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Por qué debes comer más despacio, según la responsable de nutrición de uno de los mejores hospitales de España

La probabilidad de que te sientas lleno después de una comida generalmente depende de si la comida contiene suficiente fibra, proteína y grasa [RE]
FOX

A veces hacemos cualquier cosa por cumplir con la obligación de alimentarnos y acabar con la sensación de hambre.

Comemos de pie, delante del ordenador, mientras caminamos... es decir, de manera rápida y mal en cualquier sitio. Los ritmos que llevamos, la falta de tiempo nos lleva en numerosas ocasiones a hacer de las comidas una tarea más que quitarnos de en medio.

Pero lo cierto es que si aún no lo sabes, comer rápido no es nada conveniente. No solo puede favorecer los gases o incluso peor, los atragantamientos, además repercute de manera negativa en nuestro cuerpo.

Por ello es necesario que empecemos a asumir la costumbre de comer de manera consciente y sosegada. Controlar el peso, ayudar a nuestras encías o incluso nutrirnos más serán algunos de los beneficios que obtendremos de comer despacio.

Entre los consejos para lograr comer más despacio, los especialistas recomiendan no esperar a sentir demasiado hambre, sentarse a la mesa y si debemos comer en la oficina no hacerlo delante de la mesa de trabajo. 

Además centrarse en la masticación, dejar a un lado móviles o tele y dejar los cubiertos en la mesa entre bocados, son otros trucos que pueden ayudarte a comer de manera más sosegada.

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Así lo indica la Lina Robles, jefa del Servicio de Nutrición y Dietética del Hospital Universitario La Zarzuela, en el blog médico de Sanitas, donde hace un repaso de las razones por las que comer despacio ayuda a nuestro organismo.

Consumir menor cantidad de comida

 No es raro que te lleves lo que te sobra de la comida a casa para el almuerzo del día siguiente.
No es raro que te lleves lo que te sobra de la comida a casa para el almuerzo del día siguiente. Sandip Bhattacharya/Flickr

Al comer más despacio lograremos controlar posibles excesos de comida. Y es que como indica la especialista en nutrición del Hospital Universitario La Zarzuela, la sensación de saciedad está en parte regulada por nuestro cerebro.

Cuando comenzamos a comer, nuestro estómago segrega dos hormonas, ghrelina y leptina, encargadas de avisar a nuestro cerebro de que estamos cubriendo la necesidad fisiológica de comer, es decir, acabando con la sensación de tener hambre.

Esa señal de saciedad tarda en producirse en torno a unos veinte minutos. La cantidad de comida ingerida en ese tiempo variará mucho si comemos despacio y sosegadamente o si engullimos de manera voraz. Comer despacio nos permitirá, por tanto, evitar excedernos con la comida y ajustarnos a raciones más adecuadas.

Ayudar a controlar el peso

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Como hemos visto, comer más despacio puede contribuir a que consumamos raciones más pequeñas de comida, y esto a su vez reducirá el número de calorías ingeridas por comida.

Además, como recuerda Robles, comer de manera más consciente y sosegada puede contribuir a que rechacemos productos poco saludables como los ultraprocesados, ya que están más ligados con el consumo rápido. Y dejar de consumir estos alimentos puede ayudarnos a controlar nuestro peso ya que contienen "más calorías y más cantidad de grasas, sal y azúcares, lo que favorece que las cifras de la báscula se disparen".

Ayudar a nuestra digestión

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Comer despacio contribuye a que mastiquemos más la comida. Y esto a su vez conlleva varios beneficios para nuestro organismo. Por un lado al comer deprisa tragamos más aire lo que pude derivar en molestos gases.

Además, como advierte la especialista en nutrición, la comida bien masticada es "muchos más digerible" por nuestro cuerpo. Y es que cuando la comida no ha sido masticada lo suficiente, puede que muchos nutrientes no logren ser aprovechados de manera óptima por el organismo durante su paso por el tracto digestivo

Mantener controlada la glucemia

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Según explica la jefa del Servicio de Nutrición y Dietética del Hospital Universitario La Zarzuela, además de la alerta de saciedad, al comer nuestro cerebro también envía al páncreas un aviso para que segregue insulina capaz de metabolizar los nutrientes y convertirlos en glucosa, que a su vez se transformarán en la energía necesaria para nuestro organismo.

Comer muy rápido puede hacer  que "este intercambio de mensajes se altera", indica Robles. Algo que de ser habitual puede dañar el metabolismo de la glucosa de forma permanente. Un problema que puede favorecer  enfermedades como "la obesidad y la aparición de la diabetes tipo 2", alerta Robles.

Mejorar la dentadura

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Comer despacio y masticar bien además contribuye a mejorar el "mantenimiento de las encías y de la musculatura de toda la mandíbula", como indica la nutricionista.

Los expertos recomiendan masticar la comida en torno a 40 veces antes de tragarla. Como regla más sencilla, Robles, aconseja que los alimentos estén desmenuzados como una pasta antes de tragarlos.

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