Por qué la ciberguerra en Ucrania todavía no ha mostrado sus efectos más devastadores: ciudades sin luz, refugiados incomunicados o centrales nucleares saboteadas

La ciberguerra entre Ucrania y Rusia puede tener efectos devastadores.
La ciberguerra entre Ucrania y Rusia puede tener efectos devastadores.

REUTERS/Kacper Pempel

En la guerra de Ucrania, el frente digital es uno de los grandes protagonistas. Más que en otros conflictos recientes, reconocen varios especialistas en seguridad informática y geopolítica consultados por Business Insider España. Sin embargo, todavía no ha mostrado sus efectos más devastadores: cortes de luz, telecomunicaciones interrumpidas e incluso centrales nucleares saboteadas.

Desde que hace más de 10 años el gusano Stuxnet sobrecalentara las turbinas de una planta de enriquecimiento de uranio en Irán, expertos en ciberseguridad de todo el mundo han advertido de las consecuencias catastróficas que podría tener un ataque informático premeditado y conducido contra una infraestructura crítica.

Lo sabe el propio Chema Alonso, que sin embargo advertía en una reciente entrevista que los ciberataques patrocinados por estados en conflicto no son nada nuevo: "Llevamos muchos años con esto. Recuerdo que hablaba de esto en conferencias mías de hace 10 o 15 años. Llevamos viendo ataques a infraestructuras críticas desde hace algo más de una década".

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Ucrania lleva semanas denunciado sufrir una intensa campaña de ciberataques contra las páginas de sus organismos oficiales, aunque en realidad esta situación se viene dando desde hace años. Una vez que los tanques rusos cruzaron la frontera hace algo más de una semana, la situación no parece haber escalado mucho más. La salvedad es que ahora Ucrania responde con la misma moneda.

Por eso, la pregunta es pertinente: ¿la ciberguerra está siendo protagonista en Ucrania? Andrea G. Rodríguez es investigadora principal en asuntos digitales europeos y tecnologías emergentes del European Policy Centre, y considera que la ciberguerra sí está dándose pero, si no están sucediendo cosas más graves, es "porque hemos sido capaces de anticiparnos".

Si no trascienden graves ciberataques, es porque están siendo repelidos con éxito

La constante en estas semanas sigue siendo ver ataques DDoS para dejar páginas y sistemas informáticos fuera de servicio por colapso. También se ha descubierto un malware bautizado como HermeticWipe. Se detectó un día antes de que comenzara la invasión, aunque los especialistas, analizando la muestra, descubrieron que llevaba hibernando en las redes víctimas 6 semanas.

El propósito de ese HermeticWipe no es el de un ransomware convencional: estos tipos de malware se dedican a cifrar los archivos de los sistemas que invaden para pedir un rescate económico a las víctimas que deseen recobrar la normalidad. Lo que hace HermeticWipe es borrar esos archivos. Arrasar con todo.

Pero este tipo de campañas digitales están lejos de los graves riesgos que puede conllevar una ciberguerra desbocada. Stuxnet estuvo a punto de hacer explotar una central nuclear en Irán hace más de 10 años. El año pasado, un malware estuvo cerca de hacer que el suministro de agua de una ciudad estadounidense fallara y mezclara químicos con consecuencias tóxicas para quienes la bebiesen.

También el año pasado, un oleoducto fue atacado y el suministro de carburante en partes de EEUU se vio gravemente comprometido, obligando a la Administración Biden a decretar el estado de emegencia durante unos días. Los atacantes fueron unos delincuentes rusos ya desmantelados.

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¿Por qué ese tipo de acontecimientos no se están produciendo? "No nos hemos enterado de que ningún ataque haya tenido éxito, pero hablamos desde una perspectiva europea. En Ucrania, algunos cortes de internet cuando comenzó la guerra provocaron que civiles de esas zonas estuviesen incomunicados y no pudiesen sacar dinero del banco", recuerda Andrea G. Rodríguez.

"Aun no hemos vivido un ciberataque grande pero porque también éramos muy conscientes de lo que podía suceder después de ver cómo Rusia se ha apoyado en estas herramientas para respaldar sus invasiones", continúa la especialista. "También hemos hecho una buena labor de concienciación y de preparación con la que no contábamos antes".

Si en la guerra la única bala que mata es la que su víctima no ha oído, la analogía podría ser igual de válida para su frente digital. Con la salvedad de que los especialistas en defender los sistemas informáticos están escuchando muchos disparos. Si estos no trascienden a la esfera pública, es porque han logrado ser repelidos con éxito.

Un conflicto donde el frente digital es más protagonista que en otros

Militares ucranianos, en un puesto de defensa, tras la invasión de Rusia.

Con todo, lo que está claro es que el componente digital de la guerra en Ucrania es mayor que el que se ha dado en otros conflictos recientes. Lo explica Marc Bara, profesor en la OBS Business School. "Estos ataques mutuos entre Ucrania y Rusia hace años que suceden. Han escalado estos días, por desgracia, pero no son nada nuevo y son bastante característicos".

"En otras partes del mundo, como en Afganistán, la ciberguerra nunca ha tenido tanto protagonismo. En Ucrania lo tiene desde 2013 o 2014, cuando ya veíamos operaciones cibernéticas sobre todo desde Rusia". El experto recuerda el caso del ransomware NotPetya, que infundió el terror en compañías de todo el mundo aunque afectó sobre todo a firmas ucranianas en 2017.

