Un día en la vida de un repartidor de Coca-Cola en Nueva York: ¡desde las 4 de la mañana!

Miguel Santiago (L) and Louis Gonzales (R).
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Rachel Premack/Business Insider

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  • Los conductores de Coca-Cola comienzan su jornada a las 4 de la mañana en la ciudad de Nueva York.
  • Durante un día, he seguido los pasos de Miguel Santiago, de 66 años, que lleva 20 años repartiendo Coca-Cola.
  • Santiago se encarga de los repartos en la zona de la estación Pensilvania.

Una de las empresas de bebida líderes en el mundo funciona día tras día gracias a gente como Miguel Santiago, residente en el barrio del Bronx y con 20 años de experiencia a sus espaldas.

Día tras día, Santiago conduce un camión repleto de Coca-Cola hasta la estación de Pensilvania, más conocida como 'Penn Station', la estación de tren más transitada de América del Norte, con un tráfico de 600.000 pasajeros al día. Junto a él, Louis Gonzales, con 18 años de experiencia, le ayuda en el trabajo de descargar el camión y reponer existencias.

Cada camión, según un portavoz de Coca-Cola, es capaz de transportar hasta 600 cajas, cada una de ellas con 24 botellas. Esto significa que cada día pueden mover un total de 14.400 botellas del que para muchos es el líquido más importante sobre la faz de la tierra.

He seguido a los dos durante una jornada de trabajo para ver cómo es la vida de un conductor de Coca-Cola.

Mi día arranca a las 3:15 de la mañana, cuando tomo un vehículo de alquiler con conductor desde mi apartamento en Brooklyn hasta el centro de distribución de Coca-Cola en el Bronx.

Rachel Premack/Business Insider

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New York está prácticamente vacío a las 3:30 de la mañana de un martes cualquiera. Para la ciudad que nunca duerme, este barrio está sorprendentemente desolado.

El trayecto desde mi apartamento, cerca de Prospect Park, hasta el Bronx dura unos 30 minutos en coche. En transporte público habría tardado más de una hora y media.

Llego puntual a mi cita con Santiago, a las 4 de la madrugada. Él también llega en coche, aunque solamente necesita cinco minutos para llegar a su puesto de trabajo.

 

Mi primera pregunta para Santiago: ¿no estás cansado?

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Se da la vuelta. Él prefiere este horario de mañana ya que de esta manera puede pasar tiempo con su familia tras el trabajo.

No empieza la mañana muy hablador, pero la cosa cambia cuando habla sobre su nieta, que acaba de cumplir 16 años.

"Jamás ha faltado un día a clase, incluso cuando está enferma acude a la escuela." Afirma Santiago con un evidente sentimiento de orgullo. "Queremos que vaya a la universidad."

Solamente hay un problema con este horario: tiene que irse a la cama a las 20:00h, por lo que no puede ver sus deportes favoritos, como el beisbol.

El camión de Santiago cambia cada día y cuando llega a su puesto de trabajo a las cuatro de la mañana, el vehículo ya está cargado: solamente tiene que añadir el carro de reparto y comprobar que todo está en su sitio.

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A las cuatro y media, Santiago ya sabe el camión que conducirá hoy y debe comprobar que la carga es la correcta, además de revisar la mecánica y cargar el carro de transporte.

Todo el proceso dura menos de una hora.

El día a día cambia de manera notable según las exigencias de los clientes. Los lunes y martes son los días más fuertes ya que sus clientes están ampliando el stock de cara a la semana. Los viernes también son días complicados, ya que tienen que llenar las neveras de cara al fin de semana.

A las cinco de la mañana Santiago y sus compañeros entran en el edificio para conocer las rutas del día.

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Hay más de 100 conductores de Coca-Cola Liberty en el Bronx. Santiago es el decimotercer conductor con más experiencia, por lo que puede elegir ruta respecto a los más jóvenes. Elige la ruta de Penn Station, su ruta durante los últimos 10 años.

Esta ruta implica poca conducción, el motivo por el cual Santiago siempre la elige. Aparcas y descargas la mercancía, realizando las entregas a pie a los distintos clientes.

Dentro del edificio de Liberty, Santiago se reúne con el resto de conductores para compartir novedades o hablar del servicio.

Por último, recibe su impresora y la máquina de escáner, necesario para poder entregar al cliente toda la información del pedido.

