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Esto es lo más importante que deben hacer los padres para asegurarse de que sus hijos tendrán éxito

Kristopher Volkman / Flickr
  • La transformación de un niño diligente en un adulto exitoso comienza enseñándolo a realizar las tareas domésticas, según la autora de Cómo criar a un adulto.
  • Los niños que se educan haciendo las tareas domésticas se convierten en empleados que colaboran con sus compañeros de trabajo.

Si sus hijos no son obedientes cuando se les ordena hacer sus tareas, no se sorprenda si cuando crezcan tienen problemas para socializar con otros niños. Ese es el mensaje de Julie Lythcott-Haims, exdecana de estudiantes de primer año de la Universidad de Stanford y autora del libro Cómo criar a un adulto.

En una charla en el evento TED Talks Live del domingo, Lythcott-Haims aseguróque la transformación de un niño diligente en un adulto exitoso comienza con las tareas domésticas. "Si los niños no están lavando los platos, significa que alguien lo está haciendo por ellos", dice la autora. "Y, por lo tanto, se desentienden, no solo del trabajo, sino también de aprender que el trabajo es algo que debe hacerse y que cada uno de nosotros debe contribuir".

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Los niños que se educan haciendo las tareas domésticas se convierten en empleados que colaboran con sus compañeros de trabajo. Cuando alguien está teniendo problemas, lo ayudan, porque saben de primera mano cómo hay que atajarlos. En lugar de pedir a sus jefes que les den una lista de obligaciones, asumen tareas de forma independiente.

Un longevo estudio

Todas estas ideas provienen de un estudio llevado a cabo en la Universidad de Harvard. Con más de 75 años, ese estudio ha hecho hallazgos históricos sobre los factores que impulsan la felicidad humana.

Uno de esos factores se encuentra en la realización de tareas en edades tempranas como preludio de una felicidad futura. En algunos casos, se demostró que el valor de hacer las tareas pesaba más que la fuerza de los vínculos familiares.

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En la presentación de su libro, Lythcott-Haims señaló que ella crió a sus dos hijos como si fueran árboles bonsái delicados. Mientras los educaba lentamente se aseguraba de no perturbar su belleza cuidadosamente construida.

Pero con el tiempo se dio cuenta de que sus hijos no eran árboles bonsai, si no que fueron vulnerables al primer signo de estrés. Eran flores silvestres "de un género y especie desconocidos", y como ella los crió para que prosperasen por su cuenta, descubrió que estarían bien sin ella.

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