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Sánchez pierde la primera votación a la investidura, pero avanza en su camino a la presidencia

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno en funciones
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno en funciones. REUTERS/Juan Medina
  • Los síes (166) han superado a los noes (165), pero no han logrado la mayoría absoluta.
  • No será hasta la segunda votación, el martes 7 de enero, cuando la mayoría simple le valdrá a Sánchez para asegurar la investidura y el Gobierno.
  • En el último suspiro de las negociaciones el PRC cambió su apoyo por un voto en contra, mientras que el BNG pasó de la incertidumbre al sí.
  • Las abstenciones de ERC y EH Bildu serán indispensables durante el segundo debate.
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Nadie se ha salido del guion. Pedro Sánchez ha perdido la primera votación de investidura, pero ha allanado su camino para hacerse con el Gobierno en la sesión del martes.

A falta de un cambio de última hora, el socialista repetirá resultados y se alzará con 167 apoyos en el Congreso de los Diputados, a 9 de la mayoría absoluta, pero suficientes para formar Gobierno en la segunda sesión de investidura.

Así, la suma de PSOE, Unidas Podemos, PNV, Más País, Nueva Canaria, BNG y Teruel Existe salva los muebles el primer día.

Si todo sigue igual, también repetirá el bloque de la derecha (165), que hoy ha aguantado el primer asalto, pero que necesitará de un voto más para detener a la coalición PSOE-Unidas Podemos.

Y conseguir un escaño, a estas alturas, semeja más una quimera que una realidad.

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Ni siquiera el cambio de parecer del Partido Regionalista de Cantabria (PRC), que retiró su apoyo a Sánchez en el tiempo de descuento, ha sido suficiente para salvar al bloque de la derecha, actualmente en pacto de no agresión —al menos hasta la semana que viene—.

Al margen de este escaño rebelde, todo ha ido según lo planeado.

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez sellan su programa de Gobierno de coalición
REUTERS/Susana Vera

El debate

Más de lo mismo a los pies de la tribuna del Hemiciclo, que abrió sus puertas este sábado a las 09.00 horas de forma extraordinaria para permitir que los diputados pudiesen celebrar la Noche de Reyes en sus hogares. Al menos, los que tengan motivo de celebración.

Entre este grupo se encuentra Sánchez, que por aquello de que a la tercera va la vencida ha salido por primera vez de una investidura con la garantía de que tiene el control de la Cámara Baja.

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El presidente en funciones defendió ayer su programa de Gobierno sin límite de tiempo, defendiendo que "no se va a romper España ni la Constitución, sino el bloqueo al Gobierno progresista democráticamente elegido por los españoles".

"Les anuncio que vamos a crear una mesa de diálogo bilateral entre el Gobierno de España y el de Cataluña. La vamos a crear, vamos a debatir dentro del marco constitucional y vamos a poner fin a esta confrontación territorial", dijo Sánchez, subrayando en la necesidad de retomar la senda de la política dejando atrás la judicialización del conflicto. 

El líder socialista acuñó un término durante su discurso que, según él, definirá la legislatura: el denominado "patriotismo social" que vincula al reparto de la riqueza frente al modelo neoliberal y se regirá por cuatro valores: justicia social, defensa de los servicios públicos, libertad y cohesión territorial.

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Pedro Sánchez confirmó desde la tribuna su propósito de derogar la reforma laboral de 2012, la creación de una ley contra el fraude fiscal, la prohibición de las amnistías fiscales, la subida de impuestos a las rentas superiores a los 130.000 euros anuales pero no a "las clases medias" o un "mayor control sobre las sociedades de inversión de capital variable".

Pablo Casado, líder del PP
Pablo Casado, líder del PP. REUTERS/Sergio Perez

Los partidos que, en principio, quedarán en la oposición a partir del martes, centraron sus críticas en la situación de Cataluña y la necesidad de Sánchez de depender de los votos de ERC y Bildu. "Este Gobierno va a ser su epitafio", dijo Pablo Casado, que insinuó la posibilidad de llevar a los tribunales al líder socialista si no impulsa la inhabilitación inmediata de Quim Torra.

"Usted podrá dañar nuestra nación, pero no conseguirá acabar con ella. El problema no es ERC, ni Podemos, ni Bildu, el problema es usted, que les ha dado carta blanca. Pero claro que no va a conseguir destruir nuestra nación. No lo han conseguido ni los terroristas", dijo Pablo Casado desde la tribuna.

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Santiago Abascal también utilizó la misma táctica para atizar a Sánchez. "Apuesta por seguir con las profanaciones de tumbas, por imponer una historia maniquea que condene a media España y que reabra las heridas que el pueblo español cicatrizó. No tengo duda de que ustedes van a hacer muchísimo daño, pero fracasarán", dijo el líder de Vox.

Igual de crítica se mostró Inés Arrimadas, representante de Ciudadanos: "Los españoles que están intranquilos con su acuerdo no es que sean fachas es que creen en la democracia española y saben que son un peligro para el país".

