La crisis del traje impacta en sastrerías y cadenas como Inditex, Tendam o Mango: vuelven los eventos pero no compensan un entorno empresarial con menos 'dress code' que nunca

Sector del traje

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  • La moda masculina ingresó en España en 2020 un 42,3% menos que el año anterior: 3.355 millones de euros. 
  • En los 3 primeros meses de 2021, el número de trajes confeccionados cayó un 66,78%.
  • El teletrabajo y la falta de eventos han impactado de lleno en el negocio de sastrerías y gigantes textiles, que tratan de encontrar en la moda informal un revulsivo para dinamizar sus ventas.
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El sector textil en España facturó en 2020 un 41,26% menos que el año anterior, hasta situarse en 10.619 millones de euros, como consecuencia del fuerte impacto del COVID-19 en el negocio, según el informe anual de la patronal del sector, Acotex.

En una debacle sin precedentes, la moda masculina no escapó al impacto. En el año de pandemia, el sector redujo sus ingresos un 42,3%, hasta 3.355 millones de euros. Es decir, 2.419 millones menos

La moda de caballero representó el 31,6% de las ventas, la aportación más pequeña desde que la patronal recopila datos: 1999. 

La compleja situación que afronta la moda masculina tiene un damnificado que destaca especialmente: el traje. 

"La situación del traje es francamente mala"

La pandemia ha moldeado una nueva realidad laboral —y también social durante muchos meses—, despojada de cualquier evento social.

La irrupción del teletrabajo y los ajustes temporales de empleo (ERTE), pero también la cancelación de celebraciones como las bodas, desataron la tormenta perfecta para un sector que trata ahora de rearmarse.

El número de trajes y camisas confeccionados cayó un 66,78% en los 3 primeros meses del año frente al mismo periodo 2019, cuando la pandemia ni se atisbaba, según las cifras de la Asociación Española de Sastrería (AES). 

Si se atiende a los gigantes textiles, como Inditex o Tendam, la situación no ha sido mejor, pese a que las grandes cadenas tienen más margen de maniobra que los negocios más pequeños.

Massimo Dutti, enseña del imperio Inditex enfocada a un público masculino de clase media-alta, recortó en 2020 sus ingresos un 37%, hasta 1.197 millones. Fue la mayor caída porcentual de todo el grupo. 

Fuertes cercanas a la enseña constatan el impacto económico de una mayor casualización de la moda. Desde entonces, añaden, la firma se encontraría "en pleno replanteamiento de su oferta y su ADN". 

En Zara, fuentes internas detallan que Mujer y Niño respondieron muy bien al impacto del COVID-19. No pasó lo mismo con Caballero, donde se habría producido la salida de hasta un 80% de sus directivos.

Pese a que Inditex no desglosa cuál es el peso de sus divisiones, voces internas explican que antes de la pandemia, en 2019, la facturación de caballero rondaba los 4.000 millones de euros, lo que supondría en torno al 20% de los ingresos generados por Zara en 2019.

En Tendam —que aglutina firmas como Cortefiel, Springfield y Pedro Del Hierro—, confirman fuentes internas que el peso de caballero sería bastante significativo. Tanto como lo ha sido la caída en la venta de trajes. "A día de hoy, la situación es francamente mala", confiesan. 

Un sector con varios actores

Sastreria

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Para hablar del sector del traje, hay antes que diferenciar 2 actores: el mundo de la sastrería —para la que el traje representa el 80% de los ingresos— y los titanes de la moda. Cada uno se mueve en un tablero de juego diferente.

"No es equiparable la cantidad de trajes que confecciona un gigante textil a los que realiza una sastrería y, por tanto, tampoco lo es el coste para llevarlo a cabo", apuntan desde la asociación.

Pero, incluso, dentro de la sastrería hay cabida para 2 tipos: la industrial, entendida como aquella que toma las medidas en tienda al cliente y delega la confección del traje en fábricas (la mayoría de ellas españolas, portuguesas, francesas o italianas); y, por otro lado, la sastrería artesanal, que se identifica por tener un taller propio, donde siempre se realiza la prenda superior o, en su defecto, todas. Toda la producción va a parar al usuario final. 

Antes de que la pandemia desdibujase por completo el paisaje, la media anual de prendas confeccionadas por el sector industrial se situaba en unas 1.500. La más tradicional en 200, según la asociación.

Ambas cifras, explican desde la asociación, habrían caído a más de la mitad en 2020.

El abanico de precios que explica la polarización del sector

Para confeccionar un traje de forma artesanal, hacen falta como mínimo 50 horas de confección. 

"Cuando vendes a gran escala, los objetivos son otros y las calidades y cantidades, también", relata la cabeza visible de la sastrería en España.

No obstante, entre los titanes de la moda hay matices: mientras que un traje de la firma Pedro del Hierro estaría por encima de los 500 euros, en Massimo Dutti rondaría los 270. Lejos, en cualquier caso, de los 2.200 euros con los que parte un traje artesanal.

En una esfera más económica aparecen los 174 euros de media que cuesta en Mango una chaqueta y pantalón y los 120 euros si hablamos de Zara. 

Márgenes y rotación de prendas: las variables que marcan el ritmo

Central de Inditex

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Pero, al margen del precio de venta al cliente final, no se puede entender el peso económico que tienen las divisiones de caballero en los gigantes textiles sin tener en cuenta 2 variables: los márgenes y la rotación de prendas.

