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El 'made in China' languidece por el coronavirus: Apple, Google o Microsoft podrían mudar sus fábricas a Vietnam definitivamente

Tres turistas con mascarillas se sacan fotos durante el brote de coronavirus.
Tres turistas con mascarillas se sacan fotos durante el brote de coronavirus.

REUTERS/Edgar Su

  • Apple, Google y Microsoft llevan meses barajando mudarse de China a Vietnam y Tailandia, pero el coronavirus parece haber precipitado esta tendencia. A ello se le suma la subida de los costes de producción, la demanda y el miedo a una nueva guerra comercial, según han adelantado varios medios.
  • La surcoreana Samsung ya se trasladó a Vietnam en 2014 para ahorrar recursos; desde entonces otras tecnológicas han imitado este movimiento.
  • Los próximos productos estrella de Google y Microsoft, como el Pixel 4A y la nueva Surface, ya saldrán importados de estos dos países en la segunda mitad del año.
  • Aunque la mudanza podría empezar estas semanas, se espera que las empresas no terminen de desligarse completamente de China hasta mediados de 2021.
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Coronavirus

El coronavirus podría transformar una parte esencial de la industria de las grandes tecnológicas. Apple, Google y Microsoft están barajando irse de China y mover sus producciones al sudeste asiático, principalmente a Vietnam y Tailandia, según ha adelantado la agencia japonesa Nikki Asian Review y la CNBC.

Los gigantes de la tecnología se encontraban en una situación complicada durante los últimos meses, con China y Estados Unidos enzarzados en plena guerra comercial. Aunque al final las administraciones de Pekín y Washington firmaron la tregua para evitar los aranceles, el COVID-19 podría precipitar la huida de las tres empresas, que esperarían terminar la mudanza durante el segundo trimestre de 2020.

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De hecho, ni el Google Pixel 4A ni el Pixel 5 —esperados para el mes de abril— verán la luz en el gigante asiático. Tampoco la nueva remesa de tablets Microsoft Surface, que rotarán el famoso Made in China por el Made in Vietnam con vistas a emanciparse totalmente de Pekín en algún punto de 2021.

El trasvase no será fácil. A día de hoy, la influencia china está más presente que nunca en el mercado internacional, sobre todo en el estadounidense. En esto se basa la guerra moderna, en los negocios; concretamente, en el negocio de hacer productos para los estadounidenses. Y esa guerra la está ganando Vietnam.

¿Por qué Vietnam?

Una agricultora en Vietnam.

REUTERS/Kham

Si te preguntan cuál es el país del mundo que exporta más dispositivos electrónicos, probablemente digas que China. Durante muchas décadas, el gigante asiático se convirtió en el epicentro de la facturación tecnológica gracias, precisamente, a las empresas de Occidente que encontraron en Pekín la flor y la nata de la rentabilidad. 

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China era enorme, pobre, y laboralmente desocupada. Las grandes corporaciones la vieron, y con ella vieron una forma de deslocalizar sus industrias y producir de forma barata para los países ricos. Con el tiempo, el país ha logrado dar el gran salto adelante que había prometido en el siglo XX, pasando de ser un mundo subdesarrollado a convertirse la vanguardia del planeta. Ahora quieren pasar de ser una fábrica a un laboratorio.

Todo cambió a raíz de la guerra comercial con Estados Unidos. Aunque siempre había existido el miedo a la piratería o falsificación de artículos, las empresas verdaderamente empezaron a temer por su futuro cuando estalló la subida cruzada de aranceles entre Washington y Pekín

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Hanoi, Vietnam
Shutterstock/Xita

Si pensamos en los cuatro mayores fabricantes chinos de smartphones —Huawei, Vivo, Oppo y Xiaomi—, este Big Four representa alrededor del 85% de los modelos exportados, según los analistas de Canalys. Para un mercado interior de más de 1.300 millones de consumidores, las cuatro juegan en casa máxime en un momento en el que el sentimiento nacionalista favorece el auge de las enseñas patrias.

Con esta potencia de mercado, los fabricantes cada vez se decantan más por satisfacer a sus propios consumidores y tienen menos tiempo (y ganas) de satisfacer las del resto del mundo. Especialmente si enfrente tienen a Donald Trump sentado en la Casa Blanca.

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Por el otro bando, las marcas estadounidenses hace tiempo que se percataron de esta tendencia y, empujadas por el fuerte impacto que se supone producirá el coronavirus en el sector, parecen estar virando a una zona que recuerde a esa "China de los inicios", grande, pobre y subdesarrollada. Y está Vietnam, una tierra vacía con una fuerza laboral la mitad de cara y 7 años más joven que la de China.

El éxodo empresarial lo abrió la surcoreana Samsung en 2014, y desde entonces no ha parado de colonizar el país hasta tal punto que uno de cada cuatro dólares de las exportaciones de Vietnam proviene de productos Samsung. La llegada de Apple, Google y Microsoft, sumado a las fábricas de Tailandia (Sony), apunta a que la península de Indochina terminará por convertirse en una China 2.0.

Las empresas se van, pero los componentes se quedan

Dos chinos inspeccionan un smartphone Samsung Galaxy S20 Ultra 5G durante el Samsung Unpacked.