Liberty Coca-Cola es un gigante en el sector de las bebidas: el 8% de la población consume sus productos

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El centro Liberty Coca-Cola dispone de 10 centros de distribución y tres plantas manufactureras. 

Con un area de acción que incluye los estados de Nueva York, Nueva Jersey, Pennsylvania, Connecticut o Delaware, Liberty Coca-Cola distribuye esta bebida a una población de 28,3 millones de personas.

Santiago vuelve a comprobar el camión y empieza la ruta a las 6 de la mañana

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Santiago va escuchando música latina en su trayecto a Manhattan. Un ritmo potente para empezar la mañana con ganas.

Mientras conduce hacia el trabajo, confiesa escuchar las noticias en la radio. No obstante, cuando escuchas este tipo de canales durante mucho tiempo, las historias se empiezan a repetir.

Apenas necesita 30 minutos para cubrir los 18 km entre el centro de Liberty Coca-Cola en el Bronx hasta Penn Station. Un tiempo sorprendentemente rápido.

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A las 6:40, Santiago ya está aparcado en los exteriores de la estación y empieza a descargar el primer pedido.

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Santiago tiene que planificar las entregas en función del horario de las tiendas. Jamba Juice, que abre a las 7, fue su primera parada del día.

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Más tarde, cuenta con varios clientes que abren a las 8, aunque la mayoría de ellos no empiezan a trabajar hasta las 11. Eso significa que tiene tiempo de descargar el camión y después hacer un descanso.

Generalmente, él apuesta por café y un preparado de harina de avena en una panadería cerca de la sede del Bronx, pero hoy está disfrutando de un donut en Au Bon Pain, en la propia estación

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A las 7:20 de la mañana, Santiago ya lleva trabajando durante más de tres horas, así que se podría considerar casi como un aperitivo.

A esa hora yo normalmente sigo en la cama. Así que me tomo un sandwich y un café largo para alcanzar un nivel de energía aceptable.

En este momento, llega Louis Gonzales, el ayudante de Santiago para descargar el camión.

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Gonzales también debe estar en los 60 y también vive en el Bronx. Él incluso madruga más todos los días, levantándose a las 3 de la madrugada.

Su tarea es ayudar a Santiago pero también a otros dos conductores. Una jornada de 12 horas de trabajo.

"Me gusta, así que no me importa. Es lo más importante: si te gusta lo que haces, no te molesta." Gonzales afirma mientras ataca a un 'taper' lleno de Doritos que utiliza como suministro permanente de energía. "Creo que es lo mejor, disfrutar con lo que haces."

Desde allí, enfilan hacia Jack's, una cadena de supermercados a unas pocas manzanas de Penn Station.

Google Maps Screenshot

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Mientras están descargando el camión, recogen un ticket de parking. La compañía lo abonará más tarde.

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Conducir en Nueva York es cada vez más estresante y, año tras año, aparcar en el centro es una tarea más complicada. Es por ello que la empresa ha decidido aparcar en parkings para llevar a cabo su trabajo en según qué zonas y barrios. Santiago también afirma que las calles cada vez son más estrechas, debido a más carriles dedicados a la bicicleta y al autobús.

Estos carriles son buenos para la gente que los utiliza, pero complican la vida a los repartidores que necesitan aparcar momentáneamente en una de las ciudades más densamente pobladas.

"En diez años acabaremos todos en la acera, los coches y los peatones." Bromea Gonzales. "El tema del aparcamiento es realmente horroroso."

La entrega en Jack's fue especial: es la única tienda en la que ellos, además de descargar la mercancía, la deben reponer en los estantes. Trabajaron rápido y principalmente en silencio, colocando la mercancía en unos 20 minutos.

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Volvemos a Penn Station a eso de las 8. El sol, finalmente, ya empieza a brillar.

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Llevamos ya unas cinco horas de trabajo. Normalmente, yo empiezo mi jornada a esta hora.

Mientras ellos realizan otra entrega dentro del edificio yo me quedo fuera tomando una copa de té negro (al parecer necesito algún tipo de seguro extra para acceder).

Entonces, llegó el momento de la gran descarga. La mayoría de vendedores en Penn Station no reciben pedidos hasta las 11.