Fuentes vinculadas al sector del traje explican que la ganancia se encuentra más en el margen que uno logre que en la cantidad de trajes que se puedan llegar a vender.

"El coste que le ganas a un traje lo marca el país de origen, el tipo de tejido o la confección que se emplee. Esto te arroja unos márgenes u otros", apuntan.

Esto anterior, a su vez, genera en otra derivada: la rotación de prendas de corte formal es menor que la de moda casual. Algo en lo que incide un precio más alto de media y en la vida útil de los trajes.

"Si tú tienes 3 trajes medianamente buenos y los cuidas, estás listo. En cambio, cuando hablamos de moda casual, aparte de ser más barata, es más fácil picotear en temporada e ir combinando", apunta una fuente cercana al grupo Tendam. 

A la obligada pregunta de si la venta de sudaderas –por muchas que sean– compensa la caída de los trajes–, el presidente de Acotex, Eduardo Zamácola, es tajante: "Lo que de verdad no te deja margen es tener una prenda colgada que no se vende". 

"Cuando hablamos de vender prendas informales, es cierto que te da un margen mínimo, pero sí te aportan más rotación, con lo que generas más volumen de negocio", apostillan otras voces. 

Ante ello, son muchas las firmas que bajo el concepto comfy buscan un revulsivo para capear la situación actual. "Hay que darle al cliente lo que pida, no queda otra", apunta Zamácola. 

Sin ir más lejos, fuentes de Mango explican que han ampliado categorías de producto más informales y que, confiesan, no tenían tan trabajadas. 

Voces de la empresa catalana detallan que ahora trabajan en desarrollar colecciones más relajadas y versátiles que puedan encontrar cabida en un nuevo modelo laboral híbrido.

El perfil del cliente y las 4 aristas clave

Sastreria

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Por lo general, el cliente español se decanta por un estilo clásico y raramente se venden apuestas más arriesgadas, como podrían ser el lino o las tonalidades pastel, según la patronal de la sastrería y los expertos.

“La sastrería española está a medio camino entre la italiana y la inglesa. Tenemos la buena hechura de los ingleses con la modernidad de los italianos", argumenta el maestro sastre Joaquín Fernández Prats. 

El experto sí reconoce una mayor demanda de americanas a medida y chaquetas más informales. No obstante, el traje, admite, sigue siendo el "punto fuerte de nuestras cuentas". 

A la hora de hablar de perfiles, la Asociación de Sastrería de España (AES) diferencia 4 aristas a tener en cuenta. 

La primera sería la edad. Cuanto más maduro es el cliente, más clásico es y más exquisitez demuestra al elegir los tejidos. Y viceversa. 

El segundo es la moda nupcial, una pieza clave para las cuentas de estos negocios. Desde hace algún tiempo, detallan, se aprecia un interés cada vez más notable entre los novios por cuidar cada detalle de su prenda.

No menos importante en términos económicos es el fiel enamorado de la sastrería. Es, en opinión de la asociación, un perfil que busca autenticidad en un mundo marcados por trajes azules y grises.  

"No hay una segunda oportunidad para la primera impresión", cita Agustín García, presidente de AES, en referencia a Óscar Wilde. Lo hace para explicar hasta qué punto es vital el peso del empresario en el sector. No puede entenderse un mundo sin el otro. 

¿Hay margen para el traje en un entorno con menos 'dress code'?

"Llegaremos a un equilibrio y hay sectores en los que el traje seguirá estando presente", explica Fernández Prats.

Y habla con propiedad: el empresario es conocido como el sastre del Ibex 35 por vestir a gran parte de sus ejecutivos. Los nombres propios forman parte del secreto profesional.

A la pregunta de si el traje necesita la oficina para sobrevivir, el maestro reconoce que una vuelta total a las empresas ayudaría a mantener la demanda de trajes entre la clientela más joven.

Pese a ello, el sastre se mantiene firme en su idea: "En el mercado del traje, hay grandes fanáticos y defensores". El teletrabajo, añade, no afecta a todos los perfiles, como es el caso de trabajadores del sector bancario o los abogados. 

Así, pone como ejemplo la importancia del cliente extranjero, especialmente el de América Latina, al que define como un "gran amante del traje a medida", algo que no ha cambiado tras la pandemia.

"Nunca va a desaparecer", se atreve a vaticinar el maestro sastre sobre el futuro de la prenda. El binomio que forman el traje y el alto standing empresarial parece irrompible.

Un halo de esperanza por el repunte de los eventos e incertidumbre

Respecto al futuro, la asociación de sastrería explica que el segundo trimestre del año invita a cierto optimismo: "Hemos constado una subida considerable en ventas durante el mes de julio por la vuelta gradual de las bodas".

En este punto también coincide Zamácola, pero se mantiene más cauto: "El repunte en moda nupcial se debe a la cantidad de eventos que había aplazados durante la pandemia y que se hayan celebrado a la vez".

Sin embargo, cree que hay que poner en contexto las cifras: "Se ha vendido durante rebajas y siempre digo que vender bien durante ellas es negativo. Significa que no lo has hecho cuando debías".

Esta cierta reactivación es la prueba más evidente de que los números siguen "anestesiados", explica en este sentido.

"El traje va a seguir sufriendo porque es la consecuencia directa de 12 meses destruyendo economía y  consumo, que se suman a los años que el sector lleva lastrado", concluye Zamácola. 

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