Qué es la cada vez más común dismorfia productiva y cómo puede afectarte gravemente en el trabajo

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¿Sientes que podrías ser más productivo en el trabajo, aunque tu jefe o tus compañeros parecen encantados con tu rendimiento? ¿Te has descubierto magnificando muchas veces algunos errores tontos que has cometido en un informe, en un email, en una reunión...? Además, ¿notas que esta preocupación te está entristeciendo? Quizás tengas dismorfia productiva.

Es posible que hayas oído hablar del trastorno dismórfico corporal. Según la Clínica Mayo, Se trata de un trastorno de salud mental en donde el paciente es incapaz de percibir su cuerpo correctamente. El efecto más común es convertir un pequeño defecto (algo de barriga) en un problema enorme (mucha barriga). 

Este trastorno pone a las personas en riesgo de obsesión, depresión y de padecer trastornos alimenticios.

Pues bien, desde hace ya un tiempo que se está hablando de un trastorno similar, pero relacionado con el trabajo: la dismorfia productiva. Según explica Inc, una de las primeras profesionales en hablar de este término fue Anna Codrea-Rado, autora especializada en el mundo del trabajo.

Codrea-Rado considera la dismorfia productiva "una encrucijada entre sentirse quemado, tener ansiedad y padecer síndrome del impostor". La propia autora se sentía inútil en el ámbito profesional, pese a que el feedback externo apuntaba a todo lo contrario, y por eso decidió investigar al respecto y acuñar este nuevo término.

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"Me he dado cuenta de que soy incapaz de ver mi propio éxito", explicó Codrea-Rado en Refinery29 a finales del año pasado. "Si me miro en el espejo de mi vida producida, no veo en el reflejo a una autora que ha publicado libros de éxito. Solo veo a una fracasada que comete muchos errores".

A modo de anécdota, esta experta en el mundo laboral se inspiró en la dismorfia monetaria, que a su vez es un fenómeno reciente acuñado por la periodista Mona Chalabi: es la sensación de que nunca tienes suficiente dinero (aunque lo tengas) y vives como si te faltase el dinero (cuando no es así).

Poco a poco, los profesionales de la salud mental han empezado a usar también este concepto. Es el caso de la vicedecana del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, Dolors Liria.

Liria explica para Rac1 que es difícil encontrar los orígenes de la dismorfia productiva. "Normalmente, este tipo de fenómenos responden a diferentes factores. Por ejemplo, pueden activarse debido a aspectos de la personalidad como baja autoestima, mucha autoexigencia... Pero a veces puede aparecer tras vivir un momento vital difícil".

Al igual que el trastorno dismórfico corporal, la dismorfia productiva, en grandes dosis, puede convertirse en un gran problema para tu salud mental. Si se convierte en un estado constante, puede desembocar ansiedad, estrés... y todo ello produce sufrimiento psicológico.

"Las personas que tienen estos sentimientos pueden acabar derivando en pensamientos que les llevan a una sintomatología similar a la del síndrome burn-out, es decir, estar quemado en el trabajo: falta de motivación, otorgar menos sentido a las cosas, apatía y menos ilusión por las cosas".

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A la larga, tus pensamientos se convierten en profecía autocumplida: empiezas poco a poco a rendir menos en el trabajo. Ello alimenta tu trastorno, lo fortalece y cada vez es más difícil romperlo.

Si crees tener dismorfia productiva, el portal LifeHacker ofrece 3 técnicas para mejorar tu humor en el trabajo.

Cómo superar la dismorfia productiva y ser más productivo

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Haz una lista de tareas y mantenla actualizada

Una gran solución para combatir esta apatía laboral es encontrar pruebas empíricas y objetivas de que cumples tus objetivos y que haces un buen trabajo. Y una forma muy visual y tangible de representar este avance es realizar una lista de tareas. No te preocupes si te sale algo muy largo. Lo importante es ir tachando tus progresos.

La lista Ta Dah, el sencillo sistema que te ayudará a reducir el estrés generado por las tareas pendientes

Al tachar o poner marquitas verdes, te estarás demostrando que cumples tu deber. Además, verás literalmente tus éxitos. Incluso si solo resuelves un ítem por día, es inevitable admitir que progresas, que no estás estancado. ¿Quizás no has hecho todo lo que esperabas? No pasa nada. Paso a paso terminarás la mega lista.

Acepta el feedback positivo

La próxima vez que tu jefe te diga que has hecho un buen trabajo, que un compi agradece tu ayuda, que un cliente comenta tu comprensión... realiza el ejercicio consciente de aceptar ese feedback positivo. No busques excusas ni tampoco proceses rápidamente el feedback con un "No ha sido nada". 

En el mundo del coaching, un ejercicio muy tonto, pero efectivo, que casi siempre se recomienda es mantener la boca semiabierta cuando recibas un cumplido. Luego, muy poco a poco, simula que tragas ese feedback y lo paladeas. Finalmente, di el "Gracias" más sincero que te salga. Pero no exageres mucho o los demás pensarán que te pasa algo raro.

Cómo ofrecer y recibir feedback para que sea efectivo

Si quieres mantener las pruebas objetivas de que eres un buen trabajador, captura todos los mensajes positivos que te lleguen por email, Slack... y guárdalos en una carpeta. Valen incluso comentarios de amigos ajenos a tu trabajo que notan que últimamente te esfuerzas mucho. Cuando tengas dudas sobre tu validez profesional, abre la carpeta y relee todos los comentarios chulos sobre ti.

Reformula tu idea de productividad

Es posible que la dismorfia productiva se genere debido a una concepción errónea y tóxica de la productividad. ¿Qué es para ti ser productivo? Si para ti es algo similar a: "Estar las 24 horas del día siendo útil, no cometer fallos y dar constantemente el 200 % de mi mismo", tarde o temprano acabarás quemado, desmotivado y seguramente estresado.

Productividad también es descansar. O aprender a bajar hoy el ritmo de trabajo porque te cuesta arrancar. O desconectar del curro al acabar la jornada y dedicar tiempo a tus amigos. O pasarlo tan bien el finde que llega el lunes volando, pero tienes las pilas cargadas. Es celebrar que has cometido un fallo, pero que lo has intentado.

Finalmente, la productividad es un proceso, un viaje, jamás un resultado. Si notas que tu autoconcepción depende de tus logros, ha llegado el momento de detenerse y buscar valores más universales y sanos. Por ejemplo: ayudar a tus compañeros cuando haga falta, desarrollar la creatividad para mejorar procesos... 

Si sigues estos pasos, puede que la dismorfia productiva regrese ocasionalmente para tratar de convencerte de que podrías hacer más, pero te resultará muy fácil hacer caso omiso de sus malos consejos.

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