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Cuando regresan de la entrega a la que no podía acudir ya son las 9:20. Tienen dos horas para descargar docenas de cajas, todas ellas con 24 botellas, así como varios tanques de gas carbónico. Una vez descargada la mercancía, deben transportarlas a través de un paso subterráneo hasta la estación, donde realizarán las diferentes entregas.

Mientras descargan, charlo con Gonzales. Me cuenta que ya está planeando su retirada en 2019, para regresar a Puerto Rico, donde residió hasta los 5 años.

Las cajas se amontonan en la acera.

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Gonzales comenta que en ocasiones las montañas de cajas ocupan toda la acera, pero con la llegada del frío el volumen de trabajo desciende. El negocio se recupera algo durante las vacaciones de navidad, pero después se vuelve a ralentizar hasta la primavera.

Me doy cuenta que Gonzales y Santiago siempre se están justificando respeco al resto de viandantes: ¡Estamos trabajando! En un lugar como Manhattan, es difícil crear un espacio para las descargas. Incluso tratando una bebida que todos adoran.

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Necesitan menos de una hora para vaciar el camión.

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Transportaron la mercancía hasta la zona de carga. Cada carro puede transportar un máximo de 79 kg. Los dos hombres tienen que poner todo su peso para arrancar la marcha.

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Santiago me comenta que uno de los beneficios de su trabajo es que le permite mantenerse en forma para practicar deporte con su nieta. Ella es una campeona de Taekwondo y compite en el área de la ciudad de Nueva York.

"Ella es buena en todo." Comenta Santiago. "Es cinturón negro en Taekwondo, juega a softball (una variante del beisbol) en las vacaciones de verano y ahora está jugando a fútbol. Todo lo que hace, lo hace bien. También toca la trompeta, la batería y algo de piano."

A las 10:20 comprueban que todos los pedidos estén cargados, trabajando de manera conjunta en castellano.

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Santiago descubre que faltan dos cajas de Sprite, por lo que acude al sistema para asegurarse que el cliente no las pague.

Gonzales, mientras, se entretenía con mi pregunta de cuántas botellas están a punto de entregar, haciendo cálculos sobre un pedazo de plástico.

"No estoy seguro, pero yo calculo que algo más de 4.000, más o menos." Concluye.

Son las 11 y su labor es empujar los carros cargados hasta un elevador que los llevará hasta las tripas de la estación Pennsylvania.

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El ascensor de carga de la estación admite hasta 7.250 kg. Un ascensor de personas normal, por comparar, suele tener un peso máximo de 1.100 kg.

El área estaba repleta de señales de seguridad como esta.

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Louis y Santiago empujan las miles de botellas desde la zona de carga hasta la parte de Penn Station más reconocible para mi.

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Nos detenemos en diferentes comercios...

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... panaderías ...

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... y restaurantes.

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Poco después del mediodía, Santiago ha terminado con las entregas del día. Gonzales todavía tiene que echar un cable a otro conductor antes de terminar su jornada a las 15:00h.

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Esperaba que estuvieran exhaustos, pero todavía les queda algo de energía.

Les pido una foto rápida antes que Gonzales nos abandone.

Antes de regresar a Liberty en el Bronx, Santiago toma nota a mano de las dos cajas de Sprite que faltaban.

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Manhattan a las 12:30 del mediodía poco tiene que ver con lo visto por la mañana. Antes tardamos media hora, ahora nos costará el doble llegar hasta la central de Liberty en el Bronx.

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Llegamos a Liberty Coca-Cola a la una y media. Parece un lugar totalmente distinto a cómo lo habíamos dejado a las seis.

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Santiago descarga los carros del camión...

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... y lo barre por completo.

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Comprueba de nuevo el motor y se asegura que lo deja todo en perfecto estado.

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Sobre las dos de la tarde, Santiago regresa a las oficinas para zanjar su jornada.

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Deja la impresora y el escaner. Uno de los clientes le ha pagado en metálico el pedido (¡cerca de 900 dólares!), así que le da el dinero al gerente.

También informa a alguien de la oficina sobre las dos cajas de Sprite perdidas.

Por último, vuelve a su casa.

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Santiago me cuenta que normalmente come en casa con su mujer. El almuerzo cambia cada día (el día anterior comieron comida china).

Después, solamente quedará una hora más hasta que su nieta llegue a casa después del colegio.

 

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