contenido fue publicado originalmente en BI Prime.

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