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Hay células inmunes no muy conocidas que toman el control cuando los anticuerpos del coronavirus disminuyen

Laboratorio de procesamiento de sangre en el Instituto de Inmunología Terapéutica y Enfermedades Infecciosas de Cambridge.
Laboratorio de procesamiento de sangre en el Instituto de Inmunología Terapéutica y Enfermedades Infecciosas de Cambridge. Kirsty Wigglesworth/Pool vía REUTERS

En el avance de las investigaciones sobre la inmunidad al nuevo coronavirus, unas células, hasta el momento no citadas, han empezado a cobrar protagonismo: las células inmunes T

Esto se debe a que los glóbulos blancos tienen una muy buena memoria inmunológica y, aunque desaparezcan muy rápido los anticuerpos del coronavirus, el organismo aprende a identificarlo y defenderse. 

"Si te reinfectas tras un periodo de tiempo, sería una enfermedad debilitada. No será tan grave como la primera vez porque tus células B y T recuerdan el virus y reaccionan rápidamente", ha explicado con anterioridad a Business Insider Florian Krammer, un vacunólogo de la Escuela de Medicina Icahn en el Monte Sinaí. 

"Los anticuerpos son solo una parte muy pequeña de la imagen", ha señalado también a Bloomberg Paul Griffin, profesor asociado de medicina de la Universidad de Queensland en Brisbane.

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Por ello, las esperanzas de alcanzar una vacuna exitosa o tratamientos más eficientes mientras esta se desarrolla —no antes del 2021, según la OMS—, no se ha perdido. 

Las células T tienen la capacidad de destruir las células infectadas —e incluso de recordar durante décadas enfermedades pasadas—, mientras las células B trabajan para producir nuevos anticuerpos.

No obstante, Griffin aclara que no han de considerarse "protectoras" aunque podrían reforzar la defensa contra el COVID-19. 

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Con anterioridad, un estudio publicado por Cell, identificó que algunas personas podían tener una ventaja inmunológica ante el contagio.

Este descubrió que, personas que nunca han estado expuestas al SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus, tienen células T colaboradoras (helper T) que son capaces de reconocerlo y responder a un posible contagio con el mismo.

Y, según explican, esto se debía a un fenómeno llamado reactividad cruzada (cross-reactivity, en inglés). Es decir, cuando las células T colaboradoras que se desarrollaron en respuesta a otro virus reaccionan a un patógeno similar desconocido. Por ello, no sólo tienen especial relevancia tras el contagio con el COVID-19, sino también por enfermedades previas aunque algunos expertos se muestren escépticos. 

"Es demasiado pronto para concluir que la reactividad cruzada con los coronavirus del resfriado desempeña un papel en el resultado clínico leve o grave de COVID-19 o en el grado de infección de las poblaciones", reconoce a Business Insider Maillère Bernard, científica del CEA/Université de Paris-Saclay en Francia que no participó en el estudio.

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