Óscar Quero es director del Máster en Ciberseguridad del mismo centro. Él apunta a que el conflicto, por ahora, es más bien "una guerra convencional; es cierto que en Ucrania están dándose muchos ataques desde el punto de vista del espionaje, pero eso no quiere decir que, si el tema se recrudece y se estanca, y si Ucrania sigue resistiendo, Rusia no empiece a paralizar infraestructuras críticas".

La amenaza está ahí: "Estoy seguro de que es algo que en Rusia estarán valorando. Pero es un arma de doble filo". Si Rusia da ese paso, la respuesta puede ser total. "Si abres ese camino, también pueden ir a por ti. Es un mundo muy globalizado y más en temas de redes y seguridad e internet".

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El propio Bara recuerda cómo el ministro de Transformación Digital ucraniano, por ejemplo, anunció la puesta en marcha de un canal de Telegram llamado IT Army. A través del mismo, el Gobierno ucraniano comparte sus objetivos de ciberataques a cerca de 300.000 seguidores con el propósito de que hackers y piratas informáticos de todo el planeta colaboren con la causa ucraniana.

Eso abre otros interrogantes: "Uno se puede llegar a plantear si, en un contexto de guerra, un llamamiento como ese es legal". En conflictos bélicos las convenciones de Ginebra suelen ser tristemente ignoradas. El análogo para la ciberguerra es el conocido como Manual de Tallinn, al que le ocurre lo mismo.

¿Tienen Ucrania y sus ciberpartisanos la capacidad de causar efectos devastadores de ciberguerra en Rusia? Por ahora, han logrado tumbar las páginas web del Kremlin, de medios rusos y de distintas agencias y entidades gubernamentales. "Creo que sí la tienen, pero no es su objetivo ahora mismo", remarca Andrea G. Rodríguez, del European Policy Centre.

Es una cuestión de equilibrio entre el riesgo y el beneficio, enfatiza la especialista. Ucrania ha ganado en buena medida el relato, al ser el país invadido. Si desatan la ciberguerra total en territorio ruso, su imagen podría verse severamente afectada.

Más allá de los ataques informáticos: la desestabilización y la desinformación no son nuevas

Miquel Pellicer es el director de Comunicación Digital de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y es especialista en periodismo, comunicación y desinformación: "Creo que no es la primera guerra en la que, de alguna forma, hay ciberguerra y desinformación. Llevamos meses hablando del concepto de guerra híbrida".

"Es una guerra que podría remitir al siglo XX pero que al final estamos siguiendo, con la cobertura de hoy día, en directo". Los ejércitos, los países en conflicto pero también los propios ciudadanos tienen acceso a redes sociales en las que narran sus penurias desde hace días. 

Hay influencers de TikTok en Ucrania que incluso se han puesto a enseñar a sus conciudadanos cómo conducir alguno de los blindados rusos que los soldados han dejado abandonados por el país. Pero, más allá de ello, también hay otro concepto clave que está presente en este conflicto: la desinformación. Las noticias falsas.

"Hay un concepto, que es el de la estrategia por disuasión, que ha usado mucho Joe Biden". El presidente de Estados Unidos, señala Miquel Pellicer, llevaba meses advirtiendo de que el Kremlin haría uso de la desinformación e incluso de operaciones de falsa bandera. "Es algo que de alguna manera el propio Putin utilizó cuando habló del supuesto genocidio en el Dombás".

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"Vemos una guerra en tiempo real", incide Pellicer. Por eso, tampoco está del todo de acuerdo con la postura que adoptó la Comisión Europea la semana pasada: censurar medios de comunicación gubernamentales o afiliados al Kremlin. Los contenidos de RT (Russia Today) ya no se pueden consumir en Europa.

"No estoy de acuerdo en censurar medios de comunicación, por muy pro-gubernamentales que sean. Al final tenemos que tener cierta madurez para encarar los contenidos que se distribuyen en las redes sociales y sobre todo en los medios de comunicación, en las plataformas digitales", opina Pellicer. "Ahí te diría que no acabo de estar de acuerdo con esta estrategia de prohibir estas emisoras".

El experto de la UOC reconoce que dichos medios tienen "un sesgo muy grande; La estrategia de comunicación rusa es bastante potente y tiene unas derivadas escandalosas, pero no creo que esta haya sido la mejor solución".

¿La alternativa? "Hay que luchar contra la desinformación y contra la propaganda política. Obviamente, necesitamos que los ciudadanos europeos tengan un sentido mucho más crítico ante las coberturas mediáticas. Ahora bien, a corto plazo entiendo la medida. ¿Que es la mejor? No. ¿Cómo se puede luchar contra la desinformación? Educación. Una educación mediática".

Pero eso puede "no ser suficiente". "Ante el gran volumen de desinformación también necesitamos el poder combatirlo con tecnología a gran escala". "Las fake news", continúa, son consecuencia de "tecnología aplicada". Por eso, Miquel Pellicer apunta que "la inteligencia artificial y el blockchain" deben servir "para contrarrestar esa gran difusión de propaganda política".

"Vengan de donde vengan", recuerda.

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