REUTERS/Stephen Lam

Desde iPhone hasta televisores, pasando por portátiles y robots de cocina, gran parte de la tecnología de consumo del mundo o bien se fabrica en China o se basa en piezas fabricadas allí. Si algo agita al gigante asiático, toda la estructura se bambolea. Y el coronavirus lo ha hecho. 

Fábricas y oficinas cerradas, producciones detenidas y miles de comercios clausurados son el balance de un mes de enfermedad en un país que ha sido líder del mercado del smartphone durante la última década. El choque ha sido tal que, incluso aunque la amenaza del coronavirus retrocediera pronto, los fabricantes chinos podrían tardar semanas en restablecer sus operaciones, incluidas las cadenas de suministro y la logística.

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En un principio pareció una buena idea integrar el proceso productivo. En vez de fabricar uno mismo la batería del teléfono, ya que la mano de obra estaba en China, se delegaba en una tercera empresa, también china, para que produjera todas las piezas. Resultaba más ventajoso, dicho de otro modo, tener toda la cadena de producción en un mismo lugar.

A día de hoy, cerca del 40% de las exportaciones tecnológicas proviene de China, pero el problema de verdad aparece con los componentes. Por muchos que las firmas estadounidenses muden sus nichos a Vietnam, la mayoría de ellas siguen confiando en China para crear los componentes de sus smartphones, como sensores o pantallas de vidrio. Mover estas fábricas sería lo más difícil.

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No obstante, los proveedores de los que dependen muchas empresas seguirán fabricando en China, lo que dificulta la vía para que una empresa de tecnología estadounidense se diversifique fuera de sus fronteras. Es el caso de las pantallas y paneles LCD que utilizan televisiones y ordenadores: una de cada dos de las que salen al mercado en todo el mundo se fabrica en China.

El giro de la economía china, cada vez más orientada al consumo interno por encima de la exportación barata hacia el resto del mundo, también ha afectado a los propios índices de crecimiento. Cada vez más propios, eso sí, de un país desarrollado (el de EEUU oscila entre el 1,5 y el 2,5% en los últimos años), estos índices deberían mantenerse activos mediante el consumo interno, según Mckinsey. Pero, si siguen fabricando para sí mismos, no podrán fabricar para el resto.

Apple pudo ir a Vietnam hace años y decidió quedarse en China

Mucho antes de la llegada del coronavirus, el equipo de operaciones de Apple ya se planteaba hasta qué punto podrían dejar de depender de China.

De hecho, ya en el año 2015, movidos por los movimientos de Samsung, algunos ejecutivos sugirieron trasladar el ensamblaje de algunos productos a Vietnam. Con el tiempo, Apple podría captar trabajadores en el país y crear un nuevo grupo de proveedores de componentes fuera de la nación más poblada del mundo. No surtió efecto.

Los directivos rechazaron la idea. Retirarse de China, su segundo mercado de consumo mundial, era un suicidio a nivel de ventas y de eficiencia, ya que la mayoría de sus productos se ensamblaban allí. La dependencia aumentó, y en el último año terminó por estallar.

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En menos de 365 días, y a pesar de que el impacto ha sido menor que el de sus competidores, Apple ha tenido que enfrentarse al cóctel molotov de una guerra arancelaria, la deriva hacia el consumo interno del Gobierno chino y, para rematar la faena, una epidemia de nombre coronavirus que ha terminado por dinamitar toda la producción en el gigante asiático.

En concreto, Apple ya ha advertido a sus inversores que no cumplirá con sus estimaciones de ventas de cara al trimestre actual, confesión que le ha valido una bajada de valor de más de 100.000 millones de dólares a los de Tim Cook. La perla asiática, en su momento un bastión de estabilidad, eficiencia, bajo coste y proveedores, empezaba a perder brillo para los de la manzana mordida.

Un grupo de personas equipadas con máscaras protectoras esperan a pasar un test de temperatura antes de entrar a una Apple Store en Shanghái
Un grupo de personas equipadas con máscaras protectoras esperan a pasar un test de temperatura antes de entrar a una Apple Store en Shanghái. REUTERS/Aly Song

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El propio Cook ha tenido que salir en defensa de su compañía para minimizar los ecos de un posible cambio en la cadena de suministro. El magnate señaló a Fox Business Network que habrá cambios en Apple, sí, pero que ninguno será estructural. Voces de la empresa han señalado lo contrario a la CNBC.

Romper de cuajo con China es imposible, al menos de momento. Pero lo cierto es que la firma ya ha empezado a experimentar con pequeños movimientos de producción fuera de las fronteras mandarinas, incluidas plantas de ensamblaje en Vietnam, fábricas de iPhone en la India y ordenadores Mac Pro en Estados Unidos. Pero de ahí a la mudanza definitiva hay un trecho.

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Las ventas de China suponen una quinta parte de los ingresos totales de Apple, que goza de una buena imagen (para lo que es una empresa extranjera) dentro de las fronteras asiáticas. Abandonar la que es ya su segunda casa —y a todos los trabajadores a los que emplea, más de 3 millones— supondría una pérdida drástica de sus ingresos en el mercado asiático.

Sin embargo, desde la eclosión de la guerra comercial, los rumores de un posible éxodo del sector hacia tierras vietnamitas no han dejado de sonar. A día de hoy, con la crisis del coronavirus y los malos datos entre manos, son más ruidosos que nunca.

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