Pablo Iglesias agradeció a Sánchez su discurso progresista y puso en valor los logros a los que aspira la coalición. "Tenemos la responsabilidad de convertir el 'sí se puede' en políticas concretas", dijo el líder de la formación morada, que también tuvo tiempo de responder a las duras críticas de la derecha. "Traicionar a España es atacar los derechos de los trabajadores, vender vivienda pública a fondos buitres, privatizar el patrimonio público y los servicios públicos", dijo Iglesias.

Gabriel Rufián, portavoz de ERC
Gabriel Rufián, portavoz de ERC. REUTERS/Sergio Perez

"No le pedimos a nadie que deje de defender lo que defiende, que nadie nos lo pida a nosotros. Dialoguemos", expresó desde la tribuna Gabriel Rufián, portavoz de ERC. "La música que llega desde el PSOE desde hace unos días suena bien, es diferente", dijo también, manteniendo su posición de abstención a Sánchez pese a la inhabilitación de Torra y Junqueras como diputado y europarlamentario respectivamente dictada por la Junta Electoral Central el viernes.

Este domingo, en las intervenciones previas a la votación, la tensión se ha disparado en el hemiciclo con la intervención de Mertxe Aizpurua, diputada de EH-Bildu. "España siempre teme a las urnas", llegó a decir Aizpurua, que levantó la polvareda tras criticar a Felipe VI por su discurso tel 3 de octubre de 2017 sobre Cataluña, que ha asociado con la expresión de un Estado "autoritario". Se llegaron a escuchar gritos de "traidores", "terroristas" o "asesinos" tras esa intervención desde la bancada conservadora, y minutos más tarde los gritos se repitieron después de que Aizpurua dijera que Arnaldo Otegi estuvo "más de seis años en prisión injustamente". 

"Acabo de escuchar la intervención más nauseabunda que he oído jamás en este hemiciclo", dijo Pablo Casado, que criticó a Pedro Sánchez por no salir en defensa del monarca o de las víctimas de ETA en su turno de réplica. "Es inaceptable que el presidente del Gobierno hable de un valladar contra la derecha sin acusar a los herederos de ETA de sus crímenes", dijo el líder del grupo popular, que criticó a la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, por no haber cuestionado las palabras de Aizpurua.

"La democracia se abre paso y las derechas no podrán impedir el gobierno que ha elegido la ciudadanía", subrayó la portavoz del PSOE en el Congreso, Adriana Lastra. "Los socialistas no queremos vivir de la crisis territorial, queremos resolverla", ha subrayado la diputada, que ha agradecido especialmente a Rufián "su valentía y su compromiso". 

En su último turno de palabra antes de la votación, se ha visto al Pedro Sánchez más optimista del debate. "Frente a la coalición del apocalipsis, la coalición progresista. Hay esperanza", ha subrayado el socialista.

Pedro Sánchez recibe los aplausos de los diputados socialistas durante el debate de investidura.
Pedro Sánchez recibe los aplausos de los diputados socialistas durante el debate de investidura. REUTERS/Sergio Perez

Ganan los síes, pero sin mayoría absoluta

Sabían que no lograrían el Gobierno, al menos a la primera. En este caso, la votación ha sido prácticamente la esperada: la coalición ha logrado 166 apoyos (PSOE, Unidas Podemos, PNV, Más País, Nueva Canaria, BNG y Teruel Existe), solo uno más que los 165 de la contra (PP, Vox, Ciudadanos, Navarra Suma, JxCat, la CUP, Coalición Canaria y PRC). Aina Vidal, de En Comú Podem, está enferma y no ha podido pedir el voto telemático, por lo que el bloque a favor de Sánchez ha sumado un apoyo menos de lo esperado y en total se han emitido 349 votos en lugar de los 350 que conforman el hemiciclo.

Las abstenciones, en este caso, han sido más decisivas —y costosas— que nunca. Paradójicamente, la llave del Gobierno la han dado los dos grupos independentistas mayoritarios del Estado: ERC (Cataluña), EH Bildu (Euskadi).

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Pero no podrán esgrimirla hasta la segunda votación de investidura, planeada para el martes día 7.

Para formar Gobierno durante la primera votación —tónica habitual hasta 2016—, Pedro Sánchez hubiese necesitado que 176 de los 350 diputados que conforman el Congreso votaran a favor. Es decir, mayoría absoluta. 48 horas después las reglas cambian: solo necesitarán más síes que noes.

Si todo sale tal y como lo ha planeado Moncloa, la votación está garantizada. Después del martes, el debate se trasladará del Congreso a los medios de comunicación para rellenar las quinielas de ministros de PSOE y Unidas Podemos.

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El gobierno a pares tendrá de invitado incómodo al PNV —sin ministros, pero igualmente estratégico— y estará permanentemente sujeto a los nacionalistas, de cuyo voto dependen las mayorías en el Congreso para superar a la derecha. 

La década cierra a la inversa de como arrancó. Si el 2010 nació con un mermado Zapatero adoptando la severa política de austeridad bruselense que acabaría con su Gobierno, el 2020 lo hace con la resurrección de un PSOE que hace no tanto tiempo parecía estar acabado. Entra el Congreso en los años 20. Si van a ser felices, ya se verá.

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