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Cómo usar el diálogo entre identidad, tenacidad y privacidad para innovar, según una profesora de Harvard experta en creatividad

Sarah Lewis

TED

  • Business Insider España ha podido asistir a una de las charlas de Sarah Lewis durante WOBI 2019, un evento que congregó a 1.400 líderes de negocio en la ciudad de Bogotá (Colombia)
  • Lewis reclama tres principios básicos para cualquier proceso creativo: la diversidad, la necesidad de privacidad y la tenacidad.
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Sarah Lewis es profesora de Harvard, pero es mucho más que eso. Ha sido asesora de historia de arte para una comisión presidencial de Barack Obama. Ha trabajado para la Escuela de Arte de Yale o el prestigioso MOMA neoyorquino.Y, en paralelo a todo ello, se ha ido labrando una carrera brillante como autora y oradora sobre innovación y creatividad en todo el mundo.

Suyo es el libro "The Rise: Creativity, the Gift of Failure, and the Search for Mastery", donde expone muchas de sus lecciones magistrales sobre estos dos temas candentes, a base de su propia experiencia pero también de entrevistas con artistas de renombre, deportistas y otras personas dedicadas al mundo del talento y la creación.

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Business Insider España ha podido asistir a una de sus charlas durante WOBI 2019, un evento que congregó a 1.400 líderes de negocio en la ciudad de Bogotá (Colombia). Allí, Sarah Lewis hizo gala de su propio perfil (mujer y negra) para mostrar cómo la diversidad cultural, sexual y racial no es más que un acicate a esa creatividad e innovación tan deseada. "La cultura de la innovación y la creatividad es accesible a cualquiera. Lo único que requiere siempre es una dosis de inconformismo", dice la experta.

La importancia de la tenacidad para innovar

"El éxito es saber que puedes intentarlo una vez, pero la excelencia radica en poderlo intentar una y otra vez hasta conseguirlo, hasta conseguir superar la brecha entre el punto en que estás y hacia dónde quieres ir". Así de contundente se muestra Sarah Lewis durante su conferencia cuando se refiere a la tenacidad como mecanismo básico para seguir innovando.

Y para muestra, un botón. Lewis explica que se han realizado varios estudios en los que se analizaba el rostro de los medallistas olímpicos para determinar si estaban contentos o tristes en el podio. Con una conclusión inusitada: el que había obtenido la plata estaba normalmente menos feliz que el que 'solo' había obtenido el bronce.

"Nuestra mente tiende a pensar en qué hubiera pasado si... en qué podía haber cambiado para conseguir el oro. Mientras, el que ha conseguido la medalla de bronce está feliz porque se enfoca en que ha superado al cuarto clasificado, con lo que lo siente como una victoria", detalla Sarah Lewis. "Pero no debería ser así: el segundo posicionado debería estar satisfecho y recordar todo el proceso de éxito que le ha llevado hasta donde está".

Sobre la necesidad de privacidad

Otro punto fundamental en la manera de pensar de cualquier mente innovadora y creativa es el que tiene que ver con la privacidad. En estos tiempos que tanto se habla de espacios abiertos y de innovación abierta, Sarah Lewis rompe una lanza en favor de los cotos más privados donde poder discurrir sin temor a la presión de grupo ni a los dictados de lo convencional.

"La psicología ya ha dictaminado que es muy complicado innovar en público por la presión de grupo", explica la profesora de Harvard, que recurre de nuevo a un ejemplo claro para exponer su planteamiento.

Andre Geim era un científico de poco valor, que llegó a ganar el Premio Ig Nobel de Física (una parodia que servía para burlarse de los investigadores que hacían hallazgos absurdos y graciosos). A él se le ocurrió crear una sesión semanal, llamada los "Experimentos del Viernes Noche" en que se reunían varios científicos para probar teorías sin sentido, hacer experimentos locos y divertirse sin ninguna pretensión más allá que la de hacer lo que tendrían prohibido en un laboratorio al uso.

Pero da la casualidad que uno de esos experimentos consistió en eliminar capas de carbono, con una cinta adhesiva. Geim acababa de descubrir el grafeno, un material bidimensional que promete revolucionar la industria tecnológica y de la construcción. Tan meritorio fue este hallazgo, logrado en la privacidad de su grupo de conocidos, alejados de los focos de la comunidad científica, que Andre Geim ganaría el Nobel de Física (el de verdad) en 2